Ciclistas
Pogacar, al asalto de la línea Induráin
El esloveno, que está disputando esta semana el Dauphiné, se encuentra a una sola victoria de las 97 que cosechó Miguel Induráin a lo largo de toda su carrera deportiva. Los planteamientos, preparación, circunstancias y ciclismos son muy diferentes


Publicado el 10/06/2025 a las 05:00
Es muy probable que a lo largo de esta semana Tadej Pogacar vuelva a levantar los brazos como ganador de otra-s etapa-s en el Dauphiné Libéré, un mini Tour de Francia que se disputa en los Alpes. Será su victoria número 97, que a los 26 años podría ser una más del esloveno en un palmarés que engordará con el paso del tiempo. Pero no, la cifra tiene su intríngulis. Es una línea roja en la historia del ciclismo. 97 fueron las victorias que Miguel Induráin consiguió en su trayectoria profesional, desde que debutó en 1984 hasta que el 2 de enero de 1997 colgó la bici. Entonces el pentacampeón villavés tenía 33 años.
Los números puros y duros están ahí. Es el palmarés de uno frente al de otro. Pero hacer un ejercicio de comparación entre una figura y otra es una práctica entre injusta y tramposa. ¿Por qué? Porque entre la era de uno y otro hay tres décadas, en las que el ciclismo ha vivido la revolución más importante de su historia en materiales, preparación y planteamiento del propio deporte. Induráin y Pogacar son dos conceptos de campeones diferentes, dos personalidades distintas, dos ciclismos distintos, dos entornos y equipos con perspectivas muy diferentes.


LA CONCEPCIÓN
La figura de Miguel Induráin fue tallada paso a paso , de acuerdo con la filosofía con la que José Miguel Echávarri y Eusebio Unzué concibieron el equipo Reynolds. Contar con la figura española del momento, y dejar crecer/evolucionar a los jóvenes valores al paraguas de los líderes. En el caso de Miguel, debutó en 1984 a la sombra de los Arroyo, Gorospe y Delgado, y creció con ellos. Para pasar a liderar el equipo por primera vez en una grande en la Vuelta a España de 1990, en su sexto año. La maduración lenta, la transformación física de un corredor acorde a su ritmo.
Tadej Pogacar vive en otro paradigma. Otro ciclismo. El esloveno fue fichado por el tándem Gianetti-Matxin en el tercer año del proyecto UAE, un equipo de estado concebido para convertirse en la mejor escuadra del mundo, y arrasar con todo. Y para eso cuentan con el mayor presupuesto de la historia del ciclismo, y los mejores corredores.
Pogacar se destapó en la Vuelta a España de 2019, en su primer año en el equipo. Ganó tres etapas e hizo tercero en la general tras Roglic y Valverde. A partir de entonces empezó una carrera progresiva y frenética por ser el mejor ciclista de todos los tiempos.
MIGUEL, TODO POR Y PARA EL TOUR
José Miguel Echávarri y Eusebio Unzué descubrieron un diamante en bruto para la época. Miguel Induráin respondía al inusual perfil de un contrarrelojista superior que arrasaba en su terreno y que, con el tiempo, fue capaz de estar con los mejores en la montaña. Todo en una etapa en la que todo el ciclismo vivía por y para el Tour. Quien llegaba de amarillo en París gobernaba con mano férrea el ciclismo de la última década del siglo XX. El villavés era un diamante en bruto.
Por eso Echávarri y Unzué enfocaron toda la carrera de Induráin hacia el Tour, una fórmula con la que consiguieron cinco victorias consecutivas -algo que nadie más ha hecho-, con muy ligeras variaciones. Tres años en los que probaron el doblete Giro-Tour, dos con éxito y un podio. Y mínimos experimentos, como el récord de la hora, como guiño a los más grandes de la historia.
Todo quedaba supeditado al Tour y a su preparación, con test puntuales en la maniobra de aproximación hacia la Grande Boucle. Induráin se labró un buen palmarés en el que más del 70% de las victorias están en el calendario español, con muchas pruebas que hoy ni existen.
EL POGACARISMO, IR CON TODO A POR TODO
Tadej Pogacar y UAE han revolucionado la historia del ciclismo, con un planteamiento acampado en el carpe diem. Se corre todo, a por todo. Da igual que sean las grandes vueltas, clásicas o pruebas de una semana. El Tour de Francia sigue siendo la Estrella Polar de toda la actividad, pero no la única.
Pogacar y su equipo se alimentan de retos ambiciosos, cuasi imposibles. El año pasado se plantearon el doblete Giro-Tour, algo que no se había conseguido más que media docena de veces en toda la historia, y el esloveno terminó ganando las dos, en una campaña en la que sumó 25 victorias (más que muchos equipos) y el Mundial como broche.
En 2025 Pogacar aspiraba a ganar en un mismo año o hacer podio en los cinco Monumentos: 3º San Remo, 1º Tour de Flandes, 2º Roubaix, 1º Lieja... y le queda Lombardía después de intentar encadenar las victorias en el Tour, la Vuelta y el Mundial. Planteamientos impensables hace 30 años.
