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Opinión

Yo viví la racha de El Sadar

Los números históricos de Osasuna en casa están haciendo vibrar a una afición capaz de decantar partidos desde la grada

foto de Gorka Fiuza.

Gorka Fiuza.

Actualizada 07/10/2019 a las 18:58
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La gesta de Osasuna en su feudo será recordada con el paso de los años. De una forma o de otra el “yo viví la racha de El Sadar” reposará en la vitrina de cada rojillo. 29 partidos invicto (de momento) entre 2018 y 2019. No volveremos a ver algo parecido. La brutal estadística abarca ya más de año y medio sin conocer la derrota. El equipo de Jagoba Arrasate está a un partido de igualar el logro obtenido entre 1956 y 1958. Hará falta tiempo para valorar semejante hazaña.

 

Las cifras llenarán libros de historia. La racha acabará, pero el espíritu forjado en mil batallas permanecerá. En la victoria y la derrota. El ambiente se ha reavivado al calor del fútbol del cuadro de Arrasate. Porque detrás de lo numérico emerge el sabor inconfundible de la casa rojilla. El Sadar es la resistencia del fútbol moderno. En un contexto cada vez más aburguesado se levanta con orgullo el aficionado de Osasuna.

 

Ruido sin tregua, rock and roll para calentar, un rojo intenso en la grada y celebraciones sin comparación con aficionados del fondo sur que acaban en el césped. La imagen ya es parte del ecosistema. El seguidor se siente parte del éxito. También del fracaso. La grada siempre juega. Los rivales lo reconocen, los propios jugadores rojillos lo avalan. No es un tópico. Y ahora, en Primera División, la opinión pública a nivel nacional se ha rendido a la evidencia. Se reconoce la intensidad, habitual en la filosofía navarra, pero también el componente de calidad futbolística. Porque este Osasuna lo tiene.

 

Por todo esto El Sadar es más que un estadio. El aroma que desprende es único. La eclosión ha surgido gracias a un círculo perfecto. El periplo de Arrasate, que comenzó en el verano de 2018, tenía como objetivo recuperar la “conexión” con la grada. Venía el equipo de un año horrible en casa. Se había desnaturalizado.

 

Los futbolistas prendieron la mecha con un estilo vertical y atrevido. Era lo que se demandaba por parte de una masa social que necesita entre poco y nada para engancharse. Equipo y afición se alimentaron mutuamente. Fútbol 'made in Osasuna', ambiente que decanta partidos y buenos resultados. Y vuelta a empezar. La rueda empezó a girar. “No sé qué tiene El Sadar, pero nos sale todo”, se comentaba entre los protagonistas de un año memorable. Pues resulta que tiene magia. Que no se pierda nunca.

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