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Real Sociedad 1-1 Osasuna

Un punto y buenas sensaciones en el regreso a la competición de Osasuna frente a la Real Sociedad

Adrián, en su mejor partido, marcó el 0-1 de penalti y Oyarzabal puso las tablas en un partido que no acusó el parón

Actualizada 15/06/2020 a las 09:30

 

Osasuna no perdió el tiempo en San Sebastián para resolver todos los interrogantes que caían sobre él, en cierto modo lógicos por las circunstancias que pesaban en el regreso a la competición. Que si la Real Sociedad, que si las lesiones, que si la semana de tres partidos contra tres rivales de altura... Los rojillos solventaron el primer reto con muy buenas sensaciones. Cuajaron una primera parte de sobresaliente y aguantaron en la segunda para firmar un partido completo que les afianza en la tabla.


Diez puntos sobre los puestos de descenso cuando restan otras tantas jornadas invitan a pensar en que la permanencia está cada vez más cerca. Eso dicen los números, que son los que mandan, pero la imagen ofrecida en la vuelta a la Liga también abre el pasillo al optimismo. Volvió Osasuna como un bloque trabajado como si no hubiera pasado el tiempo desde aquel 8 de marzo. Del grupo pudieron sobresalir algunas individualidades. Fue un partido vivo y de intensidad. Gustó ver esa valentía por bandera.


Sensación de equipo


Arrasate gestionó un once sabiendo que el miércoles hay partido. Quiere contar con todos. Torres o Aridane ni saltaron. En este caso formó con una defensa de tres centrales cambiando su partitura más clásica. Ya lo había hecho el día de la Copa en San Sebastián y también en San Mamés. Se equivocó quien pensara que esto era una declaración de intenciones para meter al equipo atrás y renunciar al balón. De autobús, nada de nada. El de Berriatua dio una lección táctica a su amigo Imanol Alguacil, especialmente en el primer tiempo.


Después de tres meses fue realmente meritorio que Osasuna se comportara con unos automatismos tan propios. Cada pieza sabía qué hacer en cada momento. Estaba entrenado. No es sencillo hacerlo ya. En posicionamiento y en ritmo se vio una escuadra desconfinada. Supo cuando ir a la presión y cuando dar un pasito atrás cuando la Real le saltaba la primera línea. Los donostiarras pincharon en hueso con esa tela de araña navarra. Odegaard no entró en combustión y esto era una buena noticia para un equipo que siempre quiso estirarse por dentro y por fuera en cuanto robó la pelota.


Adrián alcanzó una merecida cuota de protagonismo. Más vale tarde que nunca. Quien le ha visto entrenar después del parón, sabe que el delantero estaba destacando porque físicamente se encuentra mejor. Si hay piernas, de técnica anda sobrado el asturiano. Se le vio con hambre además. Flotó entre líneas, apareció para ofrecerse continuamente y se remangó para echar una mano en defensa. Lo positivo para Osasuna fue verle en el área con capacidad de intimidación, lo que se le pide a los buenos delanteros. Templó y pensó en muchas jugadas con esa parada propia que tiene, como si estuviera parando el tiempo.


El punta se había arrimado con un balón que picó ante Remiro para ser rematado en el cuarto de hora, el preludio de la acción en la que provocó el penalti infantil de Le Normand. Era el minuto 29. Adrián robó la pelota y la centró al área, donde picó el central francés con la mano. El propio jugador rojillo cogió el balón enseguida, prueba de su confianza, para mandarlo a la red desde los once metros con maestría.


La Real Sociedad estaba desconocida. Osasuna le había anestesiado. Nacho Vidal y Estupiñán, que sigue jugando a una velocidad diabólica hasta el minuto 95, estiraban al equipo por las alas. Por dentro Darko agitaba el árbol con sus irrupciones y arriba funcionó bien Cardona en la presión, más participativo y activo que en partidos precedentes. Por nombrar a otro secundario, Raúl Navas también presentó su candidatura a ser principal en este tramo final del campeonato.


La espuela de Darko


Los donostiarras solo dispusieron de una ocasión en la primera mitad, la que tuvo Aritz y que desbarató Rubén con una gran mano. Salieron mejor en la segunda parte para empujar atrás a un Osasuna que pese a todo nunca renunció al segundo gol. Cardona con la puntera exterior lanzó el balón fuera por poco.


La Real encontró su gol de la mano de un Oyarzabal al que fue difícil parar. Rubén Martínez le había impedido marcar en el minuto 53 pero siete más tarde nada pudo hacer cuando el capitán txuriurdin definió tras una potente carrera de William José.


No pareció que se pasaran apuros para defender el punto. Tampoco es que el equipo se echara atrás. Había músculo y cabeza. El Osasuna de siempre. Con los cambios, solo tres de los cinco, siguió a lo suyo y más fresco. Darko tuvo la última en el descuento con un remate de espuela que rozó el palo. Hubiera sido un broche perfecto, pero el empate y la buena imagen no sientan nada mal.

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