OSASUNA 0-0 REUS

Osasuna tiene una herida abierta con El Sadar

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Osasuna tiene una herida abierta con El SadarJosé Antonio Goñi
Osasuna tiene una herida abierta con El Sadar

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Fernando Ciordia

Actualizado el 18/02/2018 a las 09:15

Una herida abierta es la que tiene Osasuna con El Sadar, antiguo campo de bellas batallas y que ha sido noticia esta semana porque necesita una reforma y su anterior dueño quiere comprarlo. Al equipo también le hace falta una lavado de cara cuando se presenta ante sus aficionados. Es un problema que se está agravando y que impide que no se produzca ese salto emocional que espera el graderío.

El Reus se marchó de Pamplona pleno de satisfacción. Para un club de bajo presupuesto y que solo tenía referencias del escenario cuando lo veía por televisión en Primera, tiene que ser una experiencia gratificante poder competir al nivel de ayer. Si Querol hubiera acertado con su disparo en el tiempo de descuento, la desigualdad de sentimientos entre los dos contendientes hubiera sido mucho mayor. Afortunadamente para Osasuna, el punto subió al casillero aunque el desencanto no se palió con nada.

Fue un partido ciertamente infumable, de aburrir al respetable, que se desarrolló desde una primera parte decepcionante. No hubo rastro del Osasuna de Almería, ese que reclamaba Diego Martínez en la previa y sus jugadores en la semana. El Osasuna de la continuidad en el juego que buscaba convencer a su afición de lo que está haciendo con honor a domicilio. No fue ese conjunto armónico que sacó la sonrisa con el balón y la garra en defensa al mismo tiempo. Ofreció en la tarde del sábado una imagen gris, sin conjunción ni movilidad que sorprendiera a este Reus tan valiente. Olieron los catalanes que a Osasuna se le puede perder el respeto este año en El Sadar. Se sintieron cómodos en su disposición, con esa pizca de peligro que siempre impuso Yoda. El extremo francés de origen costamarfileño fue el activo más desequilibrante por el costado derecho. Le faltó afinar en el área, pero los problemas que generó a Clerc y a Oier no pudieron abortarse. El técnico del Reus, Aritz López Garai, confesó posteriormente cómo había diseñado la pizarra: era cuestión de que sus laterales guardaran la posición atrás esperando a los carrileros de Osasuna, en zona de nadie, para buscarles la espaldas con sus puñales de banda.

El balón corría más cuando lo tenía el Reus que cuando lo intentaba Osasuna, lento e impreciso. Con un once titular con más de la mitad de jugadores de corte ofensivo, la cosecha de acciones peligrosas, no ya de ocasiones, no pasó de un disparo tibio de Quique en el minuto 25. Dio siempre la sensación de que la pelota iba forzada, a trompicones, y de que los jugadores estaban parados, mientras el reloj corría hacia el descanso. El Reus practicaba ese fútbol que anestesia desde atrás sin que tuviera enfrente un rival que subiera de revoluciones la presión. El desacierto era total, hasta para poner un balón en condiciones en jugadas de estrategia.

UN CUARTO DE HORA SALVABLE

Tras dos disparos de Yoda con los que comenzó el segundo tiempo, Osasuna aceleró su dañino ralentí. Se abrió un cuarto de hora que frenó el bostezo generalizado. Fue el momento de Quique, que sigue divorciado con el gol esta temporada. Primero le anularon un gol (estaba en posición ilegal) y después lanzó un disparo al palo desde una posición cruzada en una buena maniobra en el área. Lleva cinco, no son pocos. Había sido la única combinación viva trenzada por el equipo rojillo, que pareció entonces enchufarse para enterrar su triste primera mitad.

El empuje se vio frenado en el camino que llevó al final de partido. Los cambios de Diego Martínez, dos porque el tercero no lo hizo, tampoco modificaron la inercia negativa. El Reus seguía dando la cara en un Sadar que rompía el silencio para dar unos aplausos de bienvenida a Lekic.

Querol fue otro de los hombres de refresco del cuadro de Tarragona. Avisó con acción en el minuto 65 y sembró el pánico cuando el partido ya estaba acabando. Tras la enésima pérdida de balón de Osasuna se hizo camino para llegar a posición centrada de disparo, al que no dio una dirección desviada junto al pelo. Se estaban jugando minutos en los que el equipo de Diego Martínez no ofrecía ninguna señal de poner en aprietos al Reus.

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