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Javier Aguirre

Aguirre: “Osasuna es un virus que se te mete en el cuerpo y ya no sale nunca”

Dejó huella en Osasuna y Osasuna dejó huella en él. Lo refleja con pasión en el libro ‘Porque somos Osasuna’ cuando desgrana un pasado que marcó una época en el club. Este sábado vuelve a El Sadar dispuesto a reflotar al Leganés

Javier Aguirre, hace escasos días cuando visitó el Camp Nou con el Leganés.
Javier Aguirre, hace escasos días cuando visitó el Camp Nou con el Leganés.
Efe
  • Diario de Navarra
Actualizada 27/06/2020 a las 06:00

Nuevo capítulo del libro “Porque somos Osasuna”, de Daniel Ramírez García-Mina, cuya segunda edición aumentada acaba de llegar a las librerías. Javier Aguirre (Ciudad de México, 1958) cuenta que, cuando era niño, en México, un navarro llamado José Ignacio Goenaga fundó allí un equipo llamado Osasuna. Mismo escudo, misma camiseta. “Mi padre me apuntó… ¡Quién me hubiera dicho entonces que mi vida iba a estar ligada a este club! Luego vinieron la breve etapa como jugador en 1986 y los cuatro años de entrenador. Osasuna está dentro de mí”.

Se resta mérito, pero fue talentoso y jugó el Mundial 86. “Era muy malo. Y eso en mi país me ayudó. También era malo con el árbitro y los rivales. Destaqué porque allí se hacía un fútbol bonito. Pero en Osasuna… ¡todos tenían cara de malos! Rípodas, Lumbreras, Martín, Castañeda, Vicuña… Allí ya vi que iba a ser como de la familia”.

Un año antes de llegar a Osasuna recorrió en tren Europa con su mujer y otros matrimonios. Vino a San Fermín. “Amanecí bastante perjudicado en la Vuelta del Castillo. Me desperté con los cordones de ambos zapatos entrelazados y, por eso, me caí al levantarme. Fui a Estafeta y me apoyé en el vallado. Con un cubata más habría corrido el encierro”, se ríe.

¿Qué es Osasuna para usted?
Osasuna es un virus que se te mete en el cuerpo y ya no sale nunca. Mi historia rojilla empezó mucho antes de lo que la gente cree.

¿Cómo se gestó el fichaje en aquel verano de 1986?
Fue un engaño a medias -bromea-. Había jugado más de ochenta partidos con la selección de México. Algún gol tenía que haber marcado… Creo que eran unos veinte. Hicimos un vídeo en el que sólo aparecían esas acciones frente a unos equipos de muertecillos... Goenaga, del que te he hablado antes, tenía un hermano que trabajaba en la Caja con Fermín Ezcurra, el presidente. Le enviamos el material en un avión. ¡Creían que era el nuevo Hugo Sánchez! Además, mi entrenador en la selección era Bora Milutinovic, en ese momento yugoslavo, igual que Ivan Brzic, que dirigía Osasuna. Hablaron por teléfono y lo cerraron.

Así llegó a Tajonar.
Sí, recuerdo que me presentaron a Unzué, a Goiko, a Arozarena… El fotógrafo me pidió que hiciera unos toques con la pelota. ¡No conseguí ni tres! ¡Vaya petardo el Aguirre! Salí fatal en las imágenes de Diario de Navarra. Se dieron cuenta de que no era una estrella.

¿Cómo era aquel Osasuna?
Jamás había visto un equipo en el que hubiera tanta gente de la cantera. Te cuento una anécdota. Un día nos reunió a todos Enrique Martín y, en plan de risa, nos comentó: “Pero, ¿cómo vamos a ganarle nosotros al Real Madrid? ¡Si somos una cuadrilla de navarros!”. Y entonces fue preguntando a cada uno por su pueblo. Cuando llegó a mí, le dije: “México”. Él respondió: “Bah, bah”. Enrique, ingrato, ¡que somos millones de habitantes! Oye, dábamos mucha guerra a los grandes.

Una vez contó: “Yo era un centrocampista que pegaba demasiado, pero en Osasuna encontré más picapiedras como yo”.
¡Sí, sí! Mira, jugábamos rondos en el entrenamiento. ¡Y qué patadas se daban! Yo les increpaba: “Oye, que sólo hay una pelota para todos”. Me tuve que poner espinilleras para entrenar. Estaba en mi hábitat natural. Rípodas, Bustingorri… Había mucho salvaje. Me integré rápidamente en la familia.

¿Su primera vez en El Sadar?
Fue impresionante. El “Hola don Pepito, hola don José”, aquellas bengalas… Un campo encerrado en sí mismo. He visto el miedo en la cara de los rivales. He escuchado a entrenadores decir a los suyos: “Venga, que no muerden”. Pero nadie encuentra el antídoto. Qué buenos aquellos cánticos de los Indar Gorri. Son como para escribirlos. Una maravilla. Helguera, Guti… Qué cosas les decían.

¿Cómo fue la jugada aquella de la fatídica lesión contra el Sporting?
La afición se dio cuenta desde el primer momento de que yo no era el refuerzo que necesitaban. Jugaba raso, sencillo, hacia los laterales… Y eso provocaba un runrún. Querían entrega, balón largo. Soñaba con que algún día me aplaudieran. Ese día íbamos perdiendo y me lancé a por esa pelota imposible. No quise saltar al arquero, lo intenté hasta el final. Era malo, pero demostré mi bravura. Creo que me lo reconocieron.

Al día siguiente, contaron los periódicos que los rivales y el árbitro le pedían que se levantase.
Me insultaban, me decían que no fingiera… Cuando vi que no podía insultarles yo a ellos, me di cuenta de que tenía la pierna como una escoba. Me quemaba.

¿Cómo se fraguó el nuevo fichaje para ser entrenador?
Yo estaba en la Copa América de seleccionador y llegamos a la final contra Colombia. Ganamos a Uruguay, Brasil, Chile… Un periodista de Marca se enteró de que soy hijo de vascos y me hizo una entrevista. El titular fue algo así como: “Me encantaría dirigir en España”. Lo leyeron varios directivos rojillos. Entrevistaron a tres técnicos para la temporada 2002 y me cogieron.

¿Había cambiado mucho ese Osasuna desde 1986?
No. Mantenía y mantiene su esencia. Había algún extranjero más, pero yo me apoyé mucho en la gente de casa: Josetxo, Puñal, Cruchaga, Palacios… El día que Osasuna se convierta en una gran empresa y deje de ser una familia… ¡Ay!

¿Cómo se le ocurrió meter a Osasuna en la Champions?
Te cuento otra anécdota buenísima. Negoció mi contrato un chico que conocía mi querido amigo Ángel Martín González. Escribió algo así como: “Si logra la permanencia, una prima de X. Si queda entre el 15º y el 10º, una prima de X+10. Si el equipo acaba entre el 10º y el 6º, X+50”. Entones, el chaval preguntó: “¿Y si nos metemos en UEFA?”. Le respondieron: “¡Pon lo que quieras!”. Y él repreguntó: “¿Y Champions?”. “¡Joder, te regalamos el club!”. No los volví a ver.

El otro gran éxito, la final de Copa.
Aquel mar rojo que inundó el Vicente Calderón… Pudimos ganar. Si te meten cuatro, no pasa nada y te vas a casa, pero estuvimos al borde. Lloré por nuestra afición. Se merecían la Copa. Todavía lo recuerdo… Es Historia. Les dije a mis jugadores: “Disfrútenlo, ni ustedes ni yo volveremos a una final”.

Solía decir que los jugadores eran como sus hijos. ¡Bakayoko!
Uy, Bakayoko… Gran jugador, sí, pero… Sólo hablaba francés. Hacía de traductor entre nosotros Webó. Teníamos unas enfrascadas… Cuando discutíamos, me ponía a insultarle y Webó me decía: “Míster, no voy a traducir eso, lo siento”. Una tarde lo puse a calentar, pero decidí hacer otros cambios. Se acercó a mí y me aplaudió en la cara. Le ladré y me ladró. Se montó una… Cuando acabé el partido me fui corriendo al vestuario y me puse en una esquina, contra la pared, para que así no pudiera derribarme. Apareció sin camiseta, vaya abdominales tenía. Se acercó y pasó de largo. Menos mal, bendito sea Dios. Me habría destrozado.

No jugó demasiados partidos…
Mi filosofía, y la de Osasuna, exigía otro tipo de jugadores. Más entregados. Webó, Aloisi, Milosevic… Bakayoko era un finolis, no encajaba. No nos podíamos dar ese lujo. Necesitamos esfuerzo. Mira el Osasuna de ahora. ¡Corren como locos! El día que dejen de hacerlo…

También estaban Chengue Morales, Pablo García…
¡Y Cruchaga! Que era guapo, pero también daba patadas, ¿eh? Bromas aparte, no están bien las patadas. De verdad. Pero yo traté de implantar un carácter luchador, me gustaba que los rivales sintieran el frío nada más saltar a El Sadar.

¿Es verdad que Milosevic fumaba en el descanso?
Le encendía un cigarro el utillero. Le daba tres caladas rápidas y ya está. Era su estimulante. Mientras rindiera en el campo… Era muy comprometido, se rompía el alma. Sabía que no me iba a fallar.

Sus charlas a los jugadores terminaban así: “¡Dejaremos aquí piel, alma y corazón!”
Sí, pero has quitado los tacos… me parece bien. Es que me siempre me pongo en el lugar del aficionado. Si yo, en la grada, veo indolencia, me molesta. Me daba igual que perdiéramos, pero quería que la gente de El Sadar disfrutara de un equipo que se dejara la piel. La derrota sólo se concibe con sacrificio. Les gritaba: “Corred mucho, jugad bien y ganad”. En ese orden. Jamás olvidaré un 1-5 frente al Athletic. La grada no dejó de rugir. Aún se me pone la piel de gallina.

Los tres partidos que más le marcaron en su etapa en Osasuna


Este viernes en rueda de prensa, Javier Aguirre hizo un repaso de los tres partidos que más recuerda de su paso por Osasuna antes de enfrentarse a su exequipo en El Sadar. “Uno es el último de Liga en casa contra el Valencia para ir a Champions. Nos llevaron en volandas a la Plaza del Castillo. Fue fantástico”, indicó sobre el que certificó su pase a la previa de LaLiga de Campeones en 2006.

También contra el mismo rival recuerda otro en el arranque de una experiencia que resultó muy provechosa para él: “Llegué en 2002, mexicano, tras el Mundial, y pierdo de los primeros 9 partidos, 6. Eran motivos para que me echaran. Venía el Valencia de Benítez. Era el campéon. Vino y le dije a mi mujer: ‘Haz las maletas, nos vamos el lunes a México’. Pues ganamos 1-0 y me quedé hasta el final. Ese partido me dio vida. Gol de Iván Rosado, al que le mando un saludo”, indicó.

El último fue la final de Copa. “No olvido la marea roja y la actitud tras perder, que fue como si hubiéramos ganado la Copa”.

Sobre el choque de este sábado, señaló: “Los más necesitados somos nosotros mismos. Estamos todo el año en descenso. Una losa anímica brutal que hemos cargado”.


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