Entrevista
Roberto Torres: "Sentí que me retiraba al salir de Osasuna porque el fútbol pasa a ser un trabajo"
Del sueño cumplido de defender la camiseta roja a reinventarse lejos de casa. De la calidad innata al pico y pala silencioso. De la sencillez de Arre a la magia de El Sadar. 'Rober' repasa su carrera desde el prisma personal


Publicado el 14/05/2026 a las 05:00
Roberto Torres Morales (Arre, 37 años) camina por el campo de Igeldea cinco días después de haber anunciado que cuelga las botas. Es hora de echar la vista atrás en el lugar donde empezó todo. Es leyenda de Osasuna e ídolo de un pueblo, uno de los grandes talentos que ha dado Tajonar. 19 años del ‘Mago de Arre’ dan para mucho. El legado de Torres conduce a un mundo de fantasía. Pero también de trabajo duro, de haber pisado el barro y de muchas historias que ahora puede compartir. Por encima de los dos ascensos, dos descensos, 353 partidos y 60 goles, en esta conversación emerge ‘Rober’.


¿Qué siente después de la retirada?
Llevo una semana en Pamplona, hago lo mismo que cuando me fui a Orihuela, sigo entrenando porque quiero seguir activo. Creo que estoy aterrizando, estoy en esa nube de que no lo he asimilado. Me volverá a picar el gusanillo, seguro. El verano pasado me quería retirar y al final me entraron las ganas de jugar y este año no quería que me pasara lo mismo, por eso lo he hecho público tan rápido. Ahora sí que no hay vuelta de hoja.
¿Cuándo toma la decisión?
Quería retirarme yo y que no me retirase el fútbol. Estos meses en Orihuela he estado muy bien, es verdad que tuve unos problemillas en el cuádriceps, nada importante, pero no quería agravarlo. Quería estar bien físicamente al dejarlo para hacer los deportes que me apetezcan en cada momento. Lo venía barruntando estos meses, estando solo le das millones de vueltas. Tenía en la cabeza jugar el playoff, ascender y retirarme. Pensaba que era el broche perfecto. Si tenía que seguir iba a ser fuera y no quiero volver a separarme de mi gente, de mi mujer e hijos. El último partido en Orihuela vino familia y algún amigo. Ha sido muy bonito.
¿Cómo fue ese día?
Fue precioso. No lo cambio. El club sabía que lo dejaba, pero no quería que lo hicieran público para decirlo yo. Era un día para ganar, acabar bien en casa y se dio todo bien. Ganamos, di una asistencia, me cambiaron y me pudieron ovacionar. Mis compañeros me mantearon y dije unas palabras. Me emocioné mucho, he vivido unos meses buenísimos.
¿Qué siente al mirar atrás?
Siento que no ha sido fácil, que tuve que hacer más que el resto. No por nada, sino porque mis condiciones eran las que eran. En el Promesas recuerdo que ya había que estar a alto nivel y en el día libre seguía lo que me mandaba Asier los Arcos, el preparador de entonces. Siempre tuve que poner énfasis en lo físico para estar a la altura de los demás. Me siento orgulloso porque esas horas invertidas han merecido la pena. Le doy mucho valor.
¿Cómo cree que le van a recordar a Roberto Torres?
Siempre se ha dicho “qué bien le pega al balón este chico”, pero es que yo era mucho más que eso. Los entrenadores lo han visto. Era un jugador tácticamente bueno y sabía tapar los defectos que podían verse en lo físico para destacar las virtudes. La gente de mi entorno destaca la persona y me quedo con eso, lo que he podido aportar en el vestuario o mi manera de entrenar para contagiar al resto. Creo que siempre he sido buen compañero, que he mirado por el colectivo y he vivido momentos en los que me ha pesado mojarme más de la cuenta por salir a la palestra y querer jugar. No me gustaba esconderme, quería dar un paso al frente. Luego no rindes y la gente lo paga contigo. Siempre he intentado dar el cien por cien. Quiero que la gente se quede con que lo he dado todo y no me pueden achacar nada.
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Siempre ha tenido que reivindicarse por ser un perfil diferente en el juego que el canterano prototipo.
Sí. Muchas veces pensaba que haría públicos muy a gusto los datos físicos de los partidos porque existía ese tópico de que no corría. Mentira absoluta. Daba cifras muy buenas, sobre todo a alta intensidad, en contra de lo que algunos pudieran pensar. Por mi manera de juego o de moverme, que parece soy más lento, se extiende una creencia y luego es difícil desmentirlo. Me da pena porque igual alguien tenía un concepto sobre mí que para nada es real y por otro lado me importa poco. Sé de sobra lo que he hecho y que lo valoran los entrenadores, que son las figuras más importantes en ese momento.
Alguna vez comentó que por la forma de ser que proyecta es una especie de amor u odio con Roberto Torres.
Sí, sí. Me ha pasado encontrarme a gente que no me tragaba. Y yo les decía que cómo era posible que formen una opinión sobre mi persona por lo que ve cada 15 días en El Sadar. No tiene nada que ver. Yo intento hacer todo lo posible para que mi equipo gane. Sé que soy pesado, pero intento buscar el beneficio absoluto para mi equipo. Me da pena y me parece injusto. Igual te llegan esos comentarios estando de fiesta. Me ha tocado intercambiar pareceres y han cambiado de opinión tras conocerme. Estos días la gran mayoría de la gente que me conoce se queda con la persona y eso es lo que más me vale.
Vayamos a la fecha del debut en Málaga. Fue el primer paso.
Es verdad que me costó y lo fui medio asimilando. No me acuerdo casi del partido. Solo estar en el banquillo viendo a aquel Málaga de Joaquín, Isco, Cazorla… Pensaba que estaba dentro del videojuego. Estaba en una nube.
¿Cuándo asimila lo que está consiguiendo en Osasuna y que está cumpliendo un sueño? ¿Ha disfrutado?
Estos días le he dado vueltas a eso. Y puedo decir que no he disfrutado. Estos últimos meses lo estoy intentando y en Osasuna al final me costó muchísimo disfrutar. Tienes una presión terrible. Juegas en la elite. En el día a día sí puedes disfrutar porque tienes momentos distendidos, pero en el partido no. Hasta el día que ganas pasas momentos duros. Siempre he sido muy competitivo y me ha salido ser así, si no igual no hubiese jugado tantos partidos. Cuando yo me fui le recomendé a Unai García que disfrutara. De eso sí me arrepiento, de no haber disfrutado mis últimos momentos en Osasuna porque estaba en mi mente competir, dar ejemplo y hacer muchas cosas.
¿Momentos buenos? ¿Sobre todo los dos ascensos?
Pueden ser los mejores, sí. El primer ascenso fue muy bonito, di muy buen nivel, pero me acabó matando el pubis desde marzo. Lo pasé muy mal, jugaba porque Enrique quería y yo quería. Jugaba con un parche de anestesia e infiltrado. Y luego en verano paré y me fue mucho peor. Esos momentos duros me sirvieron. Me quedo con la temporada del ascenso de Jagoba porque dentro del campo nos sentíamos invencibles. Teníamos un equipazo y la confianza por las nubes. Ahí sí hubo días en El Sadar de disfrutar. Es que jugar en Osasuna es indescriptible. Ir cada día a Tajonar, aunque suene a tópico, es increíble. Es lo que más eché de menos.
¿Y cómo se valora eso siendo tan rutinario?
Yo siempre lo he valorado, pero quizá no tanto como debes. Cuando sales empiezas a ver lo que es fútbol de verdad. Vas a sitios como Irán donde, no lo voy a esconder, hay mucho dinero y todo tipo de lujos. Te hacen sentir una estrella porque vienes de la liga española, sigues en la burbuja. Luego cuando empiezas a niveles inferiores te das cuenta de que no todo es tan cómodo. Yendo a Tajonar es muy fácil estar motivado. Recuerdo beberme un café antes de los partidos cuando jugaba en Osasuna y con toda la adrenalina no dormir hasta las seis de la mañana. Y en Irán, que me lo tomaba igual de enserio, bebía cuatro cafés ese día y a las doce estaba dormido. Parece una tontería, pero dice a lo que tu cuerpo se expone o siente. Ponerte la camiseta de Osasuna es un privilegio.
En Osasuna ha defendido a su gente.
Que Osasuna gane le hace pasar la semana mucho mejor a la gente. Me acuerdo que cuando me fui pensaba que iba a seguir compitiendo y siendo profesional, pero pasó a ser mi trabajo. Sentí que me retiré cuando salí de Osasuna, sentía que ya iba a jugar por trabajo.
Pasaba a ser un profesional al uso.
Eso es. Cien por cien. Estando en Osasuna tienes una gran suerte, no hay más que ver el entorno favorable que hay. Eso es increíble. Hay muchos que me dicen que no han jugado en el equipo de su tierra. Soy un afortunado por eso. Osasuna es un club con menos capacidad para fichar buenos jugadores, aunque se ha mejorado. Hay desventaja en ese aspecto y necesitas en el vestuario gente que lo sienta, que lo viva mucho.
El núcleo duro de gente de casa es crucial.
El capitán aquí tiene que decirle al que llega que Osasuna es diferente. Sales a la calle y llevas el escudo puesto, la gente es fanática. Los niños, los mayores, la ‘abuelica’ que piensas que no sabe quién eres te conoce. Hemos tenido gente que ha sentido Osasuna como suyo. Fran Mérida vive en Pamplona, Aridane quiere venir a vivir, Xisco, Nacho Vidal… No me quiero dejar a nadie. Eso hace mucha falta aquí.
¿Los momentos malos?
El descenso en la 2013-14 trajo momentos muy duros. Recuerdo que en pretemporada no teníamos ropa, que poníamos dinero para comprar la fruta. Detalles que te hacían ver la cruda realidad. Lo que vives después tiene más mérito. Luego jugar más o menos son circunstancias puntuales, pero te das cuenta de que en el fondo eres un privilegiado.
Sabadell fue un punto de inflexión.
Ese día el osasunismo se volvió a unir. La afición estaba algo desenganchada por razones obvias, el equipo no rendía. Estuvimos al borde del abismo y la unión después con la gente fue impactante. Se hizo un clic. La temporada siguiente llegó el ascenso con Enrique. Luego volviste a bajar, pero creo que la inyección de ese año trajo los éxitos posteriores.
De su carrera emerge la bajada de sueldo que aceptó junto a Oier.
Para nosotros fue muy fácil. Estás en el equipo de tu tierra y lo sientes tuyo. Te sale de dentro y lo haces a la primera cuando te lo piden. Hubo dos veces en las que me baje el sueldo (dos años seguidos) y estoy orgulloso, pero no soy un héroe ni quiero ponerme medallas. Lo hice porque quise. Consideré que era bueno para el club. Lo ves a posteriori y hay gente que te dice que no lo tendrías que haber hecho. Allá cada cual. Me salió del corazón. ¿Podría haber ganado más dinero fuera de Osasuna y no me fui? Sí. Pero lo decidí así, quería jugar en Osasuna.
La salida de Osasuna fue amarga.
Ha pasado el tiempo y cada vez lo ves diferente. En el momento quieres jugar, ves que estás mejor que el que compite por tu puesto. Yo me encontraba muy bien. Considero que podía haber jugado más, sin ser titular indiscutible. Había jugadores de mucho nivel. Se dan situaciones en el fútbol por muchas razones, no es solo lo que haces en el campo sino muchas cosas que tienes que hacer. Si la mesa tiene cuatro patas, en tres lo haces muy bien y en otra igual no, y quizá sí hay otro que sujete las cuatro patas. No tengo ni idea. Me tocó irme y me dio pena. No es que no sea grato pero me hubiese gustado que fuera de otra manera. Pero yo decidí que era el momento oportuno.
¿Ha cambiado la percepción de su adiós?
Las causas no las sé, no me las han dicho. No sé si quiero saberlas. Lo que más tranquilo me deja es que me voy y Osasuna llega a la final de Copa, a la Conference, sigue en Primera… Nunca me he sentido tan importante como para pensar que si faltaba era una catástrofe, para nada. El hecho de que Osasuna haya ido genial me alegra tanto que no pienso en lo de aquellos últimos meses. No sentí ningún desprecio, Jagoba siempre se portó bien conmigo.
Un adiós dulce con tanta conexión es difícil.
Jagoba ya dijo algo así como que su momento más duro fue dejar de contar con Oier y conmigo. Sé que lo dice de verdad. Para mí también fue complicado entender ese otro rol, pasar de ser titular indiscutible a rápidamente no jugar. Yo me veía parecido y no entendía la situación. Estuve seis meses sin jugar de titular. Hace poco escuché a modo de crítica que el año antes de irme hice unas declaraciones en las que decía que no entendía la situación, que algo se me escapaba. Esa frase tiene todo el sentido. El último partido que jugué de titular lo hago bien y no vuelvo a jugar de titular hasta seis meses después. Difícil de entender sí que es. Es complicado pasar a un segundo plano y aceptarlo. Los futbolistas somos egoístas. Te pegas una semana preparándote para jugar. Pasan los años y da pena pero es que el fútbol profesional depende de muchas cosas.
¿No pidió una explicación?
En el inicio de los entrenamientos (temporada 2022-23) Braulio y Jagoba me llamaron al despacho y me agradecían lo que había hecho pero que iba a tener un rol más secundario. Me costó entenderlo si acababa de empezar la pretemporada. Soy como soy y agradecí la sinceridad e iba a ganarme el puesto. Intenté hacerles cambiar de opinión pero no tuve opción. También fueron honestos al decirme que era dueño de mi destino, lo agradezco. Al final no salí. Soy muy humilde y no me he sentido tan importante como para ir a preguntar por qué no juego. Ojo, hay que tener un ego muy alto. Me hubiera sentido mal. Igual una conversación habría ayudado para cambiar algo, no lo sé. No me salió. Y me arrepentí de no haberlo hecho, quizá podría haber cambiado mi situación.
¿Le queda la espina de no haber sido un ‘One Club Man’?
Sí. Los cinco equipos en los que he estado después de Osasuna han sido experiencias de vida, he conocido gente maravillosa. No lo cambio, a no ser que fuera por acabar mi carrera en Osasuna. Entonces sí, lo cambiaría cien por cien. Le dije a mi representante a ver si podríamos conseguir otro año de contrato en otro rol secundario para retirarme en Osasuna. Lo intentamos pero no vimos que pudiera llegar a ningún sitio. Luego he vivido cosas muy bonitas. Me hubiera encantado ser un ‘One Club Man’ porque no se ve y porque ese sentimiento hacia un club te enorgullece. Pero me lo pusieron fácil para irme porque uno quiere jugar.
Hay gente que puede no entender su final de carrera, desde Irán hasta Orihuela.
Me ha tocado escuchar muchas tonterías estos meses, jugando en el Nástic y en el Orihuela. ¿Pero me tengo que retirar cuando quiera la gente o cuando quiera yo? ¿Ojalá me hubiera retirado con 37 años en Osasuna? Ojalá. Pero se ha dado así. Cuando me fui a Irán sabía que volver a España era complicado. Ese verano anterior tuve otra opción de un equipo de Primera (Girona), pero la rechacé por seguir en Osasuna. Evidentemente no sabía que en pretemporada me iban a decir eso. Me fui a Irán y me fue muy bien esos seis meses y después regresé a otro equipo mejor con un contrato mejor. Después mi padre se puso enfermo, si no hubiese vuelto a Irán a un club mejor. Elegí bien, porque aunque no fuese aquí me iba muy bien. Cuando se solucionó lo de mi padre me moví a Andorra (Inter Escaldes), lo más cerca posible de Pamplona, por un tema fiscal, no voy a negar que fue así. Llamé yo para jugar.
Y después, a Tarragona.
Luego en navidades pude ir al Nástic o al Andorra. Fui a Tarragona y nos eliminaron en el último minuto de playoff y el Andorra subió a Segunda. Igual me hubiese retirado con el ascenso. La temporada pasada decidí retirarme, aunque tenía algunas opciones, y luego ya cuando decido jugar iba a irme a Irán, hasta que estalla una revuelta en enero. Todo se echó para atrás. Termino en Orihuela por eso y porque Miguel de las Cuevas me convence. Hicieron un esfuerzo para que fuera allí y me compensaba. Es muy sencillo. Quería seguir jugando siempre y cuando estuviera bien.
¿Qué entrenadores le han marcado?
De todos sacas algo bueno, incluso cuando piensas que todo es malo y ha sido un año negativo. Todos intentan ayudar al equipo, aunque tú en ese momento no lo veas porque eres egoísta y solo quieres jugar. Me quedo con Enrique porque he vivido momentos muy bonitos y porque hice coaching con él y en ese momento vino a Osasuna. Además con él di el salto del juvenil al Promesas. Me ha ayudado mucho y también me ha dado mucha caña. Y luego destaco a Jagoba. He vivido muchos momentos con él. Es una persona cojonuda. Es parecida a la figura de Mendilibar, pero me tocó en un año complicado en el que no jugaba. Le guardo un cariño tremendo, fue honesto conmigo. Me dijo que confiaba más en los veteranos, pero estaba contento conmigo. Jagoba ha marcado una época en Osasuna, junto a Bittor y Sergi. Gente que no se ve en el fútbol. Vivimos años maravillosos con un entrenador diferente, el día a día era increíble.
Desde la sencillez…
Sí. Desde la sencillez y la sinceridad todo funciona muy bien. Le estoy muy agradecido porque disfruté mucho. Ha sido un entrenador que me ha marcado, fueron los mejores años de mi carrera.
La corta era de Caparrós también fue dura.
A raíz de esto, recuerdo que en su momento decían que Oier y Roberto Torres habían echado a Caparrós. Alucinante. Hubo una reunión de 8 o 9 jugadores y nos preguntaron qué opinábamos de la situación. Habíamos perdido los siete partidos. Dimos nuestra opinión sincera para buscar lo mejor para el club. En mi vida diría que echen a un entrenador. Hay que ser mala gente para quitar el trabajo a alguien. Los resultados fueron malos y surgió así. Realmente me da igual pero en su día me hizo mucho daño.
¿Les llegan esos comentarios de la calle?
Ahora que ya se puede contar lo digo. Recuerdo que vino a mis oídos que yo ganaba un millón en mi primera temporada en el primer equipo. El que se crea esa barbaridad… Con el paso de los años me ha ido muy bien, sí. En aquel momento igual era de los tres que menos cobraba. Era lógico porque venía del Promesas. Da rabia que se inventen cosas. Cuando dicen mentiras no se pueden aceptar, pero en aquel momento tampoco podía decir nada, ahora sí. Tenía un contrato bajo, obviamente mucho más que la media de la sociedad, pero para nada esas cantidades.
Ahora que está en otra posición, ¿qué tentaciones ha recibido para salir estando en Osasuna? ¿El Athletic?
En el primer descenso (2014) el Athletic preguntó por mí e hizo una oferta económica a priori baja al club. Pero ni me lo planteaba. Cero por ciento de posibilidades. En mi vida me hubiera ido al Athletic, no por nada, sino porque no quiero traicionar a la afición de Osasuna. Y ojo, el que lo haga está en su derecho. No considero que porque lo haya hecho Areso hay que crucificarle, para nada, entiendo a Jesús totalmente. Jugué en un club convenido del Athletic como es el Txantrea 7 años, iba a los torneos, iba a entrenar y estuve a punto de fichar. No se me podría haber criticado porque lo viví de alguna manera. Yo iba a venir a vivir a Pamplona y no quería que la afición de Osasuna se sintiera molesta. Pero insisto en que considero que es totalmente lícito hacerlo. Otra razón es que había descendido con mi club y quería volver a Primera con Osasuna.
¿Más opciones?
Hubo un contacto con el Valencia, además del Girona, que acabó en Champions. Me hizo una oferta que económicamente era la mitad. Pero no me voy a ir de Osasuna, salvo que no me quedara otra, eso lo primero, y menos ganando la mitad. Quiero hacer las cosas bien. Los equipos te llaman pero tenía claro que quería seguir en Osasuna. Otra vez me llamó un equipo de Dubai, en Al Nassr, pero no me lo planteé porque no era habitual. Pagaban mucho dinero, incluso se podía plantear pagarle a Osasuna. Enseguida lo rechacé, pero viéndolo con perspectiva creo que hubiese sido una experiencia interesante.
En poco tiempo ha pasado de un vestuario de elite a otros muy modestos. ¿Cree que el fútbol se está desnaturalizando y alejándose de la gente?
Totalmente. Los futbolistas cada vez son más extraterrestres. No tienen cercanía con las personas de la calle porque no les dejan. Cuando conoces a la persona la gente valora al jugador, eso es bueno para todas las partes. Siento que debería de ser así. Hace bueno al club y al jugador, aunque no se quiera ver. Es muy fácil opinar desde las redes sociales y faltar al respeto, pasa una barbaridad, y parece que todo vale. Esto no es fútbol. Jagoba dijo que se había perdido el romanticismo y lo clavó. También fue en esa línea Camello, del Rayo. Esto no es lo que veía de pequeño en la tele, ahora importa más lo que rodea el partido que lo que pasa en el verde. Salir de esa burbuja me ha hecho ver lo que opinan otros jugadores, incluso de mí. Han humanizado al futbolista de elite, soy igual que ellos. Me ha venido bien para ver esa realidad y ayudarles. Este otro fútbol me ha hecho estar en vestuario con cero egos, he disfrutado muchísimo.
¿Alguien le ha dicho y usted qué hace aquí?
Sí. El primer partido que jugué fue en Cuenca, en hierba artificial, en un campo viejo. Recuerdo que jugué media hora, acababa de llegar. Uno de la grada me dijo: “Qué pena das, de jugar al Bernabéu a estar aquí”. Y estoy orgulloso de lo que he hecho, mi falta de ego me ha permitido estar aquí. En el fondo me da pena. En Fuenlabrada también topé con un energúmeno hasta que le contesté y se quedó paralizado porque no se lo esperaba. No podía permitir ciertos insultos. Puedes opinar del juego, pero pasar líneas rojas es otra cosa.
¿Cómo ve a este Osasuna desde fuera?
Es el año que más he seguido a Osasuna. No he pasado el duelo, me cuesta mucho ir a El Sadar, voy por mi hijo porque lo adora. Van pasando los años y voy cambiando de opinión. Ha habido muchos altibajos esta temporada. La Primera está igualada en todos los sentidos y es verdad que se pierde el norte muy rápido. A veces hay que ser realista. En los últimos tiempos se han hecho desembolsos de dinero para que el club coja más nivel, que ya lo han cogido. La plantilla va mejorando cada año.
¿Se ve en Osasuna en un futuro?
No tengo ni idea. Primero me gustaría alejarme de todo, del fútbol, de los focos. Es como que cuando estás en los ojos de todo el mundo no eres tú. Quiero que pase el tiempo y, en todo caso, ver si puedo aportar. No me gustaría entrar en Osasuna solo por mi nombre. Hay gente que sabe mucho de fútbol.
Para acabar. ¿Y ahora qué?
No sé si terminaré de sacarme el carnet de entrenador. Tengo otros alicientes. Me he apuntado a un Hyrox (running y ejercicios) en octubre en Valencia, dentro de un mes corro La Media San Fermín, la carrera de 10 kilómetros. Pero algún día me gustaría hacer una maratón. Además estoy dando clases de pádel con Fran Mérida y hago cosas que no he podido nunca: llevar a mi hijo (Mateo) a entrenar, a mi hija (Claudia) con sus amigos, ir con ellos al cole, recogerlos… Ir con mi mujer (Sara) a comer juntos, ayudarle en el negocio que hemos montado un estudio con varias salas que puedes alquilar para hacer pilates, yoga, masajes, campamentos… Estamos ocupados. No descarto sacarme el título de instructor de pilates, puede ser una opción. Tengo poco tiempo para aburrirme