Clave
Osasuna se pierde en el laberinto de la posesión
Un 70% a su favor sirvió para hacer un solo tiro a puerta


Publicado el 05/02/2024 a las 05:00
Al igual que jugar bonito a fútbol no significa jugar bien, tener la posesión del balón tampoco asegura dominar el partido. Ni mucho menos. Si no que se lo digan a Osasuna, que fue menos Osasuna que nunca. A más posesión, generalmente, menos verticalidad. Pues bien, los rojillos firmaron el 70% del tiempo el balón en su poder, un dato tan alto para los de Arrasate como poco reconfortante. Porque se tradujo en un solo tiro a puerta. El fútbol se decide en las áreas y en momentos clave. Osasuna no estuvo a la altura, ni con tres centrales en la idea inicial ni con dos tras el descanso. Las sensaciones, esta vez también, avalaron las estadísticas, y viceversa.
De nada sirve tener el esférico sin que Vicente Guaita se manche los guantes. Muy previsible. Para muestra, los casi 100 pases que intentó David García. Todo un récord que evidencia la falta de mordiente de un equipo que tradicionalmente somete al rival en su campo y domina a base de la presión alta. Nada de eso. Los defensas, junto a Iker Muñoz, fueron quienes más veces se asociaron en un Osasuna apático y espeso. El alto acierto de los pases y las zonas donde transcurrió el juego confirman que efectivamente no salió el plan.
LA PEOR CARA
Porque de nada sirve tener la pelota sin tirar apenas a puerta y, para colmo, menos aún si al perderla la transición es de suspenso claro. Fallos en cadena. Pasó en el primer gol del Celta de Vigo. Mala presión y peor contundencia conforme avanzaba la jugada. Nadie frenó el contragolpe. Salió a relucir la peor cara al correr hacia atrás, otro de los caballos de batalla de este curso junto a los centros laterales.
Strand Larsen pescó en río revuelto, cuando hasta entonces el Celta se había limitado a estar ordenado en una alineación ultra defensiva. Pues zarpazo. Cuando el nivel de atención de Osasuna baja se convierte en un equipo vulnerable y volvió a ocurrir en la siguiente jugada en otro error imperdonable. Sin poder levantarse de la lona llegó el segundo, lo que dio alas a ese plan de los de Benítez y reforzó los datos de posesión estériles de un Osasuna incapaz de derribar el muro. No llegó ese 1-2 que alimentara las esperanzas de remontada.


SIN GOL
El inicio de la segunda parte sí respondió a las señas de identidad. En campo contrario y con una presión asfixiante. Pocos toques y peligro. Duró poco. Y las cifras de posesión se acrecentaron hasta un 74% tras el descanso. Un monólogo de balón y ningún tiro entre los palos, pese a que estaban Budimir y Raúl en el campo. No había forma de salir del laberinto. Una pesadilla en El Sadar.
Osasuna dio el triple de pases que el Celta (532 frente a 184) y los vigueses tiraron a puerta cinco veces. Su nivel de eficacia fue altísimo, al igual que el poder mostrado en la defensa del área. Porque, aunque fuera por muy poco, en duelos también perdieron los rojilos (49%-51%), una parte del juego que suelen dominar por intensidad. Demasiadas concesiones. El 0-3 fue la puntilla. Osasuna se quedó sin marcar en El Sadar en Liga, algo que no ocurría desde el 23 de septiembre contra el Sevilla.
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