Herri Kirolak

La odisea de Xuban Kañamares. Avisado la víspera, ir a trabajar a las 5 de la mañana y de ahí a cortar 12 troncos en la final

El navarro, que jamás había cortado un trabajo tan grande, tuvo que suplir a Basozabal, quedó el último, pero se ganó el respeto, cariño y admiración de los 1.200 espectadores de la final de aizkolaris del Navarra Arena

Xuban  Kañamares, agotado nada más terminar el campeonato en el Navarra Arena.
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Xuban Kañamares, agotado nada más terminar el campeonato en el Navarra Arena.
Xuban  Kañamares, agotado nada más terminar el campeonato en el Navarra Arena.

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Luis Guinea

Publicado el 02/11/2023 a las 05:00

Iker Vicente fue quien se llevó la txapela y el aplauso en la final de aizkolaris del Navarra Arena. El también navarro Xuban Kañamares se llevó el cariño, respeto y admiración de todos. Que vale casi como una txapela. Quedó el último en la final,  pero su participación fue toda una odisea.

Xuban Kañamares no pasó el corte en la eliminatoria previa a la final, que se jugó en Santesteban. Quedó octavo. Sin embargo consiguió entrar en la gran final del Navarra Arena. El martes por la tarde Basozabal avisó a la Federación Vasca de Herri Kirolak que había sufrido un problema muscular en la cintura que le impedía competir. Como el séptimo clasificado también estaba lesionado, corrió el turno. A las 8 de la tarde  recibió la llamada convocándole a las 12 del mediodía para la gran final.

A LAS CINCO DE LA MAÑANA, A TRABAJAR

La invitación de la Vasca era un regalo envenenado. Porque Xuban Kañamares trabaja como mantenimiento en el campo de golf de Ultzama. A las cinco de la mañana se levantó para ir a trabajar. El aizkolari de Arostegi  fue al campo, hizo su trabajo, y de allí se desplazó hasta la casa familiar para coger el bolso y las hachas.

Xuban Kañamares, en el centro de la imagen, junto con su padre y su hermano Oier.
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Xuban Kañamares, en el centro de la imagen, junto con su padre y su hermano Oier.EDUARDO BUXENS
Xuban Kañamares, en el centro de la imagen, junto con su padre y su hermano Oier.

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"He pasado por casa de la madre y he almorzado. Me ha hecho una tortilla de patatas que me la he comido yo solo, estaba muy buena", contaba el aizkolari.

A las diez de la mañana ya estaba en el Pabellón Navarra Arena, preparado para afrontar una final de Primera Categoría, la primera que disputa en su vida. La primera vez que se enfrentaba a un trabajo de 12 troncos: 4 kanaerdikos, 4 oinbikos y 4 troncos de 72 pulgadas.

"HE PERDIDO AÑOS DE VIDA AQUÍ"

Sin una preparación específica para la final -el resto de participantes llevaban meses entrenando para este día- Xuban Kañamares afrontó un trabajo de la máxima exigencia con lo puesto.  Si Iker Vicente cortó el primer tronco en 1:23 minutos, el de Arostegi lo hizo en 2:23. Se lo tomó con mucha filosofía porque nunca se había enfrentado a un trabajo y un esfuerzo de semejante envergadura.

Ha sido lo más duro que he hecho en mi vida. Pensaba que no iba a poder con los cuatro últimos troncos.
​Xuban Kañamares. Aizkolari navarro

"Ha sido lo más duro que he hecho en mi vida. Pensaba que no iba a terminar, los cuatro últimos troncos pensaba que no iba a poder hacerlos. Me lo he tomado con la calma, a hacerlo y terminar", comentaba ayer el aizkolari navarro. "Estas cosas no hay que hacerlas, te quitan años de vida, pero por lo menos he terminado y ya me vale. Yo estoy acostumbrado a cortar pruebas de cuatro troncos, seis como mucho, y esto eran 12. Nunca había hecho una tarea así. Primera y última vez que hago esto".

Kañamares terminó su campeonato 33 minutos más tarde que Iker Vicente, pero lo hizo entre los aplausos de todos los aficionados. Nada más terminar se abrazó con su padre y con su hermano Oier, que había terminado tercero en la final.

"Me duelen todos los músculos del cuerpo, no siento ni las piernas. Por lo menos mañana no tengo que ir a trabajar".

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