Maitane Melero: “Tengo que rendir en mi día a día, no en una carrera”

El pasado sábado se colgó la medalla de oro en los 3.000 metros y batió el récord navarro. Pero su principal reto diario es compaginar trabajo, familia y su afición: el atletismo

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Maitane Melero: “Tengo que rendir en mi día a día, no en una carrera”Jesús Caso
Maitane Melero: “Tengo que rendir en mi día a día, no en una carrera”

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Borja Bernarte

Actualizado el 20/02/2018 a las 06:00

Este martes cumple 35 años y está en el mejor momento de su carrera deportiva y, quizá, personal. Maitane Melero consiguió el pasado sábado la medalla de oro en los 3.000 metros del Campeonato de España de pista cubierta que se celebró en Valencia. El oro estuvo acompañado del récord navarro que ella misma había fijado apenas ocho días antes. Si en el Meeting Internacional de Madrid paró el crono en 9:14:58, en la capital del Turia lo bajó hasta los 9:08:44. “Una barbaridad”, como lo califican los expertos en la materia.


Campeona de España de 3.000 metros.

Suena muy bien y no es fácil decirlo (risas).

¿Lo ha asimilado?

Conforme pasa el tiempo sí, aunque me está costando un poco.

Muchas llamadas, la prensa...

Yo estoy encantada de recibir felicitaciones y reconocimientos. No me puedo quejar.

La ocasión lo merecía y, además, hizo récord navarro apenas ocho días después de batirlo usted misma. ¿Cómo se consigue?

Con mucho entrenamiento y esfuerzo. Son ya bastantes años corriendo y van saliendo los resultados.

¿Qué se le pasa por la cabeza durante esos minutos que dura la prueba?

Muchas cosas. Me acordaba de la familia que la tenía en la grada y eso es un plus. Saber que están es una motivación extra. También pienso en la carrera y la táctica que voy a emplear. De hecho, me sorprendió cómo fue la prueba. Tenía pensada una táctica inicial, que tuve que cambiar conforme pasaban los metros porque estaba descolocada.

¿Cuál era su estrategia?

Sabía que tenía que poner un ritmo medio-alto durante la carrera porque no quería llegar a la última parte en grupo y jugármela al esprint. Ya tengo 35 años y había chicas muy jóvenes que tienen buenas marcas en 1.500 o, incluso, 800. Hablando con el entrenador (Patxi Morentin) le decía que quería tirar desde lo primero, aunque él me dijo de no hacerlo tan pronto. Era mejor esperar a ver cómo se desarrollaba la prueba.

¿Y cómo fue?

Para mí fue una sorpresa porque Irene Escribano (que terminó tercera) salió muy decidida y puso un ritmo de carrera que pensaba que era excesivo, pero en el paso de los primeros 1.000 me di cuenta de que el tiempo era de 3:07 y eso significaba terminar en una marca de 9:21, es decir, ahí podíamos llegar todas. Si seguía así, la carrera se iba a decidir en los últimos 500 metros y no me interesaba. Así que a falta de 2.000 metros escuché a mi entrenador decir “pasa ya, pasa ya” y le hice caso, aunque reconozco que ya me lo había dicho antes (risas). Tiré, puse mi ritmo de carrera y así hasta el final.

¿Es más impulsiva o paciente?

Ahora soy más cerebral. Analizo en carrera todo y creo que es uno de los pluses que he ganado con la edad. Antes igual actuaba por instinto y ahora lo pienso más.

¿En qué más nota esa madurez?

Es más experiencia y no precipitarme en ocasiones. Me conozco mejor tanto durante las carreras como en los entrenamientos. Escucho a mi cuerpo y sé que si tengo un día malo tengo que bajar mi exigencia o, al revés, entrenar un poco más. Noto que ahora conozco más mis sensaciones y eso me lo han ido dando los años. Es muy importante escuchar al cuerpo y la veteranía te da ese plus. Lo negativo es la recuperación que es más costosa.

Y eso le impide...

Por ejemplo el próximo fin de semana es el Campeonato de España de cross corto que es una prueba que me encanta porque a los 4.000 metros me adapto muy bien, pero he renunciado a ir.

¿Por qué?

El año pasado tuve una experiencia similar de participar en los 3.000 en pista cubierta y después el campeonato y no llegué bien. Estaba cansada por los viajes, la competición y no rendí. Aunque es por equipos desde el Grupompleo no me han puesto ninguna pega y voy a esperar al individual absoluto que es en Mérida el 11 de marzo.

¿Qué papel juega el apartado físico y el mental?

Diría que la mitad porque las dos partes son muy importantes. A veces, la cabeza te dice que tires y las piernas que no. O al revés, también me ha pasado de llegar a los campeonatos en forma y la cabeza no está bien, se bloquea y no me lo creo. Hay que entrenar ambas partes.

¿Tiene gasolina para seguir?

Mientras pueda conciliar y sacar un rato para entrenar yo ganas tengo. Esto es mi afición y mi vía de escape y me gustaría seguir más tiempo. ¡Tengo más ganas ahora que cuando era más joven! He tenido años complicado que no encontraba la motivación necesaria y ahora la encuentro para poder entrenar y centrarme.

¿Cuál es esa motivación?

La estabilidad a todos los niveles: emocional, económica... Eso me permite fijar los objetivos y estar centrada en ello. Con 25 años estaba más perdida y no sabía ni por donde tirar. Creo que eso era lo que me faltaba para conseguir los éxitos de ahora.

¿Qué pensó al cruzar la meta?

Fue como una liberación. Un cúmulo de sensaciones y emociones. Busqué a mi familia con la mirada. También me quité un peso de encima porque nunca había llegado a esta cita con la mejor marca del año y tenía cierta presión porque quería hacerlo bien.

¿Le gusta esa presión?

Sí, porque en el fondo esto no es mi trabajo. Tengo que rendir en mi día a día en la empresa, que es lo que le da de comer a mi familia. La presión la tengo ahí en rendir cuentas a mi jefa, no en una carrera porque al final es mi hobby y, si sale un mal día, no pasa nada porque es mi afición. Esta presión es positiva y me pone las pilas. La cosa cambiaría si la comida de mi hijo o la casa dependiera de mis carreras.

Recuerda un momento del 2017.

El bronce en 3.000 del año pasado. A ese campeonato fui de tapada porque nadie contaba conmigo, ni yo misma. Me faltó confianza y no me lo terminé de creer. Había chicas con mejor marca que la mía, pero durante la carrera me encontré bien y conseguí una medalla que fue una alegría inmensa.

Además recibió el galardón al mérito deportivo por parte del Gobierno de Navarra.

Cuando me dieron la noticia ni me lo creía. Me hace ilusión después de tantos años que se reconozca el trabajo y esfuerzo. Me considero una persona normal, mi vida no es muy diferente a la que pueda hacer otra mujer que trabaja, que tiene familia y en sus ratos libres practica deporte.

¿Y un sueño para 2018?

Que siga esto así. Seguir disfrutando y compartir las alegrías con la gente que más quiero.

Las piezas del puzzle laboral y familiar
Lo primero que vio Maitane Melero tras cruzar la meta en Valencia fue a su hijo de dos años, Ilai, que había saltado a la pista. Para la atleta del Grupompleo Pamplona Atlético su familia es piedra angular e, incluso, clave en sus éxitos. Comparte todos los momentos con su pareja, Alberto, y encaja las piezas de su tetris diario para poder disfrutar de su hijo. Todo ello siendo, además, ingeniera en Acciona.

¿Qué papel juega la familia?

Es parte de mi motivación. Cuando corro me acuerdo de ellos y cuando sufro, para motivarme, pienso en buenos ratos con ellos.

Y la pregunta del millón. ¿Cómo concilia su afición con su trabajo?

Cuesta mucho y hay momentos complicados donde hay que sacar un tiempo para entrenar. Gracias a Alberto nos organizamos para cuidar de Ilai y, a veces, es difícil encajar las piezas del puzzle. La ventaja del atletismo es que me permite adaptar mis horarios y no necesito excesivos medios. Aquí la pereza no existe. Ha habido veces que salgo a correr por la mañana, a la hora de comer o por la noche.

¿Ha supuesto mucho sacrificio?

Sí. En el pasado era más temas de amistades, ocio y salir por ahí que apenas podía estar con los amigos todo lo que me hubiera gustado. A día de hoy, hay momentos que te gustaría jugar con tu hijo pero no puedes y se lo tienes que dejar a los abuelos. Entre el cable que me echan y así lo intento compaginar.

¿Cómo lleva el trabajo?

Ahora mejor que antes porque no viajo al tener jornada reducida. Trabajo de 8 a 15 por la conciliación familiar, pero antes pasaba muchos días fuera de casa.

¿Y qué le dicen?

Me preguntan que cómo lo hago. No lo entienden (risas).

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