Miriam Rivas, la patinadora que marcó gol en El Sadar
La interior rojilla hizo patinaje durante 12 años, pero se cambió al fútbol y hace 2 llegó al equipo de su vida


Actualizado el 11/03/2020 a las 10:10
Miriam, con “m” (en su DNI figura con “n” porque en el registro a sus padres no le dejaron ponerlo como ellos querían y a ella le gusta), Rivas lleva el número 7 a la espalda. Posiblemente, el más emblemático del osasunismo. Ella se ha unido a nombres comoEcheverría, Urban o Cruchaga que lo lucieron durante muchos años. Sin embargo, esta pamplonesa de 29 años, autora del primer gol marcado en El Sadar el pasado domingo ante el Alavés, no se ha sentado en el sitio con el 7 del vestuario rojillo en estos dos encuentros en el estadio. Ha elegido el 9, donde se sienta Xisco, porque uno de los hijos del delantero es alumno suyo en Fundación Osasuna. Para esta entrevista, sin embargo, la interior derecha rojilla se pone junto al 7, con el que tantas alegrías está dando al osasunismo.
Miriam Rivas es una de las futbolistas de largo recorrido que ha llegado a Osasuna tras pisar muchos campos y vestir muchas camisetas. Pero lo más curioso es que durante años fue patinadora de velocidad y llegó a estar en la selección española. El gusanillo del fútbol siempre estuvo, y sin duda esa rapidez y resistencia que derrocha es lo que le sirve ahora para brillar como futbolista. La joven pamplonesa tuvo ayer un día intenso. No pudo dormir tras un domingo histórico, atendió a numerosos medios y después se fue a entrenar. Ayer no hubo tiempo para estudiar las oposiciones a maestra a las que se quiere presentar. Su cabeza está en otras cosas.
“NI EN MIS MEJORES SUEÑOS”
“Llevábamos dos semanas soñando con que llegara el día y estamos muy felices”, admitía ayer la rojilla, que anotó en el minuto 3. “No me esperaba ese comienzo ni en mis mejores sueños. Llevaba soñando con un gol en El Sadar mucho tiempo y qué mejor que este partido en el que necesitábamos la victoria. Nos dio tranquilidad y confianza para defender el resultado. Sabíamos que iba a ser duro pero acabamos muy contentas. Fue un final de infarto”, apuntaba.
Después de la euforia, hay que poner los pies en el suelo. “A día de hoy, hemos conseguido ser líderes pero no sirve de nada si no ganamos el domingo. Hoy vuelta a la realidad y a trabajar a tope para ganar el último partido. Entonces sí podremos celebra que somos campeonas de Liga”, avisaba.
ÚLTIMO PARTIDO, ANTE EL COLISTA
Logroño es la meta. Revellín, el último partido. La afición tiene su cita a menos de una hora de Pamplona. “La gente se está animando en nuestros partidos importantes. Hay gente que no nos había visto nunca y se está enganchado, les ha gustado vernos jugar. Se nota el apoyo, porque nos escribe gente interesándose por nosotras. Logroño está cerquita y sabemos que los de siempre no nos van a fallar, pero esperamos que la gente se anime porque podemos ser campeonas, algo que no es nada fácil”.
Ahora toca pisar el suelo cuando se juega contra el colista. “No nos podemos confiar. Llegamos como líderes y parece que somos las favoritas. Pero en estos 90 minutos puede pasar cualquier cosa y ponérnoslo difícil. Tenemos que salir muy serias y no despistarnos con la emoción y la euforia. Llevamos una dinámica buena pero hemos sabido cuando llega el lunes estar serias y centrarnos. hasta que no ganemos el domingo no cantaremos victoria”, advertía.
La historia de Miriam es curiosa. “Me gustaba el fútbol pero me regalaron unos patines de pequeña y me apuntaron a San Juan, de donde soy socia. Hice patinaje de velocidad desde los 5 a los 17 años, pero eran muchos entrenamientos y competiciones y no lo podía compaginar. Yo llevo el fútbol en la sangre, y jugaba con mis hermanos, los compañeros del colegio, mi padre era árbitro... No estuve en ningún equipo porque estaba en la selección de patinaje y me iba muy bien. Empecé en fútbol después de lesionarme en patinaje. Jugué también en San Juan, en 2007, las chicas que jugaban me daban envidia y me cambié radical al fúbol. Después de dos años me fui a Lagunak, que estaba en Primera. Estuve tres años. Era muy exigente, muchos viajes y estaba estudiando. Volví a algo más tranquilo, necesitaba trabajar y ganarme la vida. Estuve dos años más en San Juan hasta que desapareció, el mismo año que Osasuna”, recordaba la futbolista.
Vivió una etapa en el Burladés y el Mulier. “Tengo muy buen recuerdo. Me llamó el EDF de Logroño y me pillaron con ganas de cambiar de aires. Tenían aspiraciones de subir a Primera. Estuve un añito, aunque acabamos a un punto de la fase. Llevo varios años con la txirrinta de jugar una fase de ascenso. Me llamó Osasuna, me tiró la tierra, el escudo, es el club de mi vida. Me dio pena porque estaba a gusto, pero no me lo pensé porque muchas compañeras iban a venir. Lo de este año no lo cambio por nada, jugar ante esta afición, en nuestro estadio y con este fin de Liga. Ganarla sería un sueño”, reconocía.
Y, si ganan, les espera, sin descanso, el play-off. “No nos importa”, asentía con su gran sonrisa.