Rally

La aventura de Marino Zulet por el desierto de Marruecos: "Madre, reza por mí"

El piloto navarro valora su segundo puesto en el Addax Rally, un raid por el sur de Marruecos. Cinco etapas donde superó los obstáculos del desierto y una crisis técnica, que hoy es recordada como una anécdota. Ahora, el Dakar

El piloto navarro Marino Zulet junto a su buggy, en la nave de Autocaravanas Aixa
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El piloto navarro Marino Zulet junto a su buggy, en la nave de Autocaravanas AixaEduardo Buxens
El piloto navarro Marino Zulet junto a su buggy, en la nave de Autocaravanas Aixa

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Borja Bernarte

Publicado el 27/11/2025 a las 05:00

Kilómetros por el desierto de Marruecos. Desafíos constantes por las peligrosas dunas y una media de cinco horas incrustado en un pequeño buggy de 220 cv. Sin embargo, el obstáculo más importante que tuvo que superar el piloto navarro Marino Zulet en el Addax Rally se produjo la noche antes del inicio de la carrera. Ahora, tras terminar la prueba en segunda posición, lo recuerda como una anécdota más de todo el proceso, pero la crisis fue total en el equipo. “Fue el momento más crítico. El domingo por la noche hubo un pequeño problema con los mecánicos porque hicieron un cortocircuito y quemaron la instalación eléctrica del vehículo. Pensaba que me quedaba sin carrera. Incluso valoramos si podía haber afectado a los fusibles o a la propia centralita. Los rivales veían todo y se pensaban que no iba a poder salir”, explica con detalle el pamplonés.

El reloj marcaba la medianoche en la localidad marroquí de Merzouga, inicio del raid. “Los mecánicos llamaron a un electricista, que apareció con un fajo de cables de colores. Se pusieron a sanear la instalación. Estuvieron un par de horas. Lo conectaron... y nada. No llegaba la corriente. De repente, el motor se encendió. A las dos de la mañana me iba a la cama con la incertidumbre de no saber qué iba a pasar al día siguiente, pero el coche funcionó genial. No tuvimos ningún problema, ni siquiera un pinchazo”, relata aliviado para desvelar una anécdota: “Después de solucionar todo, al día siguiente el mecánico me dijo que había llamado a su madre para que rezara por él”. 

Zulet, dentro de su buggy Can-Am Maverick x3
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Zulet, dentro de su buggy Can-Am Maverick x3Eduardo Buxens
Zulet, dentro de su buggy Can-Am Maverick x3

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Y vaya que sí funcionó. Marino Zulet cumplió así su deseo de participar en el Addax Rally, el conocido como Mini Dakar. “Llevo más de 25 años haciendo pruebas de orientación y de raid. Tenía el gusanillo de competir como piloto. Lo que más me gusta son las pruebas de velocidad en el desierto de Marruecos porque la dificultad es máxima. El Addax Rally tenía buenas referencias en cuanto al roadbook, el libro de ruta para seguir a la hora de navegar. Era una carrera bien organizada y mucha gente la utiliza para el Dakar. Desde hace medio año tenía claro que quería ir”, desarrolla. 

Tras formalizar la inscripción, el siguiente paso era desplazar el buggy desde su nave en Cordovilla hasta el sur de Marruecos. Todo un desafío logístico y humano: “Fuimos seis personas, más el copiloto (Pedro Gabriel Chávez) que es de Madrid. Mi mujer (Nagore), uno de mis hijos y dos personas más de Falces con otro buggy para dar logística. Un remolque y la furgoneta llena de repuestos. Nos costó un día cruzar la Península para coger después un ferry. Al día siguiente, otros 700 kilómetros hasta el sur de Marruecos. Lo bueno era que se hacía todo en un mismo sitio logístico. Montabas la asistencia y no la tenías que cambiar cada día. Era el prólogo y cinco etapas en torno a Merzouga”.

LA NAVEGACIÓN, CLAVE

En pruebas de raid por el desierto, la velocidad es importante, pero también la orientación: “Me ayudó mucho el hecho de tener experiencia como copiloto y conducir por dunas. Era clave la conducción, pero también la navegación porque puedes ir rápido, pero si te pierdes... Mi fuerte creo que fueron las dunas. Ya tenía experiencia de anteriores expediciones por Libia o Túnez. Mientras los demás pilotos sufrían y se quedaban atascados, yo sacaba ventaja”. 

Marino Zulet y el copiloto Pedro Gabriel Chávez superan una de las dunas en el Addax Rally
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Marino Zulet y el copiloto Pedro Gabriel Chávez superan una de las dunas en el Addax RallyCedida
Marino Zulet y el copiloto Pedro Gabriel Chávez superan una de las dunas en el Addax Rally

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¿El truco? Simple de verbalizar, pero complicado de ejecutar: “Es importante anticiparte al terreno. Hay que mirar lo más lejos posible para interpretar las trampas. Hay que analizar si la duna está afilada o en cresta... Y llegar con el tacto de gas suficiente para pasarla, pero tampoco salir volando por la fuerza”.  

Casi 1.500 kilómetros infernales que también pusieron a prueba la resistencia física: “La etapa reina fueron siete horas y media. No hace falta ser un atleta, pero me había preparado para los baches: gimnasio, spinning, pilates...”. Todo cuidado al detalle en un escenario natural impresionante: “Los sitios eran espectaculares. Decía qué guay, pero ya volveré porque no daba tiempo a disfrutarlo. Había que estar atento porque no deja de ser una carrera abierta donde te puedes encontrar de todo: un paisano o un dromedario en mitad de la pista”. Su mujer Nagore asiente con la cabeza: “Mi trabajo era sacar fotos y grabar vídeos para las redes. Me buscaba la vida para saber por dónde iba y llegar a meta”.

El GPS del desierto: "Funciona por viñetas, pero a 120 km/h"

Uno de los motivos para que Marino Zulet terminara segundo en el Addax Rally fue la gran orientación del terreno que tuvo junto al copiloto Pedro Gabriel Chávez: “No es un GPS convencional. Va por viñetas. Te dicen: a dos kilómetros te vas a encontrar un cruce. Y te lo señalan con un dibujo. Te dicen “rumbo de salida”. Cualquier cosa te sirve como referencia: una acacia, una montaña de piedras... Pero todo eso a 120 km/h. Estas carreras no las gana el que más corre, sino el más regular”. El navarro compitió con un buggy Can-Am Maverick x3 del preparador South Racing. “Con este vehículo se corría el Dakar hace unos años. Era el oficial. Tiene una potencia de 220 cv y un peso de unos 1.110 kg. La relación peso-potencia es muy grande. Puede coger una velocidad punta de 140 km/h. Ya la alcanzamos en carrera. Lo más importante es la suspensión para que absorba los baches. La marca es Donerre, de lo mejor que hay en el mercado”.

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