Opinión
Más Oieres e Iñigos
Se marchan dos tipos especiales, auténticos y normales en una esfera anormal, alejada de la realidad. Dos personas capacitadas para aportar dentro de Osasuna a medio plazo


Publicado el 23/05/2022 a las 22:31
En un fútbol cada vez más artificial, menos de carne y hueso y más alejado su gente, pegado al big data y las audiencias, además de inclinarse al show mediático, emergen dos raras avis como Oier e Iñigo Pérez. Como dos rayos de esperanza poco comunes. Cada cual a su manera, con su forma de expresarse y actuar. Pero con rasgos compartidos en peligro de extinción. Reflexivos, comprometidos, naturales, cercanos y con un mensaje poderoso que transmitir. Tópicos fuera. Hablemos de cómo percibimos el club y la importancia de mantener el ADN de Osasuna. Dos despedidas con mensaje.
¿Se imaginan esto en boca de un futbolista de otro equipo cualquiera? ¿O de un jugador dentro de 30 años? Tiende a perderse en el tiempo. Se llama sentimiento de pertenencia y han demostrado tenerlo muy dentro. Oier, rojillo de cuna, ha enarbolado como nadie esa bandera. Ese camino grada-campo-grada del que hablaba Iñigo en su emotiva carta. Un aficionado que defiende en el césped a su equipo del alma. Se echan en falta más Oieres e Iñigos. Llenos de nobleza, trabajadores muchas veces en la sombra, sin acaparar la atención.
En su adiós, al bajar la marea, se ha visto toda su trascendencia. Compañeros entregados, afición volcada y lluvia de elogios sinceros. Uno como capitán del equipo de su tierra se ha alzado como el sexto jugador con más partidos de la historia de Osasuna. Y eso que siempre veía mejores a sus compañeros cuando desembarcó en Tajonar procedente del Izarra. Lo ha hecho a base de trabajo, inteligencia, constancia y esos intangibles tan Oierescos. ¿Sería esto posible tal y como está montado el fútbol hoy en día? Delante de El Sadar leyó un discurso de su puño y letra.
Iñigo Pérez también escribió un texto valioso. Sentimientos puros. Contra el producto ultraprocesado, tan de moda, dos corazones abiertos y sin filtros. Ninguno ha tenido un camino fácil. Lesiones y cesiones a Vigo y Mallorca para volver con otra mirada. Termina un ciclo aceptando un rol secundario en minutos pero crucial en el vestuario.
Oier es un espejo en el que mirarse para todo canterano osasunista. Implicación máxima. Se marcha como un mito. Importante con todos los entrenadores y en cualquier posición. Camaleónico. Pitera, como dijo él, al servicio del equipo. Un líder.
Iñigo, la extensión del entrenador sobre el campo, persona ejemplar y altas capacidades para ser lo que quiera dentro del mundo del fútbol. Varios jugadores con larga carrera en otros clubes han quedado impresionados con su potencial.
Se marchan dos tipos especiales, auténticos y normales en una esfera anormal, alejada de la realidad. Pies en la tierra. Dos personas capacitadas para aportar dentro de Osasuna a medio plazo. Ahora sueltan el amarre hacia un nuevo horizonte. Un adiós doloroso. Que sea un hasta luego.