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Celta 1-2 Osasuna

El Chimy dinamita Vigo

Dos soberbios goles del argentino lanzan a un Osasuna de Europa

Ampliar El Chimy Ávila celebra uno de sus goles en Vigo
El Chimy Ávila celebra uno de sus goles en Vigoefe
Actualizado el 05/11/2022 a las 22:55
El Chimy Ávila dinamitó Balaídos con dos goles de su propiedad. El argentino ejerció de artillero con esos remates tan propios cuando goza del esplendor físico y anímico, a la altura de su explosión cuando fichó por Osasuna antes de que sufriera la primera grave lesión. El Celta se quedó estrangulado con un latigazo seco escorado fuera del área que tomó una dirección plana y con un cabezazo lejano muy complejo de ejecutar, por el impulso tan potente que consiguió darle gracias a un salto de trapecista. Jugando en la banda derecha, el de Rosario fue un verdadero francotirador en Balaídos, escenario donde los rojillos no ganaban desde hace 16 años y donde firmaron un nuevo triunfo que les hace lucir la piel de Europa antes de recibir el martes del Barcelona. Es una noche esperada que promete emociones.
Dentro de todo el esfuerzo que invirtió este Osasuna para agarrar los tres puntos, entre fases de fútbol reconocible y momentos de apretar los dientes, el brillo de los goles marcó una primera media de hora que resultó decisiva. Arrasate había repetido alineación, la que había desplegado una sinfonía hace una semana. Era otro rival, que estrenaba entrenador, y otro estadio, de no gratos recuerdos. Otro contexto en definitiva al que hubo que amoldarse para alcanzar el éxito.
El Chimy lanzó a quemarropa en el minuto 7 con un disparo inesperado. Budimir había ganado el duelo por alto, Kike Barja cedió la pelota a Moi Gómez y este amagó hacia la portería ante la defensa celeste que hacía la basculación. Su decisión, como todas, fue la acertada. Vio a su derecha al argentino, que sin espacio armó la pierna desde el exterior. Fue un zapatazo tremendo, de alta escuela con el empeine, bello en el vuelo a media altura, cruzado hacia la diana de gol justo al poste, inapelable ante el vuelo de su compatriota Marchesín.
Jagoba le había colocado en el costado derecho dentro de ese once nuevamente con la mirada ofensiva. El estado de forma del equipo y la situación clasificatoria, aparte de los mimbres, invitaban a ir a por el partido de verdad, sin caer en la tentación de armarse con otro perfil de futbolistas. Primero había golpeado Osasuna, pero el Celta iba a apretar con el vuelo que siempre regenera la llegada de un nuevo entrenador.
UN RITMO ELÉCTRICO DE LOS DOS
Poniendo el foco ahí, el Chimy tenía otra misión, la de poner freno a un Javi Galán que es un lujo para este equipo que tan pronto ponía entusiasmo en sus ataques como que se entristecía, señal de su alarmante inestabilidad. El lateral zurdo celeste, que también sufría lógicamente en defensa en ese duelo, sorprendió en el minuto 10 con una llegada por sorpresa que acabó con un remate a las nubes. El pase había sido genial de Iago Aspas, uno de los futbolistas de la Liga que más por encima esté del rendimiento que ofrece su grupo. El 9 rojillo se cargaba después con una tarjeta. Había que saber gestionar todas las emociones.
Jugaban los dos conjuntos a un ritmo eléctrico. Se presionaban y se atacaban. El Celta sometió a Osasuna un espacio reducido de minutos. Que llegara el gol del empate no podía extrañar. Una falta que sacó Óscar se paseó peligrosamente. Tocó Aitor como pudo a córner. Enseguida, Larsen mandó la pelota junto al poste en otro remate. A Iago Aspas le correspondía el honor de celebrar la igualada. Combinaron Cervi y Galán de nuevo por la izquierda, y controló el balón para ponerlo cerca de la escuadra golpeando el larguero. El golpeo había sido de nota.
Se acabó el Celta, volvió Osasuna. Así hasta el descanso. Antes de la media hora, el Chimy volvió a exhibir su alma dinamitera. El centro se lo puso Manu Sánchez desde la izquierda, quizá sin tanta fuerza como la que imprimió la cabeza del argentino. No es habitual ver un gol de cabeza a tanta distancia. Dotarse de esa potencia física para dibujar semejante salto rompe con la norma. Cuestión de las leyes físicas. La pelota salió como un resorte, botó en la hierba y se incrustó en la red, no lejos de donde acabó el primer gol de su gran tarde en Balaídos.
El 1-2 mejoró el fútbol rojillo, iluminado siempre del pie de Moi Gómez, el derecho o el izquierdo, en esa nueva posición por dentro donde flota para marcar los tiempos según pida la jugada. El tarjetero Figueroa Vázquez cargó de amarillas a Osasuna, con cuatro en esta primera parte, y eso fue lo único negativo de un tramo donde se gobernó con criterio. Con una volea de Unai García lejana y peligrosa se llegó al descanso.
BUSCANDO EL CONTROL
Aimar Oroz se mostró más en la reanudación. Encontró los espacios que antes le tapaba el Celta, a ratos mandón pero estéril, sin que fuera un partido del todo fluido. Budimir también quería unirse a la fiesta del gol. De nuevo se le resistió. Lo intentó con dos remates por alto. El primero se le marchó fuera tras una sensacional transición colectiva. El otro le salió sin fuerza a poca distancia de la portería, pero bien marcado.
Era el momento para hacer cambios. A Osasuna le faltaba ese último pase para traducir su juego en algo más, porque no renunciaba a atacar. Nacho Vidal, recién entrado, conectó un lanzamiento difícil desde fuera que volvió a enmudecer Balaídos.
Parecía estar cómodo Osasuna, que conservaba el oxígeno con los cambios. El Celta no llegaba. Se empachaba de balón sin profundidad. Torró hacía de nuevo su papel de mariscal y los García afilaban la pierna para el despeje de turno o en el duelo de turno por arriba o por abajo. Aspas tenía que bajar a recibir. Galán amenazaba por la izquierda. Hasta que llegó el gran susto.
Figueroa señaló el punto de penalti al interpretar que David García había golpeado el balón con el brazo en el área con una posición antinatural. La victoria se ponía en cuarentena. Era el minuto 77. Aspas cogía el balón para lanzar desde los once metros. El VAR llamó al orden. Esos minutos de tensión depararon el esperado cambio de decisión. No había infracción alguna. El brazo estaba bien, la pelota venía de abajo. Respiraba Osasuna.
Hubo que apelar al sentimiento de resistencia para jugar lo que faltaba. El Celta no se rindió. Aspas realizó un bonito remate acrobático que paró Aitor Fernández. El centro se lo puso Paciencia, que dio más mordiente a los gallegos con su salida. El ariete portugués disfrutaría de la mejor ocasión para empatar después, pero se encontró con los reflejos del meta de Osasuna para reaccionar en la dirección del disparo. Aitor culminaría su partido al escupir otro disparo suyo. Golazos, fútbol, presión, dominio alterno, videoarbitraje y sufrimiento. Por todo hubo que pasar para conquistar Vigo. Esto promete cada vez más.

LAS CLAVES

La pegada puede decidir partidos

Osasuna no generó demasiadas ocasiones. Llegó a tres cuartos, pero quizá le faltó precisión para el último pase. En cualquier caso, le bastó la pegada para romper el marcador. El Chimy marcó dos goles de primer orden. Con la derecha y de cabeza. Ambos desde lejos producto de su potencia física. Jugó de nuevo en banda. Lleva ya seis en Liga.

La capacidad de resistir da puntos

Hubo fases en las que el Celta apretó, otras no tanto aunque tuviera el balón en su poder. Antes del 1-1 de Iago Aspas, los gallegos amenazaron en dos llegadas. En la segunda parte también, sobre todo en la parte final. Osasuna supo defenderse bien. Torró y los García son de hierro.

Moi Gómez ilumina el juego por dentro

Los focos se los llevó el Chimy, y bien merecidos, pero hubo más protagonistas destacados. Por ejemplo, Moi Gómez, otra vez canalizador del juego interior con sus continuas apariciones. Rara vez elige mal y su precisión es altísima. Su balance defensivo también aporta al equipo.

Galán y Aspas, por encima del Celta

Son los dos mejores activos que tiene el cuadro celeste. Ayer lo demostraron. El lateral fue un extremo. Osasuna sufrió con sus incursiones. De Iago Aspas, poco que descubrir. Generó pases a sus compañeros y fue el más peligroso en el remate. Marcó el gol y realizó una volea acrobática.

El VAR y Aitor aguantan el 1-2

Osasuna había pasado por varios estados durante el partido. Aprovechó sus momentos para ponerse por delante y mandar en el juego, pero también tuvo que sufrir cuando las cosas se complicaban. El VAR y Aitor echaron una mano. Figueroa rectificó al ver la imagen en el monitor y el portero rojillo hizo varias paradas de mérito al final, sobre todo una a Paciencia.

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