Una historia demasiado conocida en El Sadar

El estadio rojillo pasó del entusiasmo a la ira tras la decisión de Ortiz Arias de pitar penalti

Ortiz Arias enseña la tarjeta amarilla a Alejandro Catena tras señalar penalti. Posteriormente rectificó a instancias del VAR y expulsó al central de Osasuna
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Ortiz Arias enseña la tarjeta amarilla a Alejandro Catena tras señalar penalti. Posteriormente rectificó a instancias del VAR y expulsó al central de Osasuna
Ortiz Arias enseña la tarjeta amarilla a Alejandro Catena tras señalar penalti. Posteriormente rectificó a instancias del VAR y expulsó al central de Osasuna

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María Vallejo

Publicado el 04/09/2023 a las 06:00

Siempre pasa igual. Viene el Barça, y ante la duda, la balanza se inclina hacia el mismo lado. Viene el Madrid, y la balanza se inclina hacia el mismo lado. Viene el Atlético... y lo mismo”. La desesperación de un aficionado rojillo que enfilaba la salida de El Sadar rumbo a la parada de la villavesa resumía el sentir de los miles de personas que acudieron al estadio para ver un enorme partido de Osasuna. Que en caso de interpretación del reglamento, la decisión tirará para los grandes.

Es difícil quitarle de la cabeza a la afición esa sensación cuando observa el trabajo de su equipo y las acciones en el área son castigadas de diferente forma según el color de la camiseta. Según el experto en arbitraje Luis Obregozo, el colegiado madrileño Miguel Ángel Ortiz Arias acertó reglamento en mano en las jugadas más polémicas, pero siempre la consideración de “suficiente contacto” depende de una opinión en un segundo.

Sea como fuere, El Sadar navegaba en un mar de entusiasmo por la entrega del equipo, por la capacidad de maniatar al Barcelona, por la magnífica aportación de los jugadores que venían siendo reservas, por el golazo del Chimy... y todo se estropeó en cuestión de instantes.

Los 21.966 espectadores que presenciaban el choque, un centenar de ellos barcelonistas, vieron cómo Osasuna se reponía de la tristeza europea y tuteaban al campeón de Liga. Salvo dos acciones de Gündogan en el inicio, uno de ellos al palo, los rojillos controlaron muy bien al equipo de Xavi, provocando la pasión en la grada. El público se contagiaba de la frescura de un bloque renovado y con muchas ganas de agradar. Las internadas de Areso, la soltura de la dupla Ibáñez-Muñoz, la magia de Aimar... Todo era positivo, pero el gol no llegaba. Cuando el córner en contra del minuto 45 se transformó en gol de Koundé, el segundo del francés con la camiseta del Barça, la parroquia reclamó falta sobre Ibáñez. No se pitó. Primer enfado.

En la reanudación se protestó también que Gavi se quedara en el suelo para ser atendido, pero el joven canterano necesitó que le graparan la oreja por una herida. Motivos había... El partido era intenso y la grada se venía arriba. Los cánticos fueron in crescendo, como en las mejores noches de El Sadar.

PAÑUELOS BLANCOS

Los cambios dotaron de una intensidad aún mayor a Osasuna. Tenía que llegar el gol. Y lo que llegó fue un zambombazo espectacular que provocó el delirio. El Barça parecía contra las cuerdas ante Osasuna y su afición le llevaba en volandas. Pero en 5 minutos, El Sadar mutó de la euforia a la ira. Todo por un penalti de los considerados rigurosos de Catena a Lewandowski. El enfado de la afición con Ortiz Arias fue a más cuando, tras revisar la acción el VAR, la amarilla al mostoleño se convirtió en roja. Para más inri, queda la duda de si hubo paradinha del polaco y si entró De Jong.

Además, se produjo un codazo de Oriol Romeu a Pablo Ibáñez dentro del área que no se señaló. Los pañuelos blancos se asomaron a la grada cuando la última caída de Budimir en el área no se consideró penalti. La decepción fue enorme pero se transformó en orgullo para despedir a los suyos. Fueron, con todas las de la ley, un equipo valiente y luchador. Los arbitrajes, los grandes, los pequeños, quedaban para la tertulia posterior camino de la villavesa. La historia ya conocida.

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