La metamorfosis de Osasuna

La media de goles encajados por partido ha pasado de 2,47 a 0,62 en una campaña

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Fernando Ciordia

Actualizado el 09/10/2017 a las 06:00

Confesaba hace escasos días Diego Martínez que cuando llegó a Osasuna, el club le pidió dos tareas: recobrar la versión competitiva y mejorar la faceta defensiva. El pasado pesaba como una losa. El técnico de Vigo entraba en un vestuario que la temporada pasada se había desangrado con la friolera de 94 goles en 38 jornadas. El triste dato colocó a Osasuna en el podio de los peores de la historia de Primera, junto al Lleida de la campaña 1950-51 (134 goles) y el Nàstic de la 1949-50 (99 goles).

La aportación de Sergio Herrera, la estabilidad de la defensa de cuatro y los automatismos del equipo son las claves
El otoño ha devuelto la seguridad defensiva. La media de tantos en contra ha pasado de 2,47 del ejercicio anterior a 0,62, los que resultan de estas ocho jornadas. Se comenzó con algunas concesiones a balón parado, pero la herida que venía de atrás parece cicatrizarse. Sergio Herrera ha recogido de sus redes solo cinco goles y en cuatro encuentros ha logrado mantener la portería a cero, siendo éste uno de los grandes retos para los aspirantes al ascenso.

En Cádiz se agarró con uñas y dientes para mantener su imbatibilidad, que se alarga a 338 minutos antes de la visita del Albacete de Martín. Los tres penaltis que paró le convirtieron en el gran protagonista de la jornada futbolera. De 24 años, este mirandés ya apuntó su categoría la temporada pasada en el Huesca en su estreno en Segunda. Firmó para cuatro años, con una cláusula de 6 millones en Segunda y de 8 en Primera (el 40% iría para su club anterior).

Defensa consolidada

Diego Martínez cambió a su llegada el esquema habitual que heredó. Su apuesta inicial es la de cuatro defensas, y no los cinco de otras épocas. Según vaya el partido mueve las piezas a tres centrales, como ha ocurrido con la inclusión de Unai en las dos últimas jornadas. La línea se recita de memoria: Lillo-Aridane-Oier-Clerc. El equipo presenta automatismos.

Se ejerce una presión alta y ordenada desde los delanteros, y los interiores también se ofrecen para ayudar a los laterales. Se ficharon dos pivotes defensivos como Torró y Arzura para ganar en equilibrio, y lo dan, pero también Mérida ha dado un paso en la agresividad. Ha vuelto la solidez y la frescura física para aguantar un ritmo alto todo el partido. Osasuna sabe apretar en el último cuarto de hora y ha aprendido a aguantar si el partido lo pide. Que no haya lesiones (por ahora) también refleja la calidad de trabajo que ha impuesto este cuerpo técnico.

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