Revulsivo

El efecto Barja no fue suficiente

El extremo, que firmó un centro cada dos minutos, volvió a jugar 43 días después

Kike Barja
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Kike Barja y Tárrega hablan con el árbitro durante la revisión de un posible penalti por manoEFE
Kike Barja

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Gorka Fiuza

Publicado el 02/03/2026 a las 05:00

La pobre imagen de Osasuna, endeble atrás y sin colmillo arriba, tuvo un destello mínimo de luz cuando Kike Barja saltó al terreno de juego. El extremo, últimamente en el ostracismo, volvió a tener presencia en el equipo 43 días después. Tras cinco partidos en el banquillo, sin oportunidades, hizo lo que debía: encarar y sacar centros. Pero eso ya era mucho, visto lo visto, lo que evidencia la mala imagen del equipo de Lisci. Dentro de un partido muy gris, su energía agitó el juego en la recta final.

Con el Valencia conservando la ventaja, Lisci juntó a Raúl y Budimir arriba, e intentó multiplicar el número de centros a la desesperada en busca del empate. Barja entró por Raúl Moro. El equipo lo intentó con más corazón que cabeza, con más ganas que fútbol, en un contexto sin Aimar Oroz, pieza clave para abrir líneas de pase.

Quedaba tirar de épica. Kike Barja tuvo 17 minutos que exprimió en cada aparición. No era para menos, ya que no aparecía sobre el césped desde el 17 de enero, cuando entró en El Sadar ante el Oviedo.

ENERGÍA EN LA BANDA

Se situó en la banda izquierda para encarar a Thierry y sacar centros, su especialidad. Los compañeros no dejaban de buscarle, el plan era claro. Su primer destello fue impecable, petróleo para un Osasuna que apenas había llamado a la puerta de Dimitrievski. Sus acciones forzaron dos córners de la nada.

Después logró sacar 8 centros (casi el 30% del total en un cuarto de hora), de los cuales 3 acabaron encontrando rematador. En la estadística también figura una oportunidad creada, además de dos regates, una entrada, una recuperación y dos duelos ganados de tres disputas. Para el escaso saldo de Osasuna, muy destacable.

Kike Barja volverá a esperar su oportunidad el próximo sábado, cuando en los últimos tiempo la apuesta de Lisci desde el banquillo para la banda habían sido Moro y Bretones, a pierna cambiada, pero con resultados de empate o victoria.

FUTURO ABIERTO

El de Noáin vive una situación singular, ya que termina contrato en junio y su futuro está abierto, sin que las partes hayan abordado una posible renovación. Este domingo, con el brazalete, salió muy conectado avalando el buen nivel al que está entrenando. No sirvió para sacar a Osasuna de su bloque en Mestalla.

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