Balance
Era Arrasate, puño de hierro
Osasuna termina 11º la Liga y redondea seis años de gran estabilidad


Publicado el 27/05/2024 a las 05:00
La era Jagoba Arrasate terminó el sábado en El Sadar con empate ante el Villarreal y una emoción desbordada en el césped y en la grada. Fin de un ciclo memorable, donde la estabilidad ha reinado con puño de hierro, algo insólito en un fútbol tan volátil. Osasuna, con los resultados del domingo, terminó la Liga en undécima posición con 45 puntos, lo que viene a confirmar la velocidad de crucero para navegar por aguas tranquilas. Incluso los rojillos miraron a Europa. Eso sí, en una temporada de gran estrés competitivo. Costó echar el pie a tierra tras el naufragio en la previa Conference, lo que eclipsó el inicio, así como la despedida de Arrasate hizo lo propio, con más fuerza, en el final.
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El empate del Alavés en Las Palmas hizo que los vitorianos conservaran la décima plaza que habían ocupado momentáneamente los rojillos con el punto del sábado. Eso sí, el pinchazo del Getafe evitó males mayores y pudo abrochar el 11º lugar.
En definitiva, Osasuna comienza las vacaciones tras haber hecho los deberes una vez más de forma holgada, aunque las expectativas iniciales se dispararan, y en un panorama insólito por la marcha de su icono en el banquillo. Deja al equipo con ese poso que ha ido adquiriendo desde que subió a Primera en 2019.
Un lustro después puede decirse que ha funcionado casi como un reloj en el campeonato doméstico, con lógicos altibajos, especialmente cuando se quedó en la zona templada a pocas jornadas del final.
ASCENSO Y CONSOLIDACIÓN
La etapa de Arrasate comenzó lanzada con el ascenso de récord en la temporada 2018-19. Campeones de Segunda, 86 puntos y una racha de imbatibilidad nunca vista en El Sadar que siguió en el trayecto de Primera hasta los 31 partidos. Aquel equipo voló muy alto y fue el germen de lo que hoy es Osasuna, que fue sufriendo una metamorfosis al paso de su crecimiento.
La ola favorable le sirvió para arrancar con fuerza en la elite. 52 puntos y un décimo puesto fueron la carta de presentación para ir consolidando el proyecto, que sorteó curvas un año más tarde. Una mala racha de 13 encuentros sin ganar le hizo tocar la zona roja, a la que no ha vuelto desde aquella 2020-21, muestra del paso adelante. Terminó de forma solvente undécimo con 44 puntos, un saldo muy similar al que registró después, con décima posición y tres unidades más en la tabla.
EL TECHO Y LAS EXPECTATIVAS
El quinto año de este tiempo de éxitos vivió su gran colofón tanto en Liga como en Copa. Primero, Osasuna fue finalista de Copa y logró billete para la Supercopa, a lo que sumó una séptima plaza (53 puntos) que le metió en Europa. Una temporada mayúscula que ha condicionado la mirada de la actual. De ahí que tanto Arrasate como Braulio avisaran que el equipo quizá había “tocado techo” teniendo en cuenta que el club tenía el 17º limite salarial.
La bofetada en Brujas torció el camino, como el adiós en cuartos de Copa ante la Real en una desafortunada actuación arbitral. La cita en Arabia, con derrota ante el Barça en semifinales, entraba en la ecuación prevista.
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Osasuna se mostró algo más irregular de lo normal en Liga, tanto en puntos como en sensaciones (de hecho Arrasate apostó un tiempo por jugar con tres centrales). Hubo reacción y vio de cerca la opción del séptimo puesto, que se esfumó con esa trágica derrota contra el Valencia en El Sadar. A la foto se suma la irrupción para quedarse de jugadores del filial como Moncayola, Aimar, Pablo Ibáñez, Areso, Herrando o Iker Muñoz. Porque el legado de la era Arrasate va más allá de las grandes cifras.
