Tribuna

Abderramán III no habría sido de Osasuna

Varios años sin las angustias y emociones del riesgo de descenso nos han hecho perder un poco el sentido de nuestra realidad

Buen ambiente en la plantilla de Osasuna durante la sesión de ayer
AmpliarAmpliar
Buen ambiente en la plantilla de Osasuna durante la sesión
Buen ambiente en la plantilla de Osasuna durante la sesión de ayer

CerrarCerrar

José Francisco Alenza García

Publicado el 08/06/2025 a las 05:00

Abderramán III fue el primer califa de Al-Ándalus y el más poderoso soberano de su tiempo. En su refinada corte convivían los científicos más avanzados, los músicos más virtuosos y los poetas más emotivos. Físicamente atractivo, atesoraba grandes virtudes morales, pues era amable, prudente y generoso. Pero no fue un hombre feliz. Al final de su vida confesó que los días de pura y auténtica felicidad habían sido apenas catorce. El gran califa cordobés no habría sido de Osasuna. Si no supo disfrutar de su privilegiado estatus, mucho menos lo habría hecho como osasunista. Los aficionados rojillos conocemos nuestras limitaciones y estamos forjados en las dificultades, en el tedio y en las derrotas. Por eso sabemos exprimir al máximo los esporádicos momentos de felicidad que nos regala el equipo.

En esta temporada, sin embargo, algo de la insatisfacción y melancolía de aquel califa parece habernos contagiado. La temporada ha sido de notable alto, rozando el sobresaliente. En el Sadar se ha hecho un temporadón. Los grandes lo han vuelto a pasar mal en el Sadar. Empate con un Real Madrid lanzado a la caza del Barça; victoria ante el Atlético del “aspavientos” Simeone; y gran exhibición —en el mejor partido del año— ante el Barça de Flick, campeón de Liga y de Copa. Hemos celebrado el récord goleador de Budimir, las virguerías del Bryan inicial, la progresión del mago de Oroz, la resurrección de Rubén García, la descomunal potencia de Monca, las locas paradas de Sergio Herrera y el compromiso del resto del equipo. Se ha logrado una de las mejores clasificaciones históricas como locales. 

Como visitantes, la frustración ha sido la tónica. Muchos buenos partidos terminaron con malos resultados. Las decepciones generaron dudas y miedos que atenazaron al equipo y lastraron las ilusiones de la afición. La decepción por el inesperado empate en Vitoria —tan inesperado como la agresividad de un Alavés empeñado en finiquitar los lazos de complicidad que nos unían — no debe tapar que en toda la temporada se han metido más goles y se han perdido menos partidos que con Jagoba Arrasate.

El sobresaliente se hubiera alcanzado con la clasificación a Europa. Se equivocaron los que exigían llegar a Europa en la primera temporada de Vicente Moreno. Se han olvidado de que en 124 años de historia, solo se ha conseguido en 5 ocasiones. Convertir lo excepcional en lo cotidiano es un error.

Lo más negativo de esta temporada ha sido el pernicioso efecto de eso que en Barcelona llaman “el entorno”. Ha sido la primera vez que hemos padecido un entorno tan tóxico. Era evidente que la exigua oposición a la Junta directiva no iba a perder la oportunidad de patear su reputación en el trasero de Vicente. Hubo también medios que exacerbaron las críticas en cuanto se torcieron los resultados. Se llegó a pronosticar, con pésima profesionalidad y ética, el cese del entrenador y la contratación de Iñigo Pérez. A todo ello se han sumado los lamentos de los vinagres, las amarguras de los cenizos y las perogrulladas del cuñadismo balompédico amplificadas por las redes sociales.

Aunque la mayoría silenciosa ha estado con el equipo y con el entrenador, son apreciables ciertos síntomas de aburguesamiento en la afición. Osasuna está más acostumbrado a jugar en el alambre, al vértigo del profundo abismo y a las hazañas de supervivencia. Varios años sin las angustias y emociones del riesgo de descenso nos han hecho perder un poco el sentido de nuestra realidad. Con cierto menosprecio de los rivales y una autoestima exagerada, pensamos que somos mucho mejores de lo que somos. No caigamos en el síndrome del chihuahua -la raza que más muere en peleas con otros perros por no ser consciente de su tamaño- y pensemos que formamos parte de la aristocracia del fútbol español y que nuestro lugar natural es la UEFA. Ya sabemos lo que pasa cuando nos confiamos…

Jagoba decía que Osasuna es un equipo que debe tolerar los errores. Esta temporada no se han tolerado y las malas vibraciones se han transmitido al equipo. Todo lo que no suma, resta. Ese entorno amargado ha repercutido negativamente en el equipo. Y recordemos que solo un punto (un empate, como esos tan minusvalorados) nos habría metido en Europa.

Espero que Braulio vuelva a acertar con el entrenador del año que viene. Que no olvidemos que somos el decimotercer equipo en presupuestos y en la clasificación histórica de la liga. Que los chihuahuas, vinagres y abderramanes que han enturbiado el ambiente desaparezcan. Y que volvamos a tolerar errores, a enorgullecernos por estar en Primera y a gozar de las ocasionales alegrías que nos brinde el equipo.

Abderramán III lo tenía todo y en 50 años de fastuoso reinado solo fue feliz 14 días. 

En Osasuna tenemos menos poderío y debemos deleitarnos con las pequeñas cosas del día a día, con nuestros innegociables valores y con la ilusión de lograr éxitos con el honorable esfuerzo. El califa terminaba la carta en la que confesaba sus escasos días de felicidad con la siguiente advertencia: “Hombre, no cifres tus anhelos en el mundo terreno”. Osasunista, no cifres tus anhelos en Europa. Disfrutemos de competir en Primera.

Continuar

Gracias por elegir Diario de Navarra

Parece que en el navegador.

Con el fin de fomentar un periodismo de calidad e independiente, para poder seguir disfrutando del mejor contenido y asegurar que la página funciona correctamente.

Si quieres ver reducido el impacto de la publicidad puedes suscribirte a la edición digital con acceso a todas las ventajas exclusivas de los suscriptores.

Suscríbete ahora