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Un milagro llamado Malori

  • La vida siempre gira, nunca para, como la rueda de una bici. La de Adriano Malori, un italiano del Movistar, se detuvo hoy hace un año en Argentina. Una gravísima caída le produjo una hemiplejia de la que se ha recuperado en Pamplona. Sueña con volver

Adriano Malori hace ejercicios con una fisioterapeuta durante una de las sesiones de recuperación de sus graves lesiones.

Adriano Malori hace ejercicios con una fisioterapeuta durante una de las sesiones de recuperación de sus graves lesiones.

MOVISTARTEAM
Actualizada 27/01/2017 a las 10:54
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Fue hoy hace justo un año. Adriano Malori, un ciclista italiano del Movistar Team de 27 años, encabezaba el pelotón en la quinta etapa del Tour de San Luis, en Argentina. Kilómetro 138. Rodaba a unos 60 por hora con la intención de escaparse. De repente, la imagen aérea del helicóptero mostró como Malori caía a plomo. Un bache. Crash. Todo el pelotón se le vino encima. No pudo esquivarle. Su cara, su cabeza, sufrió un impacto seco, brutal, contra el asfalto. Quedó tendido en el suelo, inerte. Las asistencias lo trasladaron urgentemente al hospital.

Sufrió un traumatismo craneal importante, además de una fractura de pómulo y de clavícula. Le indujeron al coma. Los estudios posteriores confirmaron que Malori padecía una hemorragia intercraneal crítica en la parte izquierda del cerebro. Las consecuencias del impacto fueron que esa parte de su cerebro mandaba órdenes a la zona derecha de su cuerpo, y ésta no respondía. Se había producido una desconexión neuronal. En un primer momento tuvo dificultades para hablar, más tarde se comprobó que no podía mover el brazo ni su pierna derecha. Lesiones que le impedían valerse por sí mismo para la vida normal, y que hacían implanteable un regreso al ciclismo profesional. Tres semanas después del accidente, el equipo Movistar decidió trasladarlo de Argentina hasta Pamplona, donde inició un largo periodo de recuperación entre la Clínica Universidad de Navarra, Mutua Navarra, y sobre todo el CENAI de Imarcoáin.

231 días después de un infatigable trabajo de recuperación, Malori volvió a ponerse un dorsal y a competir. Lo hizo en Quebec, Canadá, el pasado septiembre. Hoy, un año después del accidente que le cambió la vida, sigue trabajando para volver a ser el ciclista que era, y dar esperanza a quienes -como él- padecen las secuelas de un grave percance cerebral.

Un año después del accidente, ¿cómo esta siendo volver?

Raro, y muy difícil. He vuelto a competir, y eso es un logro, pero hay cosas en mi cuerpo que están todavía por arreglar. Todavía no soy un corredor al cien por cien.

¿Por ejemplo?

Necesitaría un día entero para explicar por qué no me siento todavía un ciclista al cien por cien, y hay cosas que no me atrevería a contar, porque son personales. Son muchos pequeños detalles, que son pequeños, pero son los que de verdad cuentan, los que te hacen ser o no ser, estar arriba o no estar entre los mejores.

¿Es la velocidad, son los reflejos, el tiempo de reacción?

Son todas esas cosas, y algunas más.

¿Y las recuperará con el tiempo?

Yo espero que sí, para eso trabajo todos los días.

¿Cómo ha sido tener que reconstruirse, empezar de cero, de abajo, en una ciudad como Pamplona tan lejos de su casa

Es duro, pero lo he llevado bien, porque Pamplona es una ciudad pequeña, agradable para vivir, y aquí la gente es muy maja. Al final pasas muchos meses fuera de tu casa, de tu ambiente, de tu gente, y se hace difícil. Desde que vine en febrero hasta mayo he trabajado para ser una persona normal, para poder hacer lo básico. He ido a base de objetivos pequeños. Mover una mano, mover las piernas, ser capaz de montarne otra vez en una bicicleta... Pero lo más duro para mí ha sido de mayo en adelante, intentar volver a ser ciclista.

¿Por qué?

Porque ha sido muy duro físicamente, pero también de cabeza. A partes iguales.

¿En qué sentido?

Yo venía de ser subcampeón del mundo de contrarreloj, con esa medalla acababa de confirmarme como uno de los mejores corredores del mundo en esa especialidad... y de eso, pasé a ser alguien incapaz de cortar un trozo de carne con un tenedor y un cuchillo, o algo tan sencillo como levantarme, ir a por un vaso de agua al grifo y beber. No podía hacer nada de eso, cosas muy básicas que las hace cualquiera, que las hacemos todos los días sin darnos cuenta. De repente, un día, tú no puedes hacer ni eso. Te tienen que ayudar a todo. Verte así te deja mal más en la mente casi que en el cuerpo.

¿Qué le ha hecho fuerte para seguir?

No lo sé, lo juro.

¿Por qué?

Quiero levantarme, ser el de antes, porque verme en este estado de no poder hacer nada no lo aceptaba. No sé ni cómo, ni de dónde he sacado la fuerza para no abandonar, seguir adelante y pelear todos los días. Sólo sé que hay que pelear.

¿Cuánto ha puesto en esto?

Todo lo que tenía. He hecho seis horas de rehabilitación al día, desde marzo además una hora de rodillo, una hora de descanso y desde el 25 de julio por la tarde a entreno en carretera.

Mentalmente esto le ha hecho indestructible.

En esta situación nunca eres lo bastante fuerte, siempre necesitaría más cabeza, más fuerza de voluntad.

¿Ha tenido crisis, ha tenido ganas de arrojar la toalla en estos meses?

Sí. Cuando volví a competir y me rompí la clavícula en la Milán-Turín... aquello era una “chorrada” en comparación con lo que había pasado antes. Pero para mí aquello fue la gota de agua que colmó el vaso. Pensé, otra vez.

¿Por?

Me desanimé mucho, me vine bastante abajo, pensaba que no podía volver a ser ciclista todavía, que no era seguro, y que tenía que seguir trabajando mucho.

¿En qué piensa cada día cuando se levanta?

Quiero volver a ser un ciclista.

Ya lo es.

No, quiero ser lo de antes. Quiero ser un ciclista que puede estar en un pelotón, que puede trabajar, hacer cosas útiles en el equipo. Cuando volví a competir en septiembre no valía para eso. Era un corredor que esperaba a que llegara el primer puerto para quedarse. Y no quiero eso.

¿Ha tenido miedo?

No, nunca.

Ni temor.

No.

¿Ni una preocupación?

¿Una? Muchísimas.

¿Y a qué se agarra: a la fuerza, a la fe, a quienes tiene a su alrededor y le quieren, a su equipo?

Yo me he agarrado mucho a mí mismo, y a los fisios que en este tiempo me han cuidado. Esto no es la fractura de una pierna, que la gente te anima y te dice que ya saldrás adelante en uno, dos o cinco meses. Y con el tiempo te recuperas plenamente. No. Esto no es un hueso que se tiene que volver a soldar. Cuando los fisios me veían mal, bajo, me decían: “Adriano, tu problema es peor que todas las fracturas del mundo, pero la recuperación que estás teniendo no se ha visto otra vez en el mundo”.

¿Recuerda sus nombres? ¿Qué son para usted?

Claro. Son Tania Iriarte y Rebeca Fernández, que para mí son grandes amigas. Podría darles las gracias en esta vida mil veces, y aún así no serían bastante. Sin ellas no habría salido de esto, seguro.

¿Qué le han dicho los doctores?

Sobre mi futuro hay una duda muy grande sobre todo. Nadie sabe si voy a poder volver a ser ciclista como antes, si voy a poder volver a competir... esto no es una fractura fea que se tiene que soldar, o que se pueda operar y recuperar con el tiempo.

¿Recuerda cuándo fue la primera vez que se volvió a subir en una bici después del accidente?

Perfectamente. Fue en la nave que tiene el equipo en Egüés. Estaba en un rodillo, era una prueba para ver si podía pedalear de nuevo.

¿Y?

Fui feliz, muy feliz.

¿Lloró?

No.

¿Llora mucho?

Ahora no, antes sí. En marzo, en abril, cuando veía que no podía hacer nada por mí mismo, lloraba mucho.

¿Vio todo perdido?

Lo he visto todo perdido mil veces, pero aquí estoy y voy a estar porque quiero volver a ser ciclista.

¿Qué le dice Eusebio Unzué, el mánager del Movistar?

Que no tenga prisa, que sea paciente, que vaya tranquilo. Yo he tenido prisa, quería competir ya.

En el tiempo en el que ha estado usted aquí ha habido compañeros como Imanol Erviti, Zandio, Arrieta, Chente... muchos más que se han preocupado por usted, por hacerle la vida más sencilla.

Sí. Aquí la gente es espectacular, pero espectacular. Me he sentido como si estuviera en mi casa.

¿En qué sentido?

A muchos les conocía, pero les conocía poco, como compañeros y poco más. Y con el trato, he descubierto que es gente que me trata y me quiere como si me conocieran de toda la vida, que son amigos-amigos, de verdad. Gente increíble como ciclistas, pero por encima de eso como personas.

En estos meses aquí también le ha acompañado su mujer, que fue primer a Argentina, luego se vino desde Italia. Cuando alguien le quiere así, ¿qué piensa?

Para mí es un apoyo esencial, el más importante. Pero la realidad es que al final, en el fondo, nadie te puede ayudar, que de esto tienes que salir tú. Aunque sea duro decirlo, al final es el problema y tú, tú y el problema.

En su estancia en Pamplona participó también en una campaña de concienciación del uso del casco. ¿Por qué lo hizo?

Porque un accidente de este tipo te cambia la vida, lo ves todo de otra manera. Antes estaba preocupado por cosas que eran auténticas chorradas, nos quejábamos de cosas que eran tonterías. Estos meses he compartido mi camino con gente que tiene mi mismo problema, o incluso mayores en el CENAI en Imarcoáin. Reflexionas, piensas, le das otra dimensión a las cosas.

¿Cómo es convivir con gente que tiene tu mismo problema o mayores?

Aprendes muchas cosas, y te das cuenta de que lo más importante es la vida, ya está. Lo otro, sobra.

Usted en Italia dio una rueda de prensa conmovedora contando su caso, ¿por qué lo hizo?

Porque sé que mi caso es bastante extraño, raro. No es normal que un caso así tenga una recuperación tan rara. Yo no soy ejemplo de nada, soy una persona normal, pero creo que el contar mi caso le puede dar un poco de esperanza a mucha gente que sufre enfermedades o que tiene problemas después de un accidente grave. Sólo he querido dar esperanza. A mí en febrero me dijeron que un chaval como yo tuvo un accidente parecido al mío no me acuerdo sin en Alemania o en Rusia, y ha vuelto a ser deportista. A mí eso me hizo una ilusión increíble.

¿Por qué dice que no es un ejemplo?

Yo no soy médico, ni neurólogo, ni un ejemplo de nada. Las lesiones de este tipo no son todas iguales, pero si le puedo regalar a la gente una sonrisa, una esperanza... Si Adriano ha vuelto a competir, igual yo puedo volver a mover una mano, un pie, o volver a andar. Nunca hay que dejar de luchar, por eso lo que quiero es dar esperanza.

¿Qué le pide al futuro?

Ser feliz.

Nada más.

Y volver a correr como antes. No me he planteado cuándo puedo volver, ya me lo plantearé. Pero quiero correr de nuevo, sí.

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