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Mundial de Catar 2022

Mbappé-Hakimi, amistad a prueba de bombas

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Mbappé y Hakimi, compañeros en el PSG, con las camisetas de sus respectivas selecciones, Francia y MarruecosEFE/REUTERS
Actualizado el 12/12/2022 a las 14:37
Durante meses fue el secreto mejor guardado del mundo del fútbol ¿Seguirá Kylian Mbappé en el PSG o se irá al Real Madrid? Nadie era capaz de contestar a la pregunta con argumentos. Cuando en mayo pasado el atacante anunció que se quedaba, todo el vestuario del equipo francés confesó que lo desconocía hasta el último momento.
¿Todo? No. Achraff Hakimi lo supo "unos días antes", según dijo el exjugador del Real Madrid, que puso así dimensión a la amistad que une al marroquí con el francés, cómplices en el PSG, rivales este miércoles por un puesto en la final del Mundial de Qatar.
Unos días después de que el fútbol colocara frente a frente a Hugo Lloris con Harry Kane, dos camaradas del Tottenham que pasan juntos muchas de sus vacaciones en familia, el emirato del golfo Pérsico vivirá una situación parecida.
Mbappé y Hakimi no son del mismo año aunque su nacimiento solo difiere en un mes, no son del mismo país, aunque comparten las mismas lenguas, no tienen la misma cultura, pero ambos disfrutan de las mismas aficiones.
El suyo fue un flechazo que surgió en el verano de 2021, cuando el marroquí llegó a la capital francesa procedente del Inter de Milán, convertido en uno de los fichajes estrella de aquella temporada.
El francés le adoptó desde el primer momento, fue su guía en los campos de entrenamiento de su nuevo club, su consejero en el vestuario, su "cicerone" en la ciudad.
Mbappé le ayudó a encontrar casa, le mostró los restaurantes de moda y le enseñó a adaptarse a una ciudad a la que otros, sin el mismo consejero, tardaron meses en encontrarle el sentido.
Hakimi y Mbappé hablaban español, el uno porque creció en Getafe, en las afueras de Madrid, el otro porque tiene la ambición de saberlo todo. Juntos recorrían París, jugaban a las consolas, acudían a los mismos espectáculos.
En unos meses en los que en el vestuario del PSG, dirigido entonces por el argentino Mauricio Pochettino, primaba el clan latino, Mbappé encontró en el lateral derecho al cómplice necesario para no perder influencia. Y Hakimi al mejor escudero posible, el que sacó la cara por él cuando otros trataron de marcar territorio.
El marroquí invita al francés a Madrid y eso provoca un huracán de comentarios y rumores, en medio de la especulación sobre la llegada de Mbappé al Bernabéu. Los amigos ríen. Se divierten.
Cuando parece que el fichaje por el Madrid puede hacerse realidad, Hakimi deja entrever que su futuro en el PSG no está asegurado. La amistad va más allá del terreno de juego.
En mayo pasado, durante una concentración en Doha con el PSG, la televisión del club registra una secuencia profética.
"LE VOY A DESTROZAR"
Ambos amigos bromean, se lanzan dardos verbales, de esos que no duelen porque llegan envueltos en amistad.
"Aquí voy a jugar contra mi amigo, voy a tener que destruirle. Me va a romper el corazón hacerlo", dice Mbappé entre risas sobre el escenario del Mundial. "Le voy a destrozar", responde en el mismo tono de broma Hakimi.
El miércoles, las bromas tomarán otro cariz. Mbappé será el encargado de romper el fortín marroquí por la banda izquierda donde su amigo Hakimi deberá aguantar el asedio. Saltarán chispas entre dos jugadores en un gran estado de forma, dos amigos que se habían fijado escribir la historia de sus países. Y a quienes todavía queda tinta en sus plumas.
El francés se ha fijado una misión, lograr el segundo Mundial consecutivo para Francia y, de paso, acaparar todos los récords. Por ahora es el máximo goleador de la competición y mantiene la cabeza agachada concentrado en su objetivo.
Hakimi forma parte de la fortaleza marroquí que ha llevado a su nación a las cotas más altas que nunca ha conocido un país árabe ni africano. Cuanto más alto sitúe el listón, más esperanza generarán para el futuro.
Del choque pueden saltar chispas, pero la amistad parece sólida y no se ha enfriado en el Mundial. Ambos jugadores se llaman habitualmente, siguen la evolución del otro.
Cuando Mbappé celebra un gol, hace un guiñó a su amigo que solo ellos entienden. Cuando Hakimi logra el penalti definitivo contra España, imita a un pingüino. "Ellos se entienden", dice el entorno del francés.
El pasado lunes, tras superar los cuartos de final, Mbappé tenía día libre. Mientras sus compañeros lo pasaban en familia, visitaban la ciudad o cenaban en restaurantes, el delantero del PSG aprovechó para ir al hotel de la concentración marroquí y visitar a su amigo Achraff.
"See you soon, my friend" (Te veo pronto, amigo) escribió en redes sociales Hakimi tras superar su duelo contra Portugal y después de que Francia hiciera lo mismo contra Inglaterra.
Será la segunda vez que se vean en Catar en poco más de una semana. Pero, durante unas horas, no será para bromear.
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