Análisis
Pogacar, la diferencia está en el cómo
El esloveno reivindicó con una escapada de más de 100 kilómetros para hacerse con el maillot arcoíris una manera diferente, única de entender el ciclismo y la competición. Un carpe diem que le equipara a los 26 años a Eddy Merckx


Publicado el 30/09/2024 a las 05:00
Tadej Pogacar escribió en Zürich una de las páginas más memorables de la historia del ciclismo, al conquistar el Campeonato del Mundo tras una escapada a 100 kilómetros de meta. Es el último hito de un ciclista superlativo, máximo, solo comparable con el más grande de todos los tiempos, Eddy Merckx.
A sus 26 años el qué y el cuánto resultan apabullantes per se. 86 victorias con tres tours de Francia -17 etapas ganadas-, un Giro de Italia -seis etapas- tres Giros de Lombardía, 2 Lieja Bastoña Lieja, 1 Tour de Flandes... Pero si Pogacar engancha a todos, resulta atractivo como figura del deporte, se ha ganado el respeto y la admiración de todos es por el cómo.
El esloveno firma victorias con ataques lejanos, imposibles, locos, geniales, tan esperables por sus rivales como imposibles de contrarrestar. Y el ejemplo más evidente está en lo visto en el Mundial. Todo el mundo esperaba su agijonazo, nadie podía creerse que lo hiciera a 100 kilómetros para el final. Pogacar tiene un poder irresistible, hace fácil lo que parece imposible. Con una naturalidad insultante, ganar carreras de febrero a octubre, de todo nivel y condición es un ejercicio constante de pasárselo bien. Por eso es diferente a todo y a todos.
La clave, la gran incógnita, es saber hasta cuándo será capaz de mantener la ilusión, la motivación, las ganas de sacrificarse, trabajar y entrenar para seguir haciendo historia en el ciclismo. Su cabeza, su forma de ser, de gestionar el éxito, los fracasos y la presión, tiene la respuesta.