Protesta
El Sadar de las dos caras
Del silencio por la protesta en Graderío Sur a la comunión final


Publicado el 05/02/2024 a las 05:00
Fue El Sadar de las dos caras. De una previa soleada y casi primaveral a un tramo final frío con decenas de aficionados marchándose antes de tiempo al ver un 0-3 en el marcador. De un ambiente gélido y enrarecido hasta el minuto once, por la ausencia del motor de Graderío Sur, a una comunión final entre el público que quedaba y el equipo como si estuvieran festejando los tres puntos. La tarde fue tan extraña que tampoco se le pitó a Iago Aspas, imán para generar tensión en los Osasuna-Celta. Es cierto que el delantero no jugó, pero sí calentó. Los silbidos para los futbolistas rivales se centraron en las pérdidas de tiempo de Guaita y compañía, ratificadas por el marcador favorable. Aplausos se llevó Manu Sánchez, que regresó a Pamplona con otro escudo.
SILENCIO, SE JUEGA
Pudo ser un presagio de una tarde aciaga el mal control de Sergio Herrera en el minuto dos. El guardameta quizá echó en falta, como el resto del equipo y de El Sadar, la ausencia de Indar Gorri. El colectivo anunció en la previa que no iba a entrar al estadio hasta el minuto once en protesta por los once socios sancionados sin acceder al campo durante un mes por, según dicen, “estar de forma incorrecta en la grada o taponar las vías de evacuación”. Habrá más o menos debate entre el aficionado, pero las butacas vacías en Graderío Sur son sinónimo de ambiente gélido más propio de una obra de teatro en el Gayarre que un partido de fútbol en Pamplona. Aplausos tímidos y murmullos en un inicio de partido donde Osasuna pudo anotar en el minuto ocho por medio de Budimir. A la postre fue el único tiro a puerta del partido.
El sector comenzó a llenarse a la hora prevista y la normalidad regresó para apoyar a un equipo que vio como en el ecuador de la primera parte se disparaba en el pie para cargarse el partido. Los 79 minutos restantes fueron un querer y no poder por parte de todos. Graderío Sur animó de forma incansable, como siempre, y los decibelios subieron en el segundo acto con el equipo intentándolo por todos los medios pero sin mordiente ofensiva. Daba la sensación de que el partido podía durar 90 minutos más que el marcador no se iba a mover, al menos para los intereses de Osasuna.
El Sadar de las dos caras echó el telón sacando pecho y para envidia de todos los rivales que viajan a Pamplona. A pesar del 0-3 y las horribles sensaciones, el “somos un equipo valiente y luchador” se erigió como la comunión perfecta entre el equipo y la afición.
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