Entrevista

Jesús Areso: "Cuando era recogepelotas en El Sadar, soñaba con correr esa banda algún día"

Es la revelación. Canterano desde los 12 años, ha vivido tragos amargos en el fútbol y ahora hace realidad aquella ilusión de niño cuando le daba el balón a Roberto Torres para sacar de banda

Jesús Areso, con un balón encima de una bandeja ayer en uno de los campos de Tajonar
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Jesús Areso, con un balón encima de una bandeja ayer en uno de los campos de Tajonar
Jesús Areso, con un balón encima de una bandeja ayer en uno de los campos de Tajonar

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Fernando Ciordia

Publicado el 10/11/2023 a las 05:00

Se le propone posar en la sesión de fotos con una bandeja como metáfora a su labor en Osasuna para servir a los demás desde el costado derecho. Jesús Areso Blanco (Cascante, 1999) es pura frescura también ante la cámara y la grabadora. Su sonrisa es espontánea. Para llegar a este momento dulce y sentir el calor de la afición, ha tenido que sortear varios obstáculos, lo que le hace apreciar cada minuto que le pone Arrasate en el campo y no despegar los pies del suelo.

¿Esperaba estar así?

No me lo había planteado. Yo venía con confianza. El año pasado jugué 39 partidos. Era lo que necesitaba. Tenía toda la fe del mundo para pensar que las cosas podían salir muy bien.

Fue una cesión fructífera.

Se dice que se puede dar un paso atrás para dar dos hacia adelante. Es el caso. Hablando con compañeros ya les digo. Para mí, las cesiones si salen bien son muy positivas. Juegas y ganas confianza. Eso nutre al jugador. Si estás en el banquillo, no hacemos nada.

¿Lo pasó tan mal antes?

Venía de dos temporadas muy duras. Una por no renovar (en el filial del Athletic) y otra por la lesión de gravedad (en su regreso a Osasuna). La cabeza da muchas vueltas si no juegas.

Volvió este verano del Burgos y se encontró con mucha competencia. ¿Se preparó más si cabe?

Yo lo que hago es concentrar toda la energía en lo que depende de mí y ser yo, no mirar a otros aspectos externos que puede haber. Nacho Vidal y Rubén Peña tienen un nivel muy alto. Han jugado numerosos partidos en Primera División. Para mí son un ejemplo a seguir. Me he fijado siempre en ellos para mejorar en aspectos del campo y también psicológicos.

¿Cuándo se da cuenta de que tiene nivel para ser titular en Primera?

La base viene de atrás porque venía de jugar. El año que vine de Bilbao era todo lo contrario. Llevaba un año sin jugar y sin encontrarme cómodo en las situaciones de juego. Han ido pasando los partidos ahora e intento dar el mejor rendimiento.

Lo costó en ese periodo antes de la lesión, cuando volvió a Osasuna en 2021.

Hay que ser sinceros. La realidad es que solo había jugado en Segunda B con el Bilbao Athletic y había entrenado con el primer equipo. Pero no es lo mismo. Llegas a Osasuna, que está en Primera y bien colocado en la tabla. Ves desde fuera cómo somete el equipo a los rivales. Vienes de un año sin jugar y no tienes ritmo. Este año es algo totalmente diferente.

¿Se abstrae de los comentarios positivos de los aficionados?

Me estoy sintiendo en el momento más querido desde que he llegado a Osasuna. Me apoyo en mi familia y en mis amigos y también me dicen las cosas negativas, que existen. Hay que pulir esos detalles.

¿Tiene mucho margen de mejora?

Me quedo mucho para llegar a mi techo. Tengo muchas cosas para mejorar. Tengo 24 años, soy muy joven todavía.

¿Puede explicar la sensación de jugar en El Sadar y tener a la gente tan cerca en la banda?

Para mí es un campo muy especial. Primero porque soy de aquí. Y además porque yo he estado en muchos campos y para mí el nuestro de los que más aprieta de la Liga. Para los rivales es difícil jugar, sienten ese miedo de pensar por así decirlo que la gente está metida en el campo. Esto se habla entre jugadores. Ahora, tenemos que conseguir los resultados.

Jugar en Osasuna es…

Un sueño. Llevo en la cantera desde infantiles. Iba a El Sadar de niño y luego como recogepelotas. Me acuerdo de darle el balón a Roberto Torres, a Echaide… a muchos. Yo estaba en la banda contraria a los banquillos. Lo recuerdo con cariño y decía: “Ojalá algún día jugara aquí y que un niño me diera el balón a mí para sacar de banda y correr”.

No eran tiempos fáciles los de aquel Osasuna.

Estuve varios años de recogepelotas. El año que bajamos y el siguiente en Segunda. Era un ambiente especial. La situación era muy difícil y el aficionado respondía. Pocas veces he escuchado pitidos en El Sadar.

¿Se fijaba en alguien?

Mentalmente me fijaba en los Flaño. Han sido jugadores muy constantes y trabajadores. En aquel entonces, también tenía como referencia a un natural de Cascante como Kike Sola. Tengo mucha amistad con él. Lo tenía endiosado.

¿De niño le traían a El Sadar desde el pueblo?

Sí, tengo un tío que es fanático de Osasuna, es de Tudela. Cogía el coche y veníamos los dos a ver los partidos. Vengo a El Sadar desde bien pequeño.

Y ahora, ¿quién viene a ver a Jesús Areso?

¡Mucha gente! Hay amigos que son socios y ahora que estoy jugando, te puedes imaginar. Vienen más amigos de Cascante y de la zona de la Ribera. Amigos de Pamplona… Cuando acaban los partidos tengo a todos. Y mucha familia.

En el campo, ¿les ve o no está a esas cosas?

Me suele gustar saludar. Cuando empieza y cuando acaba. Me transmiten confianza. Sabes que estás ahí en la grada. Son un apoyo para mí. Me viene muy bien.

¿Le repiten mucho el mensaje de que no se lo crea?

El mensaje es claro. He conocido el lado negativo del fútbol. El lado positivo es muy bonito, pero hoy estás en el techo y mañana estás en el suelo. Pasas de la gloria a mañana estar hundido. Lo más importante es tener un equilibrio emocional. Ni sentirte tan bueno cuando estás bien, ni tan mal cuando no se salen las cosas.

¿Cuál ha sido el hueso más duro al que ha tenido que enfrentarse esta temporada?

Cada vez que miro los extremos izquierdos, digo buf. Son los más rápidos, los más habilidosos (ríe). Son los mejores del equipo contrario. Bryan Zaragoza, Vinicius, Samuel Lino, Savinho… El que más me ha puesto en complicaciones ha sido Lino, aunque Savinho también me gustó mucho el otro día.

¿Les suele analizar antes?

Me gusta generalmente estudiarles un poco, pero no mucho. Ellos también tienen que fijarse en mí para perseguirme y bajar. Le intento dar ese valor, aunque sin pasarme de la línea.

¿De dónde sacó las fuerzas el otro día para rebañar un balón a Savinho en el tiempo de descuento con el partido sentenciado?

Iba un poco con la bombona, que se dice (ríe). Yo siempre soy de seguir hasta el final. Ya me di cuenta que la afición recompensa esos esfuerzos. Aún me quedaba un poco de aire. Me jugué un poco el penalti. Ya le dije: “¡Ya vale, no paras! (ríe). Hay que entregarse hasta el final más allá del resultado.

Para llegar al punto físico en el que se encuentra, que es una de sus cualidades, ¿requiere de un esfuerzo extra en su preparación personal?

Puedo dar gracias a que tengo unas condiciones físicas muy buenas. Soy un jugador que igual depende más de su físico que otro jugador que igual es más técnico. Hay que darle importancia a la nutrición y al descanso. Tengo que sacar provecho del físico.

¿Siempre ha sido así?

Te diría que sí. Destacaba por mi físico. Igual antes era más pequeñito y eso hacía que no destacara en infantiles al comienzo. En cadetes y juveniles fui creciendo.

¿Va mucho a Cascante o cómo aprovecha el tiempo?

Entre semana me suelo quedar aquí porque los viajes son pesados. Una hora de ida y una hora de vuelta se suele notar. Por las tardes suelo estudiar. Estoy haciendo una carrera. Me viene bien para desconectar. Me gusta también leer. No quiero estar todo el día centrado en el fútbol.

¿Qué estudia?

Estudiaba Derecho. Lo he terminado y me faltan las prácticas. Y ahora he empezado Magisterio. La idea es tener dos carreras.

Pocos futbolistas de Primera podrán presumir de ello.

Estar formado siempre viene bien. Mi madre siempre me aprieta un poco… Fútbol, pero también estudiar.

¿Viene de familia de futbolistas?

Mi padre no ha jugado. No le gustaba el fútbol nada. Tiene poquita idea (ríe). Le han salido dos hijos que juegan. Mi hermano Javier se formó en la cantera de Osasuna como yo. Está en el Tarazona en Primera RFEF. Siempre que puedo me escapo a verle. Es extremo derecho. Me pasa dos años. Nuestros padres se han sacrificado para los entrenamientos, los partidos...

Los padres suelen apretar a los hijos pensando en que tienen a un potencial futbolista.

¡Aquí ha sido todo lo contrario! Tenía otras aficiones.

¿Se quiere mucho a Osasuna en su pueblo?

Hay mucho cariño. Vienen a El Sadar a los partidos y a los desplazamientos. Sufren como todos. A ver este fin de semana.

¿Se les ha pasado el disgusto del partido del Girona?

Fue un palo duro y más después de ir ganando 2-1. Para mí, lo más difícil en el fútbol es remontar. Estábamos bien y en el minuto 70 recibimos un gol. Fue un golpe muy duro. También somos conscientes de que el Girona está en un momento positivo. Les sale todo. Nosotros estamos… Igual en otro momento ese partido lo ganamos 3-1.

¿La semana como ha ido? ¿Hay tranquilidad dentro?

Estamos con confianza. Hemos corregido los errores y hemos incidido en lo que hemos hecho mal. Pero también hemos hecho cosas bien y eso hay que potenciarlo. No todo es malo.

Este sábado, otra vez a El Sadar.

Conozco a Las Palmas del año pasado en Segunda. Es un equipo al que le gusta tener el balón, con la línea muy adelantada. Va a ser un rival muy difícil. Ganaron el otro día al Atlético. Están bien colocados en la clasificación. Hay que ser prudentes e ir a por ellos.

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