Bodas de oro
50 años de un ascenso histórico de Osasuna
Once jugadores de la época rememoran en El Sadar aquella temporada 74-75 en Tercera División


Publicado el 17/06/2025 a las 05:00
No hubo celebración en la Plaza del Castillo, ni rúa por las calles de Pamplona, pero el ascenso de Osasuna a Segunda en la temporada 1974-1975 sirve para poner en valor la situación actual de la entidad. Un hito en la centenaria historia del club que recordaron este lunes sobre el césped de El Sadar once de sus protagonistas. Ese terreno que pisaban embarrado es hoy una alfombra que no se puede tocar. Ese acceso de hormigón por una puerta metálica es hoy un amplio y luminoso hall que desemboca en un acogedor túnel de vestuarios. Ese Sadarcillo es hoy el Navarra Arena. Es el momento de escuchar a este grupo histórico de osasunistas de pro que conserva la amistad medio siglo después.
Juan Jesús Ostívar: “Había que ascender; no había dinero”
Juan Jesús Ostívar (Peralta, 1950) es sin duda uno de los jugadores más emblemáticos de la historia de Osasuna. Se forjó un nombre a base de goles durante las diez temporadas que jugó entre Tercera División y Segunda. De hecho firmó un doblete en el partido del ascenso contra el Carabanchel. “Era un momento donde había que subir sí o sí. No haberlo hecho era condenar al grupo porque no había dinero y no había opciones de fichar. A partir de entonces creo que el club fue más estable, ha tenido más seriedad en las contrataciones y en los pagos”.
El ariete peraltés, que ahora tiene 75 años, incide en la situación económica del equipo mientras observa una de las porterías de El Sadar: “Éramos un equipo ascensor porque no teníamos dinero. Subíamos de categoría, pero no se podía fichar mucho. Si necesitabas a doce jugadores, solo podían traer a seis. Y se notaba. El problema vino arrastrado por el campo de San Juan. Vinimos aquí y había que pagar el campo. Con el paso de los años hubo más seriedad. Ahora es algo obligado porque hay muchos millones de por medio. Se fue saliendo de las deudas y me alegra mucho. Espero que siga así”.
El navarro reconoce que no hubo una celebración excesiva al lograr el ascenso: “Antes no se estilaba esto. Ahora hay muchas visitas institucionales y así. Nos pusimos contentos por devolver al equipo a Segunda, pero ya está”. Ostívar recordó unas fotografías recientes que se hizo con sus nietos en El Sadar: “Es una maravilla de estadio”.
Miguel Ángel Marín: “Me fui al Alavés para que cobraran”
Escuchando de cerca a Ostívar se encontraba Miguel Ángel Marín (Pamplona, 1952). La frágil tesorería de la entidad foral precipitó su marcha a Vitoria: “Me traspasaron al Alavés para que cobrase toda la plantilla porque no había un duro. La situación ha cambiado mucho y el estadio, también. Jugar aquí tiene que ser gloria bendita. Acostumbrados a lo nuestro no tiene nada que ver. Incluso el tipo de fútbol. Ahora ya no se ven pelotazos de los defensas. Juegan hacia atrás. Yo me pongo enfermo de verlo”, bromea el protagonista.
A sus 73 años, el delantero pamplonés reconoce que era la primera vez que pisaba el terreno de juego del renovado estadio: “No había estado nunca tan abajo. Ha cambiado mucho. Antes no había el dinero que hay ahora. Barro sí que había, ahora ni se ve. Recuerdo que marqué el gol del ascenso. El 3-2. Nos alegramos por subir de categoría, pero no hubo ninguna fiesta del otro mundo”.
Marín echa la vista atrás con cierta melancolía: “Anécdotas tenemos un montón. Era otra clase de fútbol, de la casa. Éramos amigos. Ahora está todo mucho más profesionalizado. Hasta la alimentación. Antes no te decían nada. Te comías un chuletón y no pasaba nada... Igual te daba hasta más energía”.
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Julio Santamaría: “La directiva me dijo: tú vas a ser el capitán”
“Había unas parcelas en la entrada. Tenías que ir casi hasta donde está ahora el córner para subir y dejar el coche cerca. Recuerdo que estuvimos aquí para el aniversario del campo. Ha cambiado mucho”, reconoce Julio Santamaría Izquierdo (Pamplona, 1944).
El pamplonés, que en noviembre cumplirá 81 años, fue el capitán del ascenso: “Estuve bastantes años con el brazalete, aunque no era un rol que me gustaba. Queremos que seas tú el capitán me dijo la junta directiva: ‘De todos los que estamos aquí es el que mejor puedes hablar con el colegiado’. No era exaltado, sino una persona tranquila. Los árbitros me respetaban porque, entre otras cosas, a mis compañeros les decía durante el partido que no protestaran, que no perdieran el tiempo en eso”.
Eduardo Berriozábal: “Jugué todos los minutos del año”
Sin duda, un fijo en las alineaciones era Eduardo Berriozábal Solavarrieta (Eibar, 1949): “No me acuerdo muy bien, pero estoy seguro de que el partido contra el Carabanchel lo jugué. Disputé todos los minutos de toda la temporada. No me perdí ninguno ni por lesión, ni por un resfriado o tarjetas”.
El defensor de 76 años reconoce la inestabilidad de Osasuna esos años: “Era un equipo ascensor. De hecho subimos y bajamos al año siguiente. Yo ya después me fui. Hacía mucho tiempo que no había venido a El Sadar y está como para llorar de pena porque ves la evidencia del paso de los años. El campo está precioso y, obviamente, la situación de estabilidad que hay ahora con el equipo en Primera División”.
Berriozábal fue uno de los protagonistas de aquel ascenso que más disfrutó de la visita al coliseo rojillo: “¡Esto está mundial! Me alegro mucho de ver a mis compañeros de antes. Ahora podemos comentar cualquier cosa a modo de broma, ya no nos afecta como antes”.
Félix Erice: “Salía magullado del Sadarcillo al tirarme al suelo”
Para Félix Ignacio Erice Aristu (Pamplona, 1952) es más común ver a algunos de sus antiguos compañeros por una sencilla razón: “Me junto bastante con Ubani, Marín o Berriozábal porque vivimos en la calle Iñigo Arista. También vivía ahí el difunto Iparraguirre, que era el portero que jugó en el año del ascenso”.
Su condición de guardameta hizo que su piel quedara grabada muchas veces en las sesiones de entrenamiento: “Íbamos al Sadarcillo y acababas magullado por tirarte al suelo. Yo estuvo la temporada del ascenso y la anterior. No llegué a jugar en Segunda División. Todo ha cambiado alrededor del fútbol: la alimentación y el tipo de fútbol. Se necesita técnica, pero también mucho físico”.
Chus Luengo: “Saltaron al campo chavales a celebrarlo”
La memoria privilegiada de Jesús María Chus Luengo Latorre (Albacete, 1951) hace que sea una fuente inagotable de datos medio siglo después: “Fue un ascenso bastante fácil, aunque estaba el Logroñés y el Getafe. Solo podía subir el campeón y lo hicimos a falta de tres jornadas después de ganar por 3-2 al Carabanchel. Había una rivalidad fuerte aquellos años”.
El centrocampista de 73 años recuerda la normalidad que supuso el ascenso de categoría: “Saltaron al campo unos 100 chavales, pero no hubo nada institucional. Ni tampoco por parte del club. Tengo una grabación junto a Sánchez Rubio que se nos ve saliendo del campo por una puerta de metal. Me monto en mi 127 con dos de la pensión, porque antes no había hoteles ni casas particulares como ahora, y me voy”.


El manchego, periodista de profesión tras colgar las botas, recuerda una anécdota en Segunda División: “Descendimos de categoría en el último partido. Nos multó Fermín Ezcurra después de perder un partido contra el Nàstic de Tarragona por bajo rendimiento. Nos quitaron el 5% de la ficha de todo el año. A mí me descontaron también las tarjetas amarillas. Era jugador del Real Madrid y estaba cedido en Osasuna. No dijeron absolutamente nada”.
José Manuel Ubani: “Me llegaba para invitar a los amigos”
José Manuel Ubani Iribarren (Cáseda, 1954) recordaba que fue una temporada “ilusionante” porque en pleno curso le subieron del Promesas. “Tenía 20 años. Había muchos navarros. Me recibieron muy bien. Era una época complicada porque no había resultados. Estábamos en Tercera y recibíamos muchas críticas. Nos hizo mucha ilusión a todos subir, pero al año siguiente bajamos. Es bonito reencontrarnos, aunque algunos ya nos vemos con los veteranos o porque vivimos en Iturrama muchos”.
Fermín Ezcurra era el presidente. “Me tuve que hacer la ficha solo. Mi padre no entendía de fútbol nada. Yo soy de Cáseda. Estaba estudiando aquí Magisterio. Estuve delante de Ezcurra hablando del dinero que me iban a pagar. Me pagaban la patrona y una mensualidad que ni me acuerdo. Me sentía un privilegiado porque tenía para invitar a los amigos y fardar un montón”.
Ubani recordaba el “impresionante frío” que pasaban en el vestuario. “Ahora está todo forrado y de colorines”.
José Manuel Echeverría: “El ambiente era muy distendido”
José Manuel Echeverría Salaverría (Goizueta, 1952) ya coleccionaba partidos con Osasuna hasta lograr un récord que solo al cabo del tiempo le pudo batir Puñal. Es el único que ha jugado en todas las categorías y en Europa. Luego fue segundo entrenador y gerente.
“Me acuerdo que fue un paseo, perdimos muy pocos partidos. Era una época que de Madrid había un montón de equipos. Era un ambiente muy distendido. Como ganábamos mucho, salíamos. La afición siempre estaba con el equipo. Y tocaban desplazamientos cercanos, como Calahorra. Nos dedicábamos al fútbol aunque algunos estudiábamos, como yo Magisterio, aunque sin presión. Iba a clase a las ocho, a las nueve y media me venían a buscar, y volvía otra vez a clase. Yo aquella temporada era de los jóvenes, pero jugaba regularmente”, repasaba.
El trabajo era exigente. “Entrábamos en el Sadarcillo. La pretemporada era en el plan sur, donde está la universidad. Había un montecillo y a hacer cuestas, También íbamos a la zona de la otra universidad. Con Pepe Alzate más tarde ya comenzamos a ir a la Vuelta del Castillo”.
Paco Gabari: “Los que venían eran buenos aficionados”
Paco Gabari Aramendía (Olite, 1953) tiene “recuerdos bonitos”. “Estuve antes con el juvenil y con el Promesas. Cuando te tocaba un año así con el ascenso, todo era gloria. Era más difícil que la gente bajara a vernos. No venían el Real Madrid o el Barcelona. Los que venían eran buenos aficionados de Osasuna”.
Eran otros tiempos. “En el invierno, medio campo estaba helado. Se llenaba de barro. Ahora, hasta en los banquillos da gusto estar sentado. ¿Los viajes? Íbamos a Andalucía en autobús y no eran carreteras como las de ahora. Salíamos el viernes y volvíamos el martes. Teníamos un ambiente distinto al de ahora. De 23 éramos 20 de Navarra. Y seguimos en contacto. Ibas por San Nicolás por ejemplo y eras uno más. No es como ahora que se esconden para que no les vean. Echábamos la partida en Las Vegas y luego al Sevilla. Estábamos con la gente de la calle. Éramos profesionales, pero al terminar aquella época todos tuvimos que trabajar. Se ganaba dos o tres veces lo de un trabajador normal y hacías lo que te gustaba, pero luego había que buscar un trabajo. Era un privilegio ser de Osasuna”.
Javier Vicuña: “Me dieron el premio al menos goleado”
Javier Vicuña Urtasun (Añorbe, 1955) era el más joven de la plantilla. “Recuerdo de hacer esa temporada siete viajes a Madrid, campos de tierra y que subimos relativamente fácil. Me dieron el premio al portero menos goleado. Es una pena porque aquellos años andábamos subiendo y bajando de categoría”, apunta el que luego fuera portero en Segunda y en Primera, y más tarde entrenador de porteros.
“En la parte central de El Sadar no había más que tierra, hierba había por las esquinas porque por ahí se atacaba poco. Y en la portería tengo el recuerdo del barrizal. En invierno, esto se helaba. Entrenábamos a la mañana y yo a la noche estudiaba en Salesianos delineante. Eras profesional pero sin perder de vista de dónde venías y a dónde ibas a ir. Como siempre digo, luego había que ir a la carnicería a coger número como los demás. Era una época en las que estábamos mucha gente de casa. Por eso seguimos manteniendo la relación”.
Ángel Lizoain: “Somos amigos desde que éramos jóvenes”
Ángel Lizoain Vidondo (Zubiri, 1953) era rojillo en aquellos tiempos aunque esa campaña se fue a Melilla a hacer la mili. “Donde ves que estamos ahora era un campo. Aquí entrenaba yo para pasar al Promesas del juvenil. Poníamos dos montones de ropa. Esta ladera que hay aquí la subíamos y la bajábamos. Esto era de hierba y alrededor las fábricas al lado del río Sadar. Éramos una familia. Desde jóvenes éramos amigos y lo seguimos siendo. Habíamos jugado en el Promesas donde estaba de entrenador Miguel Blanco, que para mí ha sido uno de los mejores. Recuerdo aquellos dos ascensos de Tercera. Parece mentira que metiéramos tanta gente jugando en aquella categoría. Era una maravilla jugar en El Sadar”.