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Osasuna 0-0 Real Madrid

Solo faltaron ellos

El público fue el gran ausente en una jornada marcada por la nieve y la épica, pero el contexto estuvo a la altura del día

Solo faltaron ellos
Solo faltaron ellos
Actualizado el 10/01/2021 a las 06:00
Nieve, frío, partido de noche, el Real Madrid como rival, el imponente estadio El Sadar... Los ingredientes aventuraban un encuentro épico, pero faltaba el factor que sirve de pulmón en días como el del sábado. El público. En el calendario de una temporada se marcan en rojo jornadas como la de ayer donde una superpotencia mundial del fútbol visita la casa de un modesto y humilde club, en todos los sentidos. El siguiente relato cronológico trata de acercar al aficionado la emoción que se vivió en el gélido -por vacío y frío- feudo pamplonés.
A las 19:18 horas el Real Madrid salió de su hotel de concentración situado en Beloso. La última estrategia blanca para provocar la suspensión del encuentro fue dudar de que su autobús oficial pudiera subir la pronunciada cuesta debido a la nieve y el hielo. Lo cierto fue que las arterias principales de Pamplona estaban en perfectas condiciones. 24 minutos después, la expedición blanca llegó a El Sadar por el lado del Navarra Arena. El poco público que había en los aledaños del estadio se quedó sin ver de cerca siquiera el autobús. Quizá hubieran sido recibidos a bolazos de nieve, como se rumoreó entre los comunicadores. A esa hora había tráfico denso con los autocares de ambos equipos maniobrando en el pequeño espacio que permiten las obras y los operarios de Osasuna retirando la nieve y lámparas que todavía hacían su labor sobre el maltrecho terreno de juego. Juan Carlos Sanz, jefe de jardinería de la entidad rojilla, era el director de las operaciones de ese trabajo en la sombra que fue indispensable para la disputa del encuentro.
Una vez dentro, la música que acompañó al calentamiento de ambos conjuntos hizo su particular homenaje post mortem ‘Boni’, voz, guitarra y fundador de Barricada. Además de los jugadores, una decena de operarios rojillos se coló entre los futbolistas para seguir retirando la nieve. La afición hubiera agradecido en la previa la encomiable labor de los trabajadores, pero fue el speaker quien se encargó de ser el altavoz de todo el osasunismo. “Gracias y enhorabuena por el trabajo”, gritó.
SOLDADOS ROJILLOS
La salida al campo también dejó un detalle muy comentado. Todos los jugadores de Osasuna vistieron con manga corta, a excepción de Sergio Herrera, Nacho Vidal, Aridane y Calleri. Por contra, en el Real Madrid la manga larga, ropa térmica y guantes fue el outfit elegido para la ocasión.
Los primeros minutos fueron de tanteo, para comprobar de verdad el estado del terreno de juego. Los tres cuartos de campo presentaban el peor aspecto. La banda de Preferencia también estaba encharcada y blanda, pero nada excepcional para catalogar como impracticable el verde. Ante esta situación, los defensores de ambos conjuntos fueron expeditivos. Patadón para evitar problemas. Pronto se lo recordó Sergio Ramos a Varane, tras conceder un córner por un mal control que casi acaba en gol de Oier al primer palo. Pero no se abusó del patadón, también se jugó al pie. Mientras tanto la nieve, que había parado en el inicio, volvía con intensidad. Un hecho que obligó a los suplentes a cambiar su ubicación en la grada y subirse más alto para resguardarse.
El tiempo de descanso sirvió para ver de nuevo en escena a los operarios rojillos, que retiraron con delicadeza la nieve que había en ambas porterías. Primero, el contorno de las áreas; y, después, el resto. Chapó. El punto logrado también fue obra de ellos.
SUPLENTES EN MODO FOROFOS
El Real Madrid subió las marchas en el segundo acto y el premio pudo llegar en una jugada personal de Asensio que desbarató Sergio Herrera. Sin afición, el portero rojillo alentó a los suyos, sobre todo, a los defensores. Arengas también recibieron los jugadores locales a través de las palmas y gritos de los suplentes. Incluso aprovecharon las vallas del graderío para hacer ruido y crear una atmósfera de presión. Los decibelios subieron en el tramo final cuando petardos y fuegos artificiales sorprendieron a todos. Se lanzaron desde la calle Sadar, pero se debieron escuchar por todo Pamplona y en las televisiones de los domicilios. Osasuna, entre tanto, tiraba de casta y corazón en busca de un tanto que pudo firmar Roberto Torres.
El marcador no se movió, pero el punto sabe a victoria. Así lo agradeció la junta directiva al completo con una sonora ovación mientras los rojillos se retiraban a vestuarios. El trabajo, dentro y fuera del campo, había sido impecable en una larga jornada para todos. Osasuna, en todos los sentidos, está de vuelta.
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