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Tommy Trigo: “Me fui a Filipinas a estudiar inglés, se alinearon los astros y me cambió la vida”

El cuarto de los diez hijos de Javier Trigo y la filipina María Gerardina González es navarro, profesor de Primaria y entrena a las porteras de Osasuna, pero en su currículum siempre figurará que llegó a debutar con la selección asiática en 2014 y ganó dos ‘guantes de oro’

Tommy Trigo fue internacional con Filipinas en 2014, y desde entonces se dedica a la enseñanza y a la preparación de porteras
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Tommy Trigo fue internacional con Filipinas en 2014, y desde entonces se dedica a la enseñanza y a la preparación de porteras
Tommy Trigo fue internacional con Filipinas en 2014, y desde entonces se dedica a la enseñanza y a la preparación de porteras

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María Vallejo

Publicado el 09/05/2022 a las 06:00

El joven de la imagen fue portero internacional de la selección absoluta de Filipinas. Es Tommy Trigo y nació en Pamplona hace casi 33 años, pero su madre es natural del país asiático y él acogió la doble nacionalidad. Profesor de Inglés en Primaria en Irabia y entrenador de porteras de Osasuna, las dos dedicaciones son su pasión, porque lo que más le gusta a este ex guardameta es desarrollar el crecimiento personal de los y las jóvenes con quienes tiene que trabajar cada día. Lo hace en sus clases y lo hace en Tajonar, en cada entrenamiento. Y, como él dice, en los partidos se dedica a disfrutar.

Últimamente le está tocando disfrutar mucho con Osasuna, ya que las jugadoras tocan de nuevo el ascenso con las manos. Quién le iba a decir a aquel estudiante de la Universidad de Navarra licenciado en Magisterio y Pedagogía que iba a vivir una vida tan especial e intensa. Con el equipo rojillo inmerso en una apasionante recta final, repasamos con Tommy Trigo su curiosa historia personal, la de un chico normal que debutó con la selección filipina y vivió una aventura inesperada con fans, viajes y hasta guantes de oro.

Profesor y entrenador. ¿Cómo lleva su día a día?

Es duro, porque sales de trabajar y tienes que venir a Tajonar. Llegas a casa a las 10 de la noche. Hay días que haces la mochila a las 8 de la mañana, le das un beso a tu mujer y le dices: “Te veo en la cena”. Hay que tener una buena compañera que te apoye y te anime. Eso me da mucha fuerza. Tengo el sueño de que el fútbol algún día nos dé de comer, pero ser profesor me encanta. No es lo mismo enseñar que educar, tanto en el colegio como en el equipo. Por eso, creo el futuro está en la psicología, en el coaching. La cabeza puede ayudar mucho al rendimiento de un deportista o un estudiante. El año pasado hice un curso de coaching porque creo que es importante la formación continua.

Año 2014. Estaba jugando en la Universidad de Navarra y, de un día para otro, se fue a la otra parte del mundo. ¿Qué pasó?

Terminé la carrera, el colegio me había ofrecido un contrato y también tenía trabajo en un gabinete psico-pedagógico. Y dije: “Si me meto ya en el mundo del trabajo, ya no voy a salir. Tengo que pillar este tren”. Me fui a un viaje con la Universidad a Jerusalén para ver mundo y ahí decidí irme a Filipinas por el tema del inglés.

Así que, en principio, fue con la mentalidad de estudiar.

Se alinearon los astros. Fui a Filipinas a estudiar inglés, a un colegio donde estaba un amigo mío y me dijo si quería jugar allí. Y me ficharon para un equipo. También aproveché para hacer voluntariado y firmé contrato con un colegio. Allí se enteraron de que yo era filipino, y la demanda de porteros era grande, porque no hay muchos altos allá. Hice la doble nacionalidad antes de ir para poder quedarme sin visado ni nada. Primero estuve en un equipo que era entre amateur y profesional y me llamó la selección filipina. Y me cambió la vida. Un entrenador me dijo que me querían probar, pero después me dijo que hiciera las maletas que a las 5 de la mañana del día siguiente cogía un avión a Catar.

¿A qué edad ocurrió?

Tenía 24 años. Había acabado la doble carrera de Pedagogía y Magisterio. Así que hice la mochila y a Catar. Me dieron la equipación y ahí vi que iba a ser profesional. Mi intención cuando fui no era ésa, pero me dio la vuelta todo. Me metí de lleno en la selección filipina, me fichó un equipo profesional, el Loyola Meralco de Manila. El nivel era muy alto. Era como estar jugando en un equipo de Segunda B de aquí a jugar con gente de la segunda alemana, austriacos... Había muchos jugadores como yo, con la doble nacionalidad. Cuando vi que mi historia había salido publicada en Diario de Navarra, en el As... decidí que quería mejorar. Así que le dije al entrenador: “¿En qué puedo mejorar?” Y cuando todo el mundo estaba en el hotel, descansando, yo estaba con un balón y una pared. Hablé con mi padre para preguntarle qué hacía y me dijo: “Coge el vuelo”. Coincidió con la clasificación del Mundial, la Asian Cup y me tocó viajar mucho. Vi toda Asia gratis, cuando yo pensaba que no me iba a mover de Filipinas. Fue un sueño.

Ganó el Golden Glove (Guante de oro).

Sí, dos veces. Pero aquello también tuvo sus cosas negativas..Y cuando estás viendo a la familia y a los amigos por Skype a 18.000 km, sientes soledad. Cuando estaba decidiendo si iba a volver o no, me lesioné. Me tiraron un disparo en un calentamiento y la muñeca se me fue a Cuenca. Estuve dos meses sólo en gimnasio, no podía entrenar, me dolía mogollón y dije: “Tiempo de volver”. Ya sabía inglés, el colegio siempre apostó por mí y me esperó. Fueron dos años buenísimos, intensos. Coincidí allí con un entrenador de porteros, Jon Pascua, del que aprendí un montón y siempre lo mencionaré. Me metió toda la pasión de entrenar, quería ser como él. Ser alguien que se involucra. Y vi que había disfrutado mogollón, que había vivido una buena experiencia, y decidí volver. Como no había ido a por ese sueño, me importó menos dejarlo.

Trigo, con las porteras rojillas, Maitane Zalba y Silvia Pérez
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Trigo, con las porteras rojillas, Maitane Zalba y Silvia Pérezjesús caso
Trigo, con las porteras rojillas, Maitane Zalba y Silvia Pérez

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Aunque para usted haya sido una aventura, es un hito, porque no hay más porteros navarros que hayan ido a una selección extranjera absoluta.

Eso no lo sé. Yo destacaba porque como yo de alto había dos más. Los porteros éramos de doble nacionalidad, por ejemplo iba uno que ahora juega en Inglaterra (Neil Etheridge, del Birmingham). Aprendí muchísimo de él. También coincidí mucho con uno de la liga alemana y aprendía de todos.

Es filipino por su madre, que es natural de ese país. Háblenos de ella.

Sí, se llama Marige, María Gerardina González. Mi madre es de Manila y vino a estudiar a la Universidad de Navarra y conoció mi padre.

Son muchos hermanos.

Conmigo, diez. Yo soy el cuarto. Somos cinco chicos y chicas.

¿Cómo era vivir en casa de los Trigo-González de pequeño?

No te aburrías. Estaba todo el día con planes, haciendo cosas. El mejor equipo que tengo es mi familia, una familia grande y unida. Lo que soy es gracias a mis padres. Y como era el cuarto nunca te sientes importante -bromea-. Siempre hay gente por encima o por debajo. Mis padres nos han transmitido la importancia de la familia unida, de apoyarse y quererse.

Al margen del enriquecimiento personal que supuso la experiencia en Filipinas, ¿guarda recuerdos materiales, guantes, camisetas...?

Tengo una camiseta guardada, con la que fui a la Asian Cup, con el número 26, que siempre es el que me gustaba de pequeño y es el que me tocó. La tengo intacta. Tengo también una del equipo que uso para correr. Pero el resto de material, cuando me fui, lo di todo. Tenía mucha ropa deportiva, marcas me mandaban cosas, los fans cuando supieron que me iba me hicieron un reconocimiento y, como había un colegio que necesitaba material, lo di. Me vine con la mochila de ropa y ya está.

Como chico joven que ha vivido una experiencia tan potente en otro país y ahora hace un trabajo más anónimo, ¿se nota mucho el cambio?

Al fin y al cabo, lo importante es ser famoso con los tuyos, ayudarles, dejar huella. Estando en Osasuna no soy anónimo, porque es mi club. Siempre le estaré agradecido a Kakun (Mainz, entrenadora de Osasuna), que es quien me llamó. Yo veía de pequeño a mi ídolo Víctor Valdés, que me encantaba, y debutó en la selección con el 26, como yo. Por eso quise guardar la camiseta. También pedí ese número en el Loyola.

Loyola viene de San Ignacio.

Sí, es un colegio de allí.

¿Ha vuelto a Filipinas?

No, no he tenido la oportunidad, pero me gustaría volver. Si me llama la selección nacional, me haría ilusión.

¿No le han dicho nada aún?

No, nada, poco a poco. Primero hay que trabajar con las jugadoras y me siento muy bien.

Y se van a ir a El Sadar. ¿Cómo se sienten?

Muy contento. Jugar en tu casa, en El Sadar... No puedo expresar lo que siento, sobre todo por las chicas, que se lo merecen. La alegría de verlas contentas es lo que al cuerpo técnico nos hace felices. Yo estaré en la grada y que disfruten ellas. Es un gran orgullo.

Tommy, de azul, segundo por la dcha, con la selección filipina
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Tommy, de azul, segundo por la dcha, con la selección filipinacedida
Tommy, de azul, segundo por la dcha, con la selección filipina

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“El equipo está en buena dinámica y se nota mucho”

La situación de Osasuna Femenino en la tabla ha llenado de ilusión a jugadoras y cuerpo técnico, de la que Tommy es partícipe. La entrevista se realizó antes del partido de Lezama.

¿Cómo se encuentra el vestuario?

Estamos en una buena dinámica y se nota mucho. Ha ayudado también la llegada de Iñigo, que junto a Kakun han tirado el barco hacia arriba Al principio, sufrimos mucho, se notó, lo pasamos mal a mitad de temporada. Pero haber pasado por ese momento, hace que disfrutemos el doble. Ahora vamos día a día, que es lo que nos transmite Kakun.

¿Se siente partícipe de lo que hacen las porteras? ¿Se mete mucho en los partidos?

Yo lo que hago es disfrutar. De lunes a viernes es mi trabajo, intentar que las porteras compitan al máximo, y luego el partido es de ellas. Cuando encajan un gol no me siento mal y cuando hacen una parada no me siento importante. Las que juegan son ellas. Mi trabajo es que estén contentas, que estén metidas, enchufadas las dos.

¿Cómo consigue que las dos porteras estén motivadas cuando Maitane es la titular y Silvia está a la espera?

Que Maitane esté tan bien es porque Silvia está empujando. Le dije a Maitane el año pasado que la titular no se tiene que relajar porque haré lo posible porque la que no juega algún día le quite el puesto. Maitane ha dado un salto cualitativo muy bueno porque también Silvia lo ha hecho. Las personas tenemos un ego y eso duele, por eso hay que darles cariño, que se sientan importantes, no apartadas. Hay entra la parcela psicológica y yo entro hasta donde ellas me dejan.

¿Le gusta más esta parte que la técnica?

Sí. Está todo englobado. Me encanta la técnica, ver vídeos de porteros y porteras, paradas... me parece un arte. Lo más bonito es la parte emocional, que sepan que estás para ayudar, no como deportistas sino como personas. Y es lo que les intento transmitir.

Además, está Jaione, que se ha lesionado.

Sí, le tengo mucho cariño por todo el trabajo que ha hecho, por todo lo que hemos compartido, y me da mucha pena. Sabe que estoy para lo que necesite.

Usted es profesor. ¿También en las clases le sale esa faceta de apoyo emocional?

Yo siempre digo que ser profesor me ayuda a ser entrenador. En Irabia nos inculcan mucho el trato personal y es lo que intento llevar al campo. El posicionamiento del portero es muy solitario y ese apoyo es importante para no desengancharte. Sufres solo, disfrutas solo... El futuro del fútbol está en el apoyo emocional. En mi caso, una vez que enganchas con ellas, las porteras van a muerte contigo. Paso con ellas cuatro días a la semana, las veo más que a mi mujer, y si hay tensión sufres.

DNI

Nombre Tomás Ángel Trigo González

Fecha de nacimiento Pamplona, 8-6-1989

Familia Es hijo de Javier Trigo y María Gerardina González, tiene cuatro hermanos y cinco hermanas. Está casado

Trayectoria Universidad de Navarra (2008-14), Team Socceroo (2014), Loyola Meralco Sparks (2014-16), selección filipina, como portero; entrenador de porteras en Osasuna

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