Almería 0-3 Osasuna
El Osasuna de Jagoba
El gen competitivo forja un triunfo dulce que abre la puerta para soñar


Publicado el 30/03/2024 a las 20:04
Osasuna estampó su puño en la mesa de Almería, escenario donde nadie ha perdido aunque más de uno se ha dejado pelos en la gatera. En la semana donde se había hablado de todo menos del partido, por razones obvias, los rojillos ejercían con profesionalidad su misión para anular al colista desde un comienzo fulgurante. Mientras los ecos del adiós de Arrasate siguen presentes en el corazón del osasunismo, llegaba el triunfo más plácido de la temporada.
Hubo tensión competitiva de la de verdad, sin dejar que este rival de escasa resistencia y amor propio cobrara vida en ningún momento. Mérito de los jugadores y mérito del entrenador en unos días tan cargados de sentimientos. Llegaron los goles, dos en los primeros diez minutos, y esa demostración de superioridad y gobierno por encima de la peligrosa relajación que en ocasiones flota en esta clase de partidos. Esa ambición es la que hace pensar que este equipo llega con hambre al mes y medio de Liga donde se resolverá todo. La afición osasunista desplazada vivió su particular fiesta. Jagoba quiere seguir coleccionando momentos de felicidad. Nos quedan capítulos que contar.
Los estímulos brotaban a cientos de kilómetros de El Sadar. El brinco que da Osasuna con estos puntos es notable. Es hora de mirar la clasificación. Europa no queda tan lejos. Nadie ha hablado de ello durante este ejercicio de subidas y bajadas, pero aquí nadie quiere caer en la indiferencia. La celebración de este gran 0-3 ante la grada rojilla con su técnico mezclado entre los futbolistas fue la prueba de esta mentalidad.
Arrasate había quedado concienciar a los suyos ante todo el ruido sonando de su próxima despedida. No habría tenido que salir fácil para él entre la tensión de tomar la decisión, comunicarla y verse después abrumado entre las incesantes muestras de cariño. Es obvio que el vestuario había estado pendiente de una noticia de semejante impacto. Pues bien, Osasuna ya mandaba con amplitud en el marcador antes de que se cumpliera el minuto ocho.
Fueron dos goles producto de la intensidad, de la atención, de las ganas de ir a por el partido. Areso saltaba a la yugular en una de las primeras acciones. ¿Para qué esperar más? El ribero y sus compañeros salían desenfrenados. Él mismo inició la jugada desde atrás y sacó su zancada vertical esperando el pase profundo a la carrera. Tras tocar Rubén García, un inmenso Moncayola impulsó la pelota hacia el espacio. El Almería se quedaba congelado. Areso metió el centro hacia atrás, donde esperaba Jose Arnaiz con esa pausa de pillo para despegarse de la defensa que le daba tiempo para todo: controlar y disparar. Un defensa tocó en la trayectoria, lo que hizo que se abriera más el cielo del gol.
Osasuna había salido con ansias de presión. Moncayola era el elemento diferenciador por dentro. Es un futbolista que ha recobrado el pulso a la competición con ese despliegue de omnipresencia que tiene. Potencia y golpeo. De nuevo el de Garínoain se erigía en catalizador. Su presión a Radovanovic obligaba al central serbio a girarse y mandar una cesión altamente peligrosa a su portero. Peor fue la decisión de Maximiano, que quiso evitar que la pelota saliera a córner lanzándose en plancha con el pie, sin pensar en las consecuencias posteriores.
Moncayola había activado la alerta. Se apoderó del regalo y al primer toque mandó a Budimir, siempre conectado a lo que pueda acontecer. Con su zurda, embocó a la red antes de que Maximiano pudiera llegar a tapar el espacio para arreglar semejante estropicio.
El 0-2 daba muchísima tranquilidad para un equipo que no padeció males en defensa. Catena y Herrando no estaban exigidos. Iker Muñoz se desenvolvía con soltura de ancla. Rubén García aportaba clase cada vez que pasaba el balón por sus pies. Con su derecha, mandó un centro perfecto a Budimir, que remató de cabeza sin dirección.
El partido se jugaba donde quería Osasuna, bien organizado con un dibujo más cercano al 4-2-3-1. El Almería no pisaba zona de tres cuartos. Marezi lanzó el único tiro de la primera parte. El único que lo podía estropear era uno mismo.
SIN FORZAR DEMASIADO
Solo el conjunto de Pepe Mel se asomó algo tras el intermedio. Pubill acabó una internada con un tiro alto y Sergio Herrera chafaba la finalización de Ramazani, la pieza más dinámica de los andaluces, que tenían a Baptistao y Embarba en el campo. Ese amago de acortar distancias se quedó en eso porque Osasuna volvía pronto a lo suyo.
Iker Muñoz marcaba su cuarto gol de la temporada al fusilar a Maximiano con el empeine desde el punto de penalti. Catena había tocado de cabeza el saque de una falta y el joven de Villafranca se veía solo para ejecutar el golpeo a quemarropa mientras la defensa se fijaba más en Budimir en un ejemplo de la obsesión que tenían por frenar al pichichi croata.
Muy poco ocurrió en la media hora que restaba con todo decidido. No era necesario forzar más. Herrera mantenía la portería a cero con un despeje a un disparo intencionado de Embarba desde un saque lateral que iba a la escuadra. Ramazani seguía con el gatillo flojo. Arrasate iba moviendo el banquillo mientras podía caer el cuarto en cualquier contra que se pudo montar mejor. De fondo, sonaba la melodía. La grada le coreaba. Así será hasta final de mayo. ¿Hasta dónde llegará este Osasuna?
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ALMERÍA: Maximiano; Pubill, Montes, Radovanovic (Marcos Peña, m.20), Centelles; Édgar, Robertone (Lopy, m.76); Ramazani, Jonathan Viera (Luka Romero, m.63), Arribas (Embarba, m. 46); y Marezi (Leo Baptistao, m. 46).
OSASUNA: Herrera; Areso, Catena, Herrando, Juan Cruz (Mojica, m.77); Moncayola (Ibáñez, m.77), Iker Muñoz; Rubén García (Rubén Peña, m.65), Arnaiz (Aimar, m.55), Moi; y Budimir (Raúl García, m.77).
GOLES: 0-1, m.1. Arnaiz. 0-2, m.8: Budimir. 0-3, m.60: Iker M.
ÁRBITRO: González Fuertes , asturiano). Amonestó a Baptistao (m.50), Robertone (m.50) y Marcos Peña (m.77), y a Jose Arnaiz (m.37) y Areso (m. 44).
INCIDENCIAS: Power Horse Stadium con 10.565 espectadores.