Afición
Pasión por Osasuna en Tajonar
Las instalaciones de entrenamiento de Tajonar se llenan este Jueves Santo para alentar al equipo en la recta final


Actualizado el 17/04/2025 a las 21:07
Existen dos mundos. Algunas veces son parecidos, la mayoría, no. Uno es el real, el otro, el que se fabrica en las redes sociales. Cuando el objeto de comentario es tan pasional como el fútbol, la diferencia entre ambos es cósmica. Por un lado, el universo que se construye a golpe de tuit, de like o de hate. El que considera a la gente más importante en función al número de followers o a un deporte más imprescindible por el dinero que ganan sus protagonistas. El que de tanto escucharse a sí mismo acaba creyendo que su verdad es verdad y que cuatro posts son informaciones contrastadas. Un mundo donde cohabitan el interés, la mala intención, la envidia y el hastío.
Y, luego, por otro lado, está el mundo real. El de, por ejemplo, un equipo de Primera División. Un conjunto de profesionales que ponen su empeño en lograr un objetivo determinado, con jefes y asalariados, con personas más y menos constantes en el trabajo, con un rendimiento más o menos regular, más y menos preparadas psicológicamente, más y menos solidarias. Con problemas de salud o sin ellos. Con idas y venidas. Seres humanos. Con dinero, mucho, sí, pero no infalibles. Es una historia antigua, pero no se aprende.
Si uno, o una, se esconde en un ordenador o un móvil, o lee según qué, le puede dar la sensación de que Osasuna está hundido, que su entrenador tiene las maletas hechas, que los jugadores no están con él, que alguno está deseando irse. Que hay mal ambiente.
Por eso, darse una vuelta por Tajonar no viene mal. Porque ahí reside gran parte de la razón de ser de este club. Grada y césped. Cercanía. Normalidad. Ser diferente en lo bueno. En lo que hace a este equipo único. Entrenar con decenas de aficionados, la mayoría niños, es una costumbre para Osasuna, pero no en el resto de componentes de la Primera División (no hablemos ya de las otras grandes ligas). En días como este, Jueves Santo, la cantidad de seguidores se multiplica y su edad se reduce. Las caras infantiles dulcifican los rostros y hacen crecer la esperanza. Casi dos horas después de terminar de entrenar, en una sesión intensa pero plagada de risas y bromas entre jugadores y también con el cuerpo técnico, todavía había una cola de personas esperando que Rubén García, Bretones, Boyomo, Areso, Aitor o Iker Muñoz se bajaran del coche y les firmaran un autógrafo. A todos y con una sonrisa.

Antes, se habían asomado a las vallas otro grupo de rojillos, con un Aimar asediado. Mientras exista esa comunión, esta diferencia, nada estará perdido.


Osasuna ha sufrido una mala racha de resultados que ha provocado dudas y críticas, muy merecidas ambas, pero ya. La situación del equipo es muy similar a estas alturas de temporada a la que se vivía con Jagoba Arrasate, con la salvedad de la 2021/22, que fue sobresaliente. La similitud con la anterior es especialmente significativa. Porque el mundo real y el virtual son distintos. Y Osasuna levanta pasiones.