Alavés-Osasuna

Tristeza en los bares de Pamplona tras el partido

Cientos de rojillos acompañaron a su equipo en el Casco Viejo de Pamplona

Un grupo de aficionados rojillos lamenta una de las ocasiones erradas por el conjunto dirigido por Vicente Moreno
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Un grupo de aficionados rojillos lamenta una de las ocasiones erradas por el conjunto dirigido por Vicente Moreno
Un grupo de aficionados rojillos lamenta una de las ocasiones erradas por el conjunto dirigido por Vicente Moreno

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Mario Medina

Actualizado el 25/05/2025 a las 09:11

Pamplona se vistió de rojo para llevar en volandas a su equipo aunque no pudo ser. La tarde en el Casco Viejo de Pamplona contó con una curiosa mezcla de despedidas de soltera y aficionados rojillos, en su mayoría muy jóvenes ataviados con las camisetas de Osasuna. Sin embargo, contra todo pronóstico, hubo menos aficionados rojillos de los que se esperaba. Estos se concentraron en bares emblemáticos de la capital pamplonesa como el Don Hilarión o el Ulzama.

Desde el primer minuto se vivió con especial tensión el encuentro. Osasuna gozó de alguna oportunidad clara, sobre todo por medio de Budimir, pero Antonio Sivera, MVP del encuentro, frustraba las esperanzas de la parroquia rojilla. Sin embargo, la suerte parecía ponerse del lado rojillo. Borja Mayoral adelantaba al Getafe. El bar Ulzama explotó con el gol de los azulones, pero el mazazo llegó 14 minutos después con el gol de Borja Iglesias.

Fotos de los aficionados de Osasuna en las calles de Vitoria./
Fotos de los aficionados de Osasuna en las calles de Vitoria./J.P. URDIROZ

A 13 minutos de Getafe, en Vallecas, se jugaba otro partido crucial para Osasuna. Los aficionados se encomendaban a un favor de Jagoba Arrasate. El partido transcurría 0-0 sin apenas ocasiones, y llegó otro mazazo. Penalti para el Alavés. Carlos Vicente engañó a Sergio. 1-0. Los aficionados recibieron un duro golpe, pero todavía confiaban en los de Vicente. Llegaban los instantes finales y el pesimismo era notable en el Casco Viejo. Para más inri, gol de Iago Aspas. 

Osasuna tiró más de corazón que de cabeza y Raúl García dio esperanzas tras empalar un balón llovido. El gol fue en vano y no pudo Osasuna rematar la faena. El pitido final fue un jarro de agua fría para los rojillos que no pudieron acompañar a su equipo en Vitoria, pero que se dejaron la voz. 

Los seguidores navarros abandonaron los bares tras el cruel desenlace y muchos optaron por dar por finalizada una noche que se preveía larga en caso de que Osasuna hubiera logrado el objetivo. El kiosco de la Plaza del Castillo se quedó vacío esta vez.

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