Final del Mundial
Último asalto al bicampeonato
España necesita volver a ofrecer su mejor versión para superar a una dura argentina y que dominará la grada


Publicado el 19/07/2026 a las 05:00
Llega el gran día. Después de cinco semanas de competición, 103 partidos disputados, todos con estadios llenos, emoción a raudales, polémicas arbitrales, alegrías y decepciones mayúsculas, y alguna que otra cacicada vergonzosa de la FIFA, el Metlife Stadium de Nueva Yersey acogerá esta noche (21 horas) una apasionante final de la Copa del Mundo. Un España-Argentina, ni más ni menos. Por todo lo que implica -rivalidad, hermanamiento, suspicacias, calidad e instinto competitivo de los futbolistas, importancia histórica y demás cuestiones deportivas y sentimentales que sería prolijo enumerar-, nos encontramos ante uno de los duelos con más alicientes que se pueden ver en el mundo. El campeón de Europa contra el campeón de América y último campeón del mundo, la finalísima que no se pudo jugar en marzo por la guerra de Irán ahora en julio y en unas condiciones mucho más interesantes y emotivas. Y es que no hay nada comparable a una final del Mundial.
Para los futbolistas españoles, como ellos mismos han confesado, se trata del partidos de sus vidas. Para los argentinos diríamos que es el segundo de sus vidas, ya que el primero lo disputaron el 18 de diciembre de 2022 en Catar, cuando liderados por un Messi de 35 años, igual que ahora con 39, se proclamaron campeones del mundo tras ganar a Francia en la tanda de penaltis. De hecho, hasta nueve jugadores de Scaloni que hoy tienen todos los visos de ser titulares lo fueron hace cuatro años. Los únicos que no estarán son Otamendi, ahora suplente, y Di María. Habrá que ver si esta diferencia, la de ser un debutante en estas lides o tener ya el bagaje de una experiencia, además victoriosa, tiene alguna influencia en un duelo único. Lo cierto es que es muy difícil medir estas cosas. Como lo es valorar la influencia que tendrá la superioridad manifiesta de la hinchada argentina en las gradas, donde se espera que más de 50.000 de los 82.000 espectadores que caben en el Metlife Stadium animen a la albiceleste.
EL GRAN INTERROGANTE
Todos los análisis que se han hecho estos días coinciden en resaltar una cuestión que se antoja clave en la resolución del partido. Hay otras, empezando por la pura suerte, las jugadas a balón parado, el impacto de estrellas como Messi y Lamine Yamal, o la actuación de Slavko Vincic, un aspecto éste, el arbitral, del que España guarda el recuerdo terrorífico de Howard Webb en la final de Sudáfrica permitiendo la cacería sangrienta de los holandeses. Pero en lo deportivo todas las miradas están enfocadas en la batalla de la medular. La gran inquietud que se plantea parte de una opinión compartida: los centrocampistas españoles tienen más calidad que los argentinos y la mayoría de la posesión va a ser suya. Ahora bien, ¿cuánto van a poder incomodar los medios argentinos, gente del nivel de Enzo Pérez, McAllister, Paredes o De Paul, si es que juega, a Rodri, Fabián, Olmo y Baena, que también va por dentro en muchos momentos?
Esta es la clave principal y lo saben los dos equipos, empezando por sus respectivos entrenadores. De la misma manera, tanto Luis de la Fuente como Lionel Scaloni saben que esa batalla por el balón la podrán ganar sus equipos, paradójicamente, cuando no lo tengan y deban recuperarlo. El deseo de España, por supuesto, es repetir una actuación sin balón como la que tuvo ante Francia. Si la consigue, para lo cual necesitará ofrecer de nuevo una respuesta física formidable, tendrá muchos boletos para superar a una Argentina cuyo guión está claro: impedir que su rival le someta con un posesión que le dé profundidad e intentar que pasen pocas cosas en las áreas. La albiceleste quiere un pulso igualado, hacer eso que se llama un partido largo, tirar de oficio, rascar todo lo que haga falta y dejar que España se desgaste y se acabe agobiando para luego crecer ella y mostrar su enorme pegada en el último tramo. Un dato espectacular a este respecto: de los 19 goles que ha hecho -récord de una selección en el siglo XXI-, 12 los ha marcado más allá del minuto 80.
COMPETITIVIDAD
Se avecina un pulso sensacional entre dos selecciones que no pueden ser más competitivas, cada una a su manera. Todos saben cómo compiten los argentinos. Esta gente se pone la albiceleste y juega como si tuviera a su madre secuestrada y solo la victoria sirviera para rescatarla. La competitividad de España llega más del cerebro que de la médula o las vísceras. Viene del convencimiento enorme que los futbolistas de la selección tienen en su estilo de juego y en su calidad técnica. No hace falta decir que el partidazo ante Francia terminó de elevar el nivel de autoestima de la Roja, la seguridad en sí misma para derrotar a una Argentina cuya mayor virtud en esta Copa del Mundo, aparte de disfrutar de unos arbitrajes más que benévolos -veremos donde pone hoy el listón de la permisividad el árbitro esloveno- ha sido su impresionante capacidad de supervivencia. A eso no les gana nadie y les da un plus de confianza. Uno tiene muchas razones para creer en sí mismo cuando ha remontado y ganado en los instantes finales o en las prórrogas hasta cuatro partidos, el último ante Inglaterra.
Respecto a las alineaciones, parecen bastante claras. Parece evidente que España va a repetir el once que maravilló ante Francia. En el caso de Argentina sí hay una duda. Scaloni están dándole vueltas a una decisión compleja: si alinear a Giuliano Simeone para tener más recorrido por la banda derecha, o sacar a De Paul para añadir un centrocampista más.