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Por lo civil, por lo criminal o por lo croata

No ganar al colista hubiese presentado un panorama al que no estamos acostumbrados en los últimos tiempos

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Fran Pérez

Actualizado el 17/01/2026 a las 21:11

Estaba siendo un partido más bien discreto de Ante Budimir, en la línea de toda la temporada en cuya primera vuelta había marcado seis goles, muy lejos de unos números que difícilmente vamos a volver a saborear en estos lares, cuando el croata sacó su orgullo y, con un gol anulado en su haber, marcó el bueno, el del primer empate. Y ahí empezaba una historia que podía haber sido de final feliz, de final neutro o de final dramático para este Osasuna que nos lleva un año de montaña rusa.

Venía el colista a Pamplona y el objetivo era claro: ganar sí o sí. Ganar, ganar y ganar, que decía el bueno de Luis Aragonés. Sacar tres puntos, sumar la victoria, vencer, imponerse al rival. Y de colista parecía lo que yo te diga. Este Oviedo nos puso al límite, nos tensó, nos llevó a las cuerdas, al rincón, nos intentó noquear y tumbar, echar a la lona para seguir con vida. Y estuvo en un tris de lograrlo.

Lisci se ha dejado de probaturas con tres centrales y apuesta por el clásico 4-4-2 con pequeñas modificaciones. Al final, si algo no funciona, se cambia. Y si funciona, no se toca. Y este sistema de defensa par parece darle más rédito, a la vez que puntos. Pese al varapalo de la Copa, el once titular era el esperado con la duda de saber si la ausencia de Boyomo era porque realmente confía más en Herrando o porque el camerunés anda tocado. Cosa rara, ya que desde el club se vendió que había vuelto de la Copa de África, donde tuvo una participación casi testimonial, en perfecto estado.

El caso es que para los dos primeros minutos el Oviedo había gozado de dos ocasiones. Osasuna salía como el flan que acompaña al helado de stracciatella, temblando y con unas dudas que comenzaron a disiparse con el control del balón. Las avanzadas rojillas comenzaron a llegar con cabalgadas de Rosier por la diestra y Galán por la zurda, pero no encontraban remate claro que incomodara a Escandell. Osasuna se hartaba de ganar la línea de fondo y metía pases de esos que llaman de la muerte, aunque en nuestro caso sea muerte de risa ante la ausencia de rematadores.

Llegó el primero de los visitantes, los carbayones se adelantaban con un gol de córner de Fede Viñas en una jugada en corto, colgada y cabezazo a la malla. Impensable con los centrales que tenemos, pero a Catena se le escapa el rematador y esos segundos de ventaja ya te condenan, a la par que te retratan. Si había que ganar, la cosa se ponía de aquella manera.

Empató Budimir tras un centro de Rubén García, pero se anuló el gol del balcánico porque tocó con el brazo. Además lo hizo claramente en una jugada en la que no nos explicamos cómo no remató con la cabeza, pese a que Ante pidiera un penalti por empujón. ¿Penalti? Ya llevas unos años aquí para saber que no nos regalan ni el azúcar con el café, Budi. 

El caso es que Budimir es croata, y esas cosas las guarda. Como la calidad en el remate, de cabeza o con el pie. Y a la siguiente no perdonó. Una banana perfecta de Galán y ese ganarse el espacio como sólo sabe él para cabecear a gol, donde no llega nadie. Cómo le vamos a echar de menos, cómo vamos a añorar sus goles, su juego, cuando baje la persiana de esa carrera que empezó hace siete años en España, en el Mallorca, precisamente contra Osasuna y que sigue a día de hoy engordando cifras.

Empate y al vestuario. Lo bueno, la reacción temprana tras el gol en contra. Lo peor, los nervios, la falta de puntería, los sufrimientos atrás, el agobio al que te somete un equipo que cierra la tabla de la clasificación y, lo que preocupa más, la desaparición de jugadores que hace cuatro partidos marcaban la diferencia y ahora parece que se les ha encogido el pie.

El segundo tiempo fue calcado al primero. Pilló la manija Osasuna, pero el Oviedo amenazaba con las salidas o aprovechando regalos en forma de pérdida en el centro del campo, como Torró un par de ocasiones, o en salida, como Sergio Herrera en otra jugada. Y en el extremo opuesto no se conseguía batir a Escandell pese a achuchar como hay que hacerlo cuando se juega en casa. Pero no se movía el marcador y pasaban los minutos.

Llegó el minuto 68 y, como en Anoeta, el Oviedo volvió a adelantarse. Que si hay mano o si no, Reina aprovechaba un balón muerto y fusilaba a Herrera. ¿Bajón físico? Osasuna sufría mucho ante un rival que para nada hacía gala de su puesto en la tabla. Torró fallaba un cabezazo franco, Budimir cabeceaba al larguero, parecía que la cosa iba a terminar en drama y lágrimas pero volvió a aparecer Budimir. Falta desde la izquierda, el Joker la pone larga, Boyomo cabecea al cogollo y Ante sacó el revólver como sólo él sabe. A al cazuela, 80 chicharros con la elástica rojilla.

Con empate hubo polémica, mano de Boyomo que no se pitó penalti pero con la misma podían haber ido a los once metros. Habría que haber visto si el penalti entraba o no, si lo marcaban o lo paraba Herrera, pero no se dio la opción. Y ahí Osasuna se creyó que podía ganar el encuentro, los jugadores vieron que se podía vencer por lo civil, por lo criminal o por lo balcánico. Y se ganó.

En una de esas jugadas que parece que no, al final fue sí. Cuero suelto en la frontal, Iker Muñoz dispara y Escandel va hacia el balón. Pero la pelotita, caprichosa, pega en un rival y le queda franca a Víctor Muñoz. El derechazo del pelirrojo entra e incendia un Sadar que estaba casi tocando el cielo con las manos. Pero había que cerrarlo...

Y Catena le puso pimienta con una roja justa, sale con ese 48 de pie y hace una falta uclara en la frontal. QUe claro, la de Ilyas en la primer aparte es amarilla, pero la nuestra no. Herrando y Boyomo para la siguiente jornada, el madrileño a la caseta, la  falta termina en nada y el pitolari prolonga la agonía hasta el minuto 99. No, no era la Copa ni la prórroga, ni una final de ninguna competición europea o mundial. Era la jornada 20 de LaLiga, la primera de la segunda vuelta, la visita del colista y había que ganar. Y se ganó. 22 puntos, los dos patitos, que pase el siguiente, viajamos a Vallecas...

¡Hasta la muerte, Forofillo hasta la muerte!

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