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TUDELANO

"En mi vida he pensado en tirar la toalla"

  • Álvaro Meseguer es feliz tras su reaparición del sábado en Guijuelo. En su recuerdo quedan 14 meses de travesía por el desierto tras una fractura de peroné en agosto de 2015 que se fue complicando

Álvaro Meseguer, sentado sobre el césped del Ciudad de Tudela junto a un balón. Al fondo, la portería en la que sufrió la lesión.

Álvaro Meseguer, sentado sobre el césped del Ciudad de Tudela junto a un balón. Al fondo, la portería en la que sufrió la lesión.

N.G. LANDA
Actualizada 08/10/2016 a las 09:41
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A sus 24 años, el jugador del CD Tudelano Álvaro Meseguer Fallado (Alcañiz-Aragón-, 24/7/1992) se ha perdido casi tres por lesiones, en lo que ha supuesto una larga travesía por el desierto que, sin embargo, nunca le ha quitado la ilusión. La primera lesión fue en noviembre de 2011 cuando militaba en el Zaragoza B. Se rompió el ligamento cruzado de su rodilla izquierda y, cuando estaba cerca de recuperarse, en mayo de 2012, recayó. Pero volvió y lo hizo como capitán del filial maño, una camiseta que vistió por última vez el 10 de mayo de 2015 en el Rico Pérez de Alicante. El verano de 2015 cambió Zaragoza por Tudela y su debut, el 12 de agosto en el Trofeo Joaquín Segura, no pudo comenzar mejor ya que metió gol nada más entrar. Pero al final del partido se rompió el peroné derecho en un choque con un rival. Eran tres meses de baja... que se convirtieron en 14. Hasta que en el minuto 72 del duelo contra el Guijuelo del pasado sábado 1 de octubre llegó el gran momento, el de volver a sentirse futbolista.

¿Cómo ha sido todo este tiempo?
Mucho más que duro., interminable. No sabía qué iba a ser de mí, pero parece que todo vuelve a ir normal, que es lo único que quiero.

En principio eran tres meses...
Me lesioné al ir a por un balón al que sabía que no llegaba, pero como voy a todo... Se me llevaron por delante y me rompí el peroné. El traumatólogo decidió no operarme a pesar de que le dije que era mi herramienta de trabajo y que no tenía tiempo una recuperación larga. Y luego... los tres meses fueron ocho, y bastante más porque esta pretemporada me llevé un golpe en el mismo lugar de la fractura, y eso me produjo una tendinitis.

¿Qué sentía durante este tiempo?
Impotencia, frustración, rabia... Lo peor fue la incertidumbre de no saber cuándo iba a estar bien, porque todas las pruebas eran positivas, pero luego las sensaciones en el campo eran muy malas.

Ha tenido que ser muy fuerte...
Pensé que tenía 24 años y que me queda mucho tiempo para disfrutar de este deporte, que, de momento, me ha quitado bastante. Y ojalá algún día pueda devolvérmelo de alguna manera todo ese tiempo que me ha quitado.

Llegó a pensar en...
No -interrumpe-. En mi vida. Después de todo lo que he pasado, de salir de casa muy joven por este sueño de vivir del fútbol, en mi vida he pensado en tirar la toalla.

¿Cómo lo han vivido su familia y sus compañeros?
Mi familia, como yo, con incertidumbre. Pero ahora están muy felices. Me ven contento... porque lo estoy. A mis compañeros les tengo que dar todo el agradecimiento del mundo porque han sido una parte muy importante de que yo esté aquí. Me han hecho partícipe de todo y me he sentido uno más, siempre mostrándome su cariño y apoyo. El del año pasado era un vestuario de 10, y este también, lleno de gente increíble.

También agradecido al club, ¿no?
Fue un verano bastante difícil. Si no hubiera seguido aquí, no sé que hubiera sido de mí, por lo que les agradezco la confianza depositada en mí y ojalá pueda devolverla en el verde.

¿Es duro ver el fútbol desde fuera?
El año pasado tuve mi palco VIP -bromea-. Y sí, se sufre mucho, pero es un sitio del que se ve muchísimo mejor el fútbol, y donde también se aprende.

Vayamos al presente, al debut...
No sabía nada. Viajé con la misma ilusión de todos los días. Íbamos 0-3, Ibai tenia molestias y tuve la suerte de jugar de lateral izquierdo.

¿Qué sintió cuándo le llamó Sergio Amatriain, el entrenador?
Una felicidad... Pero claro, sales acelerado, quieres hacer todo bien y rápido... y te sale al revés. A los 2 minutos tenía tarjeta, el extremo se me había ido dos veces... Pero bueno, llevo toda la semana intentando mejorar ese ímpetu y esas revoluciones.

¿Y al entrar al campo?
Piensas, ya estoy aquí, estoy bien y puedo ayudar al equipo. Y vuelvo a ser futbolista... Todo es positivo.

Al acabar el partido llegó el premio de los compañeros...
Cuando me mantearon casi fue más feliz que el debut. Entrar en el vestuario y ver a tus compañeros tan felices porque hubiese vuelto a jugar... Me emocioné mucho. Fue genial y es un momento que voy a guardar para mí siempre.

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