Atletismo
Sandra Myers, una vida entre el piano y el cronómetro
Sandra Myers es la mejor velocista española de la historia, pero seguramente ni sus alumnos del Conservatorio Superior de Música ni los atletas de Larrabide lo sepan. La plusmarquista y catedrática de Musicología inicia una nueva vida en Pamplona


Actualizado el 30/10/2019 a las 06:00
"Mira, tienes ahí a Sandra Myers”. Una frase del presidente de la Federación Navarra de Atletismo, Rodrigo Domínguez, una señal hacia la pista de Larrabide y una mujer trotando por el tartán azul. Es Sandra Myers, ni más ni menos. La mejor velocista española de la historia, la primera medallista del país en un Mundial de este deporte, la plusmarquista de todas las distancias entre 60 y 400. Ella. Con su chándal, su correr discreto, sus gafas. Ella. Y nadie se da por enterado. Myers fue la mayor estrella femenina del atletismo en una época ya casi olvidada, y ha pasado a ser una señora anónima en una pista de Pamplona. ¿Qué hace Sandra aquí? Pues trabajar, y no como deportista, sino como música. La ex atleta nacida en Little River (Kansas), de 58 años, ha sacado plaza en el Conservatorio Superior de Pamplona. Catedrática en Musicología, era profesora interina en Salamanca desde hace 17 años y ha encontrado en la capital navarra el lugar para iniciar una nueva vida. Caprichosa vida. El ex marido de Sandra, el entrenador Javier Echarri, es hijo de un pamplonés, y curiosamente ella ha retomado su contacto con la que fue su familia política navarra gracias a este traslado.
UNA GRAN ACOGIDA
Sorprendida al ver una periodista y un fotógrafo en Larrabide, después de tanto tiempo alejada de los focos, Myers se mostró tímida y amable, incluso agradecida. “¡Qué ilusión!” Después de aquellos minutos en la pista, la invitación se extendió a compartir con ella su otra vida, la música. Y ayer, con el piano delante, en el aula del Conservatorio, tocó una pieza contemporánea que ella misma ha compuesto.
En esas paredes, es la nueva profesora Myers. Ni rastro de su anterior estrellato. Apenas una frase, ayer por la mañana, de alguien que le dijo en broma: “Sabemos que tienes vidas paralelas”. Hoy, al ver el periódico, muchos descubrirán quién les da clase, quién es la mujer que entrena en Larrabide. “¡Qué vergüenza!”, dice sonriendo ella.
Sandra Myers forma parte de un nuevo equipo de catedráticas en el que todas son mujeres. “Me han acogido estupendamente en el Conservatorio, los alumnos son muy dispuestos e inteligentes. Me encanta Pamplona y su gente”, afirma con su acento inconfundible. No le ha dado tiempo a ser reconocida tampoco fuera de Larrabide o las aulas. “No ando mucho por la calle, soy muy tímida”, asegura la que fue campeona de todo en España. La agresividad se quedó en la pista.
Myers narra cómo ha sido su aterrizaje en el Conservatorio de Pamplona. “Llevábamos 25 o 30 años sin que salieran oposiciones. Estaba en Salamanca de interina porque no quedaban plazas de funcionario. Sacaron por fin este año en Navarra, Madrid, Salamanca y algún otro sitio,y me presenté en todos. Me salió plaza aquí y yo encantada, porque, aunque no conocía Pamplona, la familia de mi ex marido es navarra. Y mis hijas son medio navarras, aunque nacieron en Madrid. Mi ex suegro está con mucha ilusión, me llevo muy bien con ellos”, cuenta feliz.
VIVIENDO EN BARAÑÁIN
Sandra Myers reside en Barañáin, a escasa distancia de su puesto de trabajo. Sus tres hijas viven lejos, pero en contacto diario. La mayor, Elena, de 21 años, reside en el país de su madre, ya que estudia Arquitectura en Nueva York. Las gemelas Ana María e Isabel, de 20, estudian Bellas Artes en Aranjuez y Violín en Salamanca, respectivamente. “A mis hijas no les dio por el atletismo, y mira que lo intenté, pero no me quejo, estoy encantada con ellas”, dice sonriendo.
Es el momento de las fotos y el vídeo para Diario de Navarra. Y Sandra se abstrae entre sus partituras y desliza sus dedos por las teclas del piano para comenzar su interpretación. La pieza contemporánea que está componiendo ahora -“tengo más tiempo libre”, asegura- la profesora Myers da una idea de sus tendencias actuales. Pero sus gustos abarcan desde los románticos, como Liszt y Chopin, los rusos Prokófiev, Rajmaninov y Shostakóvich, o las sinfonías de Beethoven. Sin embargo, su tesis doctoral fue sobre los textos del Romancero Español que adaptaron los músicos alemanes del Lied. Esa predilección por los poemas musicados le ha llevado a leer actualmente las Odas de Píndaro, un texto que le está pareciendo “difícil”.
En Musicología, Sandra Myers se dedica tanto a la historia como a la investigación en todos los ámbitos, desde el siglo XVIII a la época actual.
LA NIÑA DE LITTLE RIVER
Su vida, música y deporte. Piano y velocidad. Y, ¿por qué el piano? “Tenía 8 años, y por alguna razón quería vender uno en mi pueblo, Little River (pequeña localidad del estado de Kansas, de menos de mil habitantes). Mi padre lo compró muy barato, por unos 50 dólares. Cuando lo vi en casa, me pareció un monstruo fascinante. Enseguida me puse a tocarlo y a sacar sonidos misteriosos”, recuerda con cara de picardía.
De aquel hogar familiar, por su virtuosismo pasó a dar clases con una profesora hasta lograr una beca en California, en la Universidad de UCLA, en la que compaginó su alto nivel en atletismo y piano. En Estados Unidos, Sandra ya había destacado desde jovencita como velocista y saltadora. Fue campeona nacional y apuntaba a Los Angeles 84, aunque curiosamente compitiendo en los 400 vallas, pero se lesionó.
“Tuve un pinzamiento en la espalda y me vine abajo. Ese año, además, murió mi madre de cáncer. Necesitaba una vía de escape, y vine a España. Me instalé en Madrid y ahí volví a las pistas”, rememora la ex campeona.
Tras una carrera estelar, dejó las zapatillas y se dedicó a dar clases en Salamanca, donde llegó a meterse en el mundo de la política y fue concejal del Partido Popular, etapa ya finalizada.
En la ciudad castellana se volcó en la enseñanza. “La música ha sido mi otra mitad. Siempre digo que los griegos hacían Olimpiadas Artísticas, concursos de Poesía, Música... Todo estaba integrado. Yo creo que la persona completa tiene que tener la mente despierta y la música es muy bueno para ello”, razona Myers.
VOLVER A EMPEZAR
Y ahora en Pamplona, vuelve a empezar en su otra pasión, el atletismo. “Estoy aquí porque me da mucha vida volver a las pistas. Llevaba muchos años sin hacer gran cosa y me hacía mucha ilusión. Aquí tengo a mi amiga Gregoria Ferrer, que era de mi época, y con la que tengo algún récord de relevos (el de 4x400) y la llamé. Le dije: ‘Goya, he sacado plaza en Pamplona, y tengo que buscar piso’. Me estuvo ayudando. he venido a las pistas a empezar de nuevo un poquito de deporte”.
Un día habitual en la vida de Sandra se divide entre sus dos pasiones. “Como ahora no tengo que estar llevando de aquí para allí a mis hijas, por las mañanas y alguna tarde doy clase en el Conservatorio, y por las tardes estoy una o dos horas en Larrabide. Después voy a la sala de pesas”.
En Larrabide, nadie se gira al mirarla. “Seguramente, los atletas no sepan nada. Se ha corrido un poquito la voz, pero ha pasado mucho tiempo y los chavales jóvenes no me conocen, es lógico. Sólo los que son un poquito más mayores lo sepan, los que han vuelto a las pistas como yo. Esto es así, estás unos años con tu familia, con el trabajo, y no queda más tiempo. Ahora es un buen momento de mi vida, porque mis hijas están en la universidad y es una nueva vida, un volver a empezar. Estoy encantada de estar aquí”. Se le nota.
“Estoy totalmente desvinculada del atletismo, pero veo que hay una nueva oleada de gente joven. Es sorprendente, porque el atletismo precisa de un gran sacrificio personal. Pero hay mucha gente y me alegro mucho, porque batirán mis récords dentro de poco, como debe ser, y claro que me gustaría”, apostilla.
Sandra se muestra esperanzada por el auge de la mujer en el atletismo y en la sociedad. “Cuando yo vine a España hace 30 años, no había mujeres que corrieran, y ahora es algo normal, porque las mujeres son el 50% o más. Y pasa en todos los ámbitos sociales, no sólo en el deporte. Es algo tan fabuloso, tan bonito. Estoy feliz. Hay una pista en cualquier sitio del mundo y te sientes como en casa”, añade.
ENTRENANDO POCO A POCO
Lleva apenas un mes yendo a Larrabide, cuna de figuras. “Pamplona siempre ha sido fuerte en atletismo, y veo que sigue así. Los que me han reconocido vienen a hablar conmigo y me preguntan qué hago aquí. Yo les respondo que a ver si me respetan los tendones. Estoy yendo muy poco a poco, por ese motivo. Esta pista es muy bonita, pero un poco dura para mis tendones. Nunca he parado del todo. Yo tengo un límite, cuando me sube el barrigón demasiado voy a hacer ejercicio”, dice riendo una Myers que sueña con regresar algún día. “Sí que me haría ilusión volver a competir como veterana. No lo descarto, pero voy muy poco a poco, que mi cuerpo no es el de antes. ¡Tengo 58 años...!”, resalta.
Un secreto de Sandra para el final: “No me gusta ver mis carreras... Bueno, de vez en cuando. Sí que algunos amigos lo meten de vez en cuando por Facebook y me río un rato”.
Primera española en subir al podio en un Mundial, bronce en 400 en 1991. Fue olímpica en Seúl 88.
Récords al aire libre Ostenta todavía las plusmarcas nacionales de velocidad:
Prueba - Récord (año)
100 m - 11.06 (1991)
200 m - 22.38 (1990)
400 m - 49.67 (1991)
4x400 m - 3.27.57 (con Julia Merino, Blanca Lacambra, Goya Ferrer) (1991)
60 m indoor - 7.23 (1990)
200 m - 22.81 (1991)
400 m - 50.99 (1991)