Saqueo a Osasuna
La noticia de la aparición de la caja fuerte en El Sadar ha trasladado fronteras y su repercusión refuerza la gravedad de la etapa más negra del club

Actualizado el 04/10/2019 a las 11:50
Se dice que una visión externa siempre completa la perspectiva mejor de las cosas. La noticia de la aparición de la caja fuerte oculta en El Sadar ha sorprendido también a bastantes más kilómetros del entorno rojillo. De sobra eran conocidas las malas prácticas por las que se regía el club en tiempos de Izco, Archanco y Vizcay, pero este hecho ha profundizado más si cabe en el dolor de pensar en qué manos estuvo Osasuna durante tantos años y el serio peligro que se corrió de desaparición.
Con sorpresa y hasta tintes cómicos, los principales medios nacionales se han hecho eco de la información que ha contado esta semana este periódico. También diarios argentinos, brasileños o portugueses. ¿Qué diablos hacía una caja de caudales escondida de esa forma? Las obras de la reforma la han destapado. 3.400 euros sobrevivieron en otra muestra más de que se produjo un saqueo al club. Esta repercusión refuerza la gravedad de los hechos.
Eran tiempos en los que el dinero en metálico circulaba alegremente en pagos, formaba parte de la vida de El Sadar. El descontrol era total como años después de supo. Dietas a directivos por reuniones, el uso personal de la tarjeta Visa del club, los despachos con el mobiliario de un negocio de un directivo, las acusaciones de amaños de partidos, pagos a empresas fantasma, gastos desorbitados de comidas y viajes... En definitiva, dinero a espuertas injustificado. Cualquier ingreso en billetes podía no ser apuntado. Pero claro, se supo lo que se supo. La aparición de la caja fuerte con dinero invita a pensar qué no conoce todavía el socio de Osasuna de lo que pasó por aquella etapa negra en la historia del club. No vale con decir que en el fútbol se funcionaba así.
A Izco, en ruedas de prensa plácidas, se le preguntaba en 2010 cómo iba a pagar la deuda con Hacienda, y respondía malhumorado: "¿Y tu empresa?". Y a Archanco, por qué no contemplaba el escenario de Segunda cuando presentó un plan de pagos al fisco en diciembre de 2012. "En Andalucía te echarían de la sala con esa pregunta", fue su réplica a este medio. Ése era Osasuna. El de las cajas fuertes ocultas. El que no dejó ni rastro cuando la Gestora entró en 2014, salvo ese pequeño olvido que se ha conocido ahora tras tirar un tabique. Eso que sepamos.
"Ha sido una anécdota pero tenemos que recordar de dónde venimos", señala con filosofía el actual vicepresidente Miguel Cuesta. "Nosotros ahora tenemos una forma de funcionar diferente". La gravedad de lo que pasó ha sido mitigada con el tiempo gracias a los dos ascensos deportivos y la austeridad del gasto (hay además una comisión de control económico externa) que han propiciado un saneamiento del club, ahora en fase de crecimiento aunque sin estadio ni instalaciones propias. Lo más importante de todo es que Osasuna se ha despojado de una imagen que sus aficionados y su historia no la merecieron.
Te puede interesar
