Otro milloncito para terminar
Triunfazo rojillo en el Civitas Metropolitano, con un Raúl García que empieza a demostrar de lo que es capaz


Actualizado el 20/05/2024 a las 14:58
Estos chicos del mundo del balompié están tan alejados del mundo real que les da igual un kilo arriba o un kilo abajo. Es lo que tiene cuando tu cartilla de ahorros se abre hacia los lados, de la de ceros que atesoran, y no hacia arriba como las del resto de mortales, humildes juntaletras entre ellos, que para el día 15 del mes ya andamos temblando para que no venga nada ataviado de imprevisto. Pero no, no es por la dieta, Nena, que ya vamos a ella. Ese kilo más o menos a La Famiglia le salva (parte) de la vida, estando como están las arcas del club. Por ello hay que apuntar al décimo, que no de lotería.
Osasuna sube un peldañito tras la goleada en el antiguo Wanda, Civitas Metropolitano en esta ocasión, derribando el muro de uno de los estadios más seguros de LaLiga y de la Champiñons este año, donde sólo había ganado en la competición doméstica el Barça, de Xavi o no Xavi. Pues ha tenido que llegar Jagoba y poner otra pica en su currículum, venciendo a los del Cholo, que se le habían atragantado sobremanera en el banquillo osasunista. Ojo, y con nada más y nada menos que cuatro goles. Hasta me atrevería a tirar de sorna, cosa poco frecuente en mí, diciendo que hemos ganado en casa colchonera hasta con Mojica en el once...
Es cierto que el pobre colombiano ha salido este año más retratado que los reyes en épocas pasadas, que salían en cuadros, monedas, billetes, sellos y anuncios oficiales para que el vulgo pudiera enterarse de lo que ellos querían. A lo fake news, cavernas mediáticas deportivas o canales interesados en colocar el ascua cerquita de una gorda sardina que es la que les da de comer. Y muy bien, por cierto. Pero no, no seré irónico. Seré sincero. Osasuna ha ganado con Mojica, con Catena, con Raúl García de Haro y con esa chavalada que empieza a ilusionarnos.
Dice el amigo Lorda, que lleva por montera muchas veces un escurridor, que es importante acabar una temporada con buenos resultados ya que ese ánimo es con el que se comienza la próxima. Puede que algo de razón me lleve y, visto el panorama actual, los rojillos llevan camino de cerrar el año con 47 puntazos y, a poder ser, la décima plaza. Ganamos otro escalón, otro kilito, y a preparar el próximo año, primero de la Era Posjagoba. Aunque tampoco haría falta ganar al Villarreal la última jornada, en un partido de chichinabo en el que ni nosotros ni ellos nos jugamos nada que no sea la honra. O, insisto, el kilito de marras. Que si no lo quieren, les paso yo el número de cuenta...
Osasuna hizo un canto al fútbol inteligente contra los del Cholo. Con un equipo presuntamente lejos de los millones que cobran Antoine, Memphis, Oblak y compañía, los nuestros se plantaron sin miedo y jugaron de tú a tú a un equipo Champions año sí y año también. Tan valientes salieron que para la media hora Raúl García de Haro había abierto la lata. Vale, que pudieron empatar, que hubo palos, sobre todo los que se llevó el pobre Iker Muñoz que regresó a Pamplona más morado que una concentración podemita. Pero también pudo Aimar poner el 0-2 al filo del descanso con ese derechazo desde la frontal que dejó el palo temblando...
La cosa estaba funcionando. En el arranque del choque en su segunda entrega, los rayados se volcaron a por el empate y los de verde, rojillos de corazón, tiraron de la estrategia con la que caza la perrica, agazapados y a ver si hay oportunidad. Y la hubo. Vaya que si la hubo. Porque tenemos un lateral derecho navarro, formado en Lezama pero que no servía para dar el salto a los mayores, que si me dicen que se apellida acabado en -inho está con los Ficticius, Rodrygo y Rapinha jugando de carioca. Areso, o Aresinho, se escapaba por su banda como quería. De una cesión suya llego el centro de Peña, rozado por Raulito, dejado muerto por Azpilicueta, punteado por Torró y que no entró antes por la manopla derecha de Oblak. Aimar empaló con todo a favor el 0-2.
Somos Osasuna, sin picante no sabemos vivir, de ahí que poco después del tanto del Txori llegara el 1-2, pero la chavalada estaba tan animada que no dudó ni un instante de la victoria. Aresinho ponía pase de la muerte para el doblete del delantero fichado, de ese chaval del que tenemos el 75% de propiedad, pobre, que parece un queso a porciones. Y luego llegó la puntilla de Torró, con ese globo sonda de Pablito Ibáñez, opositor a chupinazo de Mutilva otra vez (a ver si nos deja algo a Marcos o a mí, que no catamos mecha este año de tanto triunfo que lleva el mocete), para que el valenciano empalmara el 1-4 que nos bañaba de alegría.
Por fin, cientos de minutos después, siete jornadas más tarde, volvimos a celebrar una victoria. Anda que casi ni nos acordábamos de cómo se hacía, del cuerpo que se le quedaba a uno tras cerrar un choque con tres puntos más, así, de golpe, sin robar, sin polémicas, sin penaltis no pitados, sin... Rediez que si sienta bien. Encima en una plaza de campanillas, contra un super equipo dirigido por un entrenador que cobra lo que ni siquiera puedo imaginarme. La libreta del Cholo sí que tiene que abrirse en horizontal, pero hacia los dos lados y dos veces. Yo, sin embargo, me conformo con poco. Una última victoria en la fiesta de despedida contra el Villarreal y, de paso, a ver si llega con otro milloncico...
¡Hasta la muerte, Forofillo hasta la muerte!