"Illa, illa": Paquito fue luz en una época muy oscura de Osasuna

1995. El club rojillo vivía una de sus épocas más convulsas y llegó Paquito para poner luz en la oscuridad. El gran técnico falleció este miércoles 21 de agosto a los 86 años

Imágenes del paso de Paquito por Osasuna
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Imágenes del paso de Paquito por Osasuna
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María Vallejo

Actualizado el 21/08/2024 a las 22:25

"¡Qué maravilla!” Así se expresaba Paquito el 22 de junio de 1995, el primer día que pisó Tajonar. Esa misma tarde iba a ser presentado como entrenador de Osasuna, un deseo anhelado por este entrenador bonachón y amante de la cantera que llegó en una de las peores épocas del club. El ovetense Francisco García, Paquito, falleció este miércoles 21 de agosto en Valencia a los 86 años y lloró el fútbol y también el osasunismo. Al menos, el que tuvo la suerte de conocerle y enmarcar su corta historia en el banquillo de Osasuna en la sucesión de desastres institucionales que ocurrieron aquella temporada. Paquito fue la luz y la calma en época de oscuridad y tormenta.

“Soy un navarro más”. Con esta elocuente frase se presentaba al osasunismo Paquito aquel día de junio, optimista y feliz, tras dirigir a equipos como Valladolid, Castellón, Villarreal y Valencia. Su alegría contagiosa contrastaba con un Osasuna tétrico. La temporada anterior, la primera del descenso a Segunda en 1994, con Chechu Rojo al frente y Javier Garro en la presidencia, Osasuna entonó el “Vamos a subir” y se estrelló en la indiferencia. Una afición apática y una directiva dividida fueron el gris entorno que se encontró Paquito.

Llegó solo, sin ayudantes, y se rodeó de gente de la casa. Hubo refuerzos, pero a Paquito le gustaba la cantera y pobló sus alineaciones de hombres de Tajonar. Veía siempre que podía al juvenil y al Promesas, de donde pescó a Txomin Nagore y Kike Enériz.

Cercano y bromista, era además una enciclopedia de fútbol y le gustaba sentarse al lado de cualquier joven periodista y explicarle detalles técnicos y tácticos de partidos y jugadores. En tiempos en los que la desconfianza y el temor campaban en Tajonar, su talante aperturista molestaba arriba. La directiva de Irigaray nunca quiso dialogar con él.

ADMIRADOR DE INDURÁIN

Una de las anécdotas más conocidas de Paquito es su afición por dar las ruedas de prensa en un cuartucho junto a los vestuarios donde estaban los útiles de limpieza, escobas, fregonas y otros enseres. Un habitáculo en el que compartía impresiones con los informadores con un testigo de excepción: un póster de Miguel Induráin. Admirador profundo del campeón villavés, a quien citaba a menudo, el inicio de su pretemporada coincidió con la consecución del quinto Tour de Miguel. Entonces, en Navarra, Osasuna era un segundón. Lógico.

Paquito navegó por un club en el que el presidente, Javier Garro, dejó el puesto en noviembre y le sustituyó una gestora con los directivos Juan Luis Irigaray y Pedro Senosiáin, algo nunca visto; en el que al final le colocaron un director deportivo, Javier Zubillaga, que no sabía si trabajaba para Osasuna o para el Alavés; en el que se redujo el salario de los futbolistas un 25%; en el que quisieron cesarle por los malos resultados; en el que supo que se fichaba a Rafa Benítez antes de terminar.

«Mi paso por Osasuna profesionalmente fue positivo, en el aspecto personal fue muy negativo. Garro me ayudó, me dio confianza. Irigaray no”, dijo Paquito después de su marcha. Que El Sadar le coreara “Illa, illa, Paquito maravilla” en medio de ese fango resulta casi milagroso, pero sobrevivir en aquel Osasuna lo era.

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