Entrevista
Los largos viajes a Tajonar, la soledad de Bilbao y un gran corazón rojillo
Jesús Areso repasa su trayectoria hasta llegar al primer equipo, con Cascante como punto de partida


Actualizado el 10/11/2023 a las 13:54
Siendo niño, ¿era de los que estaba pegado a un balón?
Era todo fútbol. Me pasaba en el campo del Aluvión desde las diez de la mañana del sábado hasta las cinco de la tarde del domingo, para ver a la cantera. El Aluvión estaba en Tercera, que era una categoría muy fuerte. Y estar con los amigos. Pasábamos el tiempo en el termolúdico, unas piscinas con agua caliente.
Ese agua tendrá algo especial. Kike Sola, Remiro... Tierra de futbolistas.
Buena camada. Tres futbolistas en un pueblo de cuatro mil habitantes es de valorar. Conozco a Alex, aunque tengo más relación con Kike porque he coincidido más. En Osasuna y en Bilbao. Me da buenos consejos. Lo valoro.
Dejó Cascante a la edad de...
Tendría 12 años. Llegué al Infantil A, del Aluvión. Mi primer entrenador fue López Vallejo. Luego Piotrek Urban, Javi Lerga, Trzeciak, David García... Yo tenía el sueño de ser futbolista, pero sabes que hay muy pocos que llegan. Anteponía el fútbol. Mi madre me decía que cuidara los estudios. A los niños les diría que estudien, aunque el fútbol lo tengan ahí. Que le den caña a los libros, que llegar arriba es muy difícil.
Recalca que llegan pocos.
Mira, en juvenil coincidí con Javi Martínez y Moncayola, con el que he jugado mucho. Aimar era más pequeño. Y poco más. He tenido muchísimos compañeros. Chicos que han destacado y luego nada. Es un proceso muy difícil que tiene muchos filtros.
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Venía de la Ribera a Tajonar.
Era muy de pueblo y me gustaba estar en casa. Cogía el taxi a las cinco de la tarde y volvía a casa a las diez y media de la noche. Cuatro días por semana. Mi taxista era Andrés Ocampo, utillero del primer equipo. También venía mi hermano, que estaba en la cantera.
¿Era sacrificado todo aquello?
Cuando haces lo que te gusta… Quieres disfrutar y eso te lo daba Osasuna. Venía un poco de bajón a la vuelta y podía tener un examen al día siguiente. Llegaba de noche y a darle. Antes no podía porque en mi colegio había clase a las tardes.
¿Pensó que su sueño sería real?
Muchos chicos te dirán que lo tienen en la cabeza, pero yo era de los que iba picando piedra, categoría a categoría. No pensaba. Obviamente quieres jugar en Primera, pero no me centraba en ello.
Se acabó la temporada 2016-17 y el aficionado leyó noticias suyas por primera vez. Se fue a Lezama.
Fue un momento duro. Era la primera vez que salía de casa. Tienes lejos a la familia y a los amigos. Pero aquello me dio madurez. Saber estar solo. Aprendí. Las personas queremos estar rodeadas, pero estas situaciones te hacen fuerte. Creo que hay que enfrentarse a adversidades para mejorar. Podría decir que me ha curtido bastante.
¿Qué pasó para que Osasuna no le pudiera retener?
No sabría decirte… Había sido un año muy bueno en División de Honor. Barrimos al Athletic, a la Real, al Eibar… Igual se picaron un poco de que les barrimos (ríe).
Estuvo cuatro años en Bilbao, hasta que se negó a renovar y no le dejaron jugar. Había recibido una llamada.
Cuando me llamaron para volver, se me vinieron cosas a la cabeza. Era mi regreso a casa. El Sadar nuevo… Amigos, familia… Era disfrutar. Mi equipo siempre había sido Osasuna. Cuando estaba en Bilbao veía todos los partidos, animaba. Recuerdo celebrar goles en partidos cruciales en Segunda. Hice algún viaje por mi cuenta como aficionado, a La Romareda.
Ser rojillo es para siempre.
Eso no se pierde nunca.
¿Dónde le pilló la final de Copa?
No pude ir y quería. Estaba en Cartagena porque teníamos partido con el Burgos. Me vienen imágenes de estar todos ahí en una sala animando a Osasuna.
¿Le daba envidia sana no estar?
Me alegré mucho por mis compañeros. Es verdad que yo también estaba disfrutando en el Burgos, hicimos una campaña muy buena. Eran dos realidades paralelas que iban muy bien. Osasuna y Burgos.