Andrés Fernández: “Hemos pasado desde agosto 133 test de antígenos y 36 PCR”

El responsable médico del club reconoce el desgaste que ha supuesto extremar los protocolos

Andrés Fernández: “Hemos pasado desde agosto 133 test de antígenos y 36 PCR”
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Andrés Fernández: “Hemos pasado desde agosto 133 test de antígenos y 36 PCR”Fernando Ciordia
Andrés Fernández: “Hemos pasado desde agosto 133 test de antígenos y 36 PCR”

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Fernando Ciordia

Actualizado el 29/05/2021 a las 06:00

Lleva 27 años trabajando en deportes de máxima competición. Kárate, gimnasia y rugby fueron sus parcelas antes de adentrarse en el fútbol con el Rayo y el Alcorcón. Andrés Fernández Posada (nacido en Madrid en 1963, aunque asturiano de corazón) ha cumplido su segundo ejercicio en Osasuna al mando de los servicios médicos. Nunca había vivido algo semejante con todo el desgaste para mantener intacta la burbuja. Los resultados le avalan.


¿Tiene ganas de vacaciones?

El año pasado acabamos tarde, por lo que hubo pocas. Nosotros no paramos, teníamos que preparar todo. Cuando llegas a noviembre ya estás desgastado. No paras en Navidad, y partido miércoles-domingo, miércoles-domingo. Hubo una época de lesiones en noviembre-diciembre-enero... Ha sido duro en todos los sentidos. A nivel deportivo, a nivel profesional y a nivel personal. El resultado ha compensado todo. Llevo desde el año 94 en el deporte de elite y ha sido el más duro con diferencia. Ni una preparación de Juegos Olímpicos ni nada.

¿Qué ha influido para que la burbuja se haya mantenido estable?

Hay un factor suerte que existe. Pero aquí hemos sido muy estrictos con ciertos comportamientos. Hemos intentado llevar a rajatabla todo. Tuvimos el caso de Budi que lo trajo de Croacia y el único ha sido el de Rubén García. Creo que hemos sido el equipo con menos casos. Todos hemos respetado protocolos y comportamientos. Algunos los ves y dices que esto es absurdo, pero bueno. El problema fue que al final de Liga, los que teníamos menos casos éramos los que teníamos más riesgos. En Osasuna teníamos solo a tres jugadores con anticuerpos. Cuando te estás jugando todo, resulta que eres el más expuesto.

Al final no hubo sustos.

Ha habido mucho trabajo preventivo. La más mínima cosa que puedes ver, se para y se analiza para hacer las pruebas que sean oportunas. También es verdad que nos han hecho un mínimo de cinco test a la semana.

Eso traducido en una temporada, son decenas.

Los tengo numerados. Te puedo decir que han sido 133 antígenos y 36 PCR a cada uno. Desde agosto. LaLiga a partir de octubre o noviembre dejó las PCR y ya lo hacían todo con antígenos.

Ha sido una forma de vida.

El problema es lo que te genera alrededor. Ha habido una inquietud permanente. Te llama un jugador y te dice que en el colegio de su niño un compañero de clase ha dado positivo. Si yo estoy en una consulta en un centro de salud y me viene ese caso, le digo que tranquilo, que no pasa nada. Pero aquí eso no nos vale. Tienes que blindarlo. Al jugador se le hace la PCR en la Clínica. Son cosas que no están en ningún protocolo. Tienes que extremar todo y anticiparte. Hemos tenido contacto estrechos, sí. Pero los hemos llevado a rajatabla. Lo normal es que no pase nada, de acuerdo. Pero si nos mete el virus nos vamos todos fuera. Se ha mantenido la burbuja a base de trabajo.

¿Demasiado estrés en el día a día?

Estás en casa a las diez de la noche. “Oye, mi hijo tiene fiebre. ¿Qué hago?” Tú ahí tienes que ver si esa situación puede afectar o no. Y eso que los jugadores lo tenían muy claro. No te puedes relajar ningún segundo. Lo del nunca pasa nada es que hasta que pasa.

Sin utilizar las duchas, mínimo tiempo en el vestuario...

Ahora se habían montado unas duchas detrás al aire libre, pero si no hace calor no se puede. Nos dejaban la ropa a cada uno en un sitio, la del entrenamiento del día siguiente. De casa venías cambiado y cuando llegabas dejabas la del día anterior. Y así. Nada de duchas y limitar todo. Tenemos la suerte de que tenemos muchos vestuarios. A la hora de ponerse las botas, al haber siete u ocho, se dividían en grupos de tres jugadores y manteniendo las distancias. En Liga, hemos estado en vestuarios con menos espacio que aquí en Tajonar. Estas instalaciones nos han dado mucho juego. Tenemos un gimnasio amplio donde hemos hecho cosas por turnos y separados.

¿El bar ha estado cerrado para los desayunos y comidas?

Toda la temporada. Ha tenido trabajo extra el nutricionista. Lo ha hecho fenomenal. Aparte de los controles habituales y planificación de viajes, les ha marcado las pautas de alimentación. Ha llegado este año nuevo al club y ha encajado muy bien. Se llama Aitor Ugalde. Ha ido pieza fundamental.

¿Los desplazamientos han sido otro quebradero de cabeza?

Se ha mantenido la burbuja. Dos autobuses. Uno jugadores y otro cuerpo técnico. Llegabas al hotel y normalmente había un área reservada para nosotros incluso con ascensores marcados solo para nosotros. Teníamos una sala de tratamientos solo para nosotros. No nos mezclábamos con nadie. En alguno tenían gente, pero había zonas acordonadas. Recuerdo en Valencia había un vigilante para controlar las trayectorias. Ascensores y plantas separadas.

Tampoco se han duchado en los estadios.

Esa es otra. Al no poderte duchar había que volver. Se duchaban cada uno en su habitación y vuelta otra vez. Al final, todo esto nos ha llevado a asumirlo. Ahora estoy en una terraza con mi mascarilla mirando a la gente y tengo la guardia alta. Aunque se pueda entrar a un bar, prefiero quedarme en casa por lo que pueda pasar... No es miedo, lo tienes mecanizado por todos los protocolos. Ahora estamos a la espera de ver qué marca la Liga para iniciar el año que viene.

¿También ha controlado Tajonar aparte del primer equipo?

Todo. Hemos tenido más casos en el Promesas. Es lógico. He tenido la suerte que desde el segundo uno con la coordinadora de Salud Pública ha habido una relación perfecta y nos ha ayudado un montón. Quizá el primer equipo dentro de lo complicado que es, es más fácil porque tienes a todos controlados. Pero el Promesas, fútbol base... Hemos tenido dos episodios de posibles brotes . Todo eso hay que gestionarlo. El problema es que ya no se puede gestionar vía Liga. Recurres a Salud Pública y te apoyas en la Clínica. El control con ellos es más complicado. Algunos están en residencia y hay brotes. Es complicado para prevenirlo y controlarlo. Llegó un momento que teníamos a cuatro chavales que aparentemente cada uno era de un origen diferente. Era difícil identificarlos, el origen de dónde podían venir.

“Esta temporada ha habido menos lesiones”
¿Las lesiones han sido comunes en todos los clubes ante una temporada tan cargada?

Empezamos y casi el 80 por ciento eran traumáticas. Es un tópico echarlas a la mala suerte pero es que realmente eran la luxación de hombro de Darko en un amistoso, el otro cruzado del Chimy en el entrenamiento, el ligamento lateral de Calleri en el partido contra el Eibar, el ligamento lateral de Aridane contra el Athletic... Luego se juntaron las lesiones musculares. Roberto Torres, Lucas Torró, Jony... Hubo un momento en que tuvimos diez lesionados de los cuales seis eran traumáticos, donde no puedes hacer nada. El calendario estaba cargado entonces. Ya no es que tenga que jugar el que esté bien, sino de los que tengo tocados, cuál es el que está menos mal para jugar. Eso condiciona alineaciones, entrenamientos y secuencia de partidos. Desde fuera no se ve. A raíz del último partido de Copa, empezamos a recuperar gente. La rotura de Roncaglia, que fue bastante importante, fue la última desgracia. Hasta ahí.

¿Qué ha sido lo más raro?

Ha habido casos particulares como el de Darko. Es una persona encantadora. Le ha pasado de todo. Tiene una luxación de hombro y se opera. Juega dos partidos y fractura de peroné. Se recupera y tiene el contacto estrecho de un familiar. Se nos ha juntado todo. Al menos, el covid nos ha respetado quitando cosas muy puntuales.

¿Se cambió el trabajo para prevenir las lesiones?

He hecho un recuento de lesiones. Parece que este año ha habido muchas, ¿verdad? Pues contando esta última de Unai, hemos tenido 42 lesiones y el año pasado 63. Han sido menos lesiones musculares. La diferencia ha sido que se nos ha concentrado todo en dos meses y fue más complicado con algún jugador que se debía dosificar. La media que teníamos en diciembre ponía los pelos de punta, pero luego se ha equilibrado. He visto los datos del Real Madrid, con más de 60, y yo lo entiendo. Su temporada ha sido como nuestros meses de diciembre y enero, muchos partidos. La culpa es de los calendarios que se organizan.

¿Se asustaron en la jugada de Unai García contra la Real?

Sí, porque el gesto es muy feo. Cae justo delante del banquillo. Es un gesto de posible lesión del cruzado posterior. Dentro, ya vimos que la rodilla estaba estable, pero no dejaba de ser la operada. La resonancia lo confirmó. Tiene lesiones menores. Los cruzados y los meniscos están bien. Ahora tiene tiempo para descansar. En tres o cuatro semanas estaría ya solucionado.

¿Qué impresión les ha causado el Chimy?

Está como es él. Lo que pasa es que la gente piensa que al verle en el campo ya está como antes. Necesita un tiempo. Son 14 meses. Les ves entrenar y está muy bien. Le falta ese tiempo de competición. Las rodillas están bien. A nivel físico, es un prodigio. Tiene unos datos y unos valores de salto que son espectaculares.

¿Qué problema ha tenido Jony con tantas lesiones musculares?

Empalmaba una con otra. Su característica es la explosividad. Ha tenido isquio, la más gorda, aductor y recto anterior. Son de sitios diferentes. Le han condicionado. Te rompe. No dejas que tengas ritmo de entrenamiento. Además, llega un momento en que el equipo está rodado y es complicado meterse en ese ritmo.

Un equipo convive con las lesiones musculares.

No te puedes fiar nunca. A veces son lesiones pequeñitas. El 99% de los jugadores tiran para adelante siempre. Quieren y quieren. Juegan con molestias. Le dices: ‘tenemos este riesgo’ y lo asume. Al final es un decisión de todos. Esas pequeñas lesiones... Muchas veces estamos en el banquillo rezando para que no pase nada. Pero hay una recompensa a nivel médico. Terminas y viene el jugador y te da un abrazo. Para mí, el principal problema de las lesiones musculares es valorar cuándo vuelve a entrenar otra vez y asumir ese porcentaje de riesgo que siempre hay. Hay estudios que dicen que en un 25% de las lesiones del isquio se puede recaer. Y no es porque se haya hecho nada mal. Además, a nivel muscular repercuten muchos factores. Que no te hidrates bien, que tengas preocupaciones en casa o un problema externo que te mantiene en tensión. Los jugadores son personas, no hay que olvidarlo.

Ha habido lesiones de todo tipo.

Y a veces, depende del puesto. Por ejemplo, tenemos la lesión de un portero de una mano e igual te condiciona cuatro o cinco meses. Pero esa lesión en un jugador de campo ni deja de entrenar. Se lo sujetas y adelante. Es lo que ha pasado por ejemplo con Rubén Martínez y David García. No es tanto la gravedad de la lesión, sino el puesto. No es lo mismo la lesión de Jony que su fuerte es la velocidad que en un central. Por otro lado, aquí estamos bien tratados por la Clínica. Para el club es un privilegio que vengan traumatólogos como Andrés Valentí o José Lamo.

¿Ha habido que parar a algún jugador que estaba tocado?

Sabes que algunos tiran estén como estén, pero tienes que valorar el rendimiento que dan al equipo. Recuerdo un portero en el Alcorcón. Quería seguir tras un fuerte golpe en la cabeza. Le tuve que sacar el campo. Muchas veces el jugador no lo entiende y en ese momento se enfada contigo. Alguna vez me ha pasado que te enfocan en la tele y los amigos me dicen que estaba echando la bronca al jugador. Cuando pasa el tiempo, te da la razón.

Kárate, gimnasia y rugby antes que fútbol
Su trayectoria está vinculada al deporte de élite.

Me siento hasta mayor a veces (ríe). Sí, empecé en el año 94 con la selección de kárate. Estuve con ellos 22 años. Estuve otros 11 con las selecciones de gimnasia. Cogí tres periodos de Juegos Olímpicos. Pensaba que era lo más duro que había vivido hasta que llegué aquí (ríe). También estuve en un equipo de rugby de Madrid que fue campeón. Luego en 2014 empecé con el Rayo. Estuve un año. De ahí me llamaron del Alcorcón. Allí estaba muy bien y de buenas a primeras, apareció Osasuna. No conocía a nadie del club. Mi hija estaba estudiando en Pamplona y conocía la ciudad. Desciendo de Asturias, mi tierra, y me gusta el norte.

Lleva dos años.

Al llegar me tocó la parte bonita. Todo el mundo con la alegría del ascenso. Llegas a una fiesta en el mejor momento. Se para todo y es más complicado porque en esa época se me multiplica el trabajo. Tengo que estar pendiente de muchas cosas. Deportivamente acabamos muy bien y todos contentos. En esta segunda temporada empezamos más justos de todo, lesiones, resultados... Ha sido mucho más difícil. Pero aquí tanto el cuerpo técnico como la gente de arriba te dan un apoyo que en otros sitios probablemente habría generado más problemas al verse de otra manera. Nos entendemos. Trabajar con ellos es una gozada.

Siete temporadas en el fútbol. ¿Cambia sobre la gimnasia?

Cambia muchísimo en el día a día. En la gimnasia no hay temporadas. Todo se cifra en Europeo, Mundial y Juegos Olímpicos. En uno de mis primeros Mundiales, había camisetas en unos puestos con la frase “si la gimnasia fuera fácil, se llamaría fútbol”. Pero cuando estás en el fútbol, te das cuentas de que no es tan fácil. Tú dile a un trabajador que no sabe cuándo va a tener vacaciones. Estás de vacaciones y te llaman porque tienes que venir. Llega un año como el pasado y solo tienes una semana. No paras en Navidad, no tienes fines de semana. Eso es el fútbol. Hay un trabajo detrás que no se ve. Pero estás aquí porque tienes ese gusanillo. El día que no lo tenga, me preocuparé. La idea es seguir en Osasuna.

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