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ENTREVISTA
SERIES

Alberto Nahum García: "En el mundo de las series, el pesimismo y el derrotismo tienen prestigio cultural”

Experto en ficción televisiva, en su libro ‘Series contra cultura’ disecciona 58 títulos de la última década. Analiza cada serie desde múltiples perspectivas, desde la ideológica a la antropológica, lo que también le ha permitido trazar un retrato de nuestra época 

Ampliar Alberto Nahum García, posando con un ejemplar de 'Series contra cultura', el pasado martes en el Museo Universidad de Navarra.
Alberto Nahum García, posando con un ejemplar de Series contra cultura, el pasado martes en el Museo Universidad de Navarraeduardo buxens
Actualizado el 05/12/2021 a las 13:33
Todo comenzó con el blog Diamantes en serie, que abrió en 2009 para compartir su pasión por las series. Profesor de Comunicación Audiovisual de la Universidad de Navarra, Alberto Nahum García (Murcia, 1978) se ha ganado el título de “experto en series” y atiende numerosas entrevistas sobre el tema. 
En Series contra cultura realiza un análisis de la ficción televisiva desde una perspectiva humanista y “contracultural”, de ahí el título de la obra. La familia, la juventud, la maldad, el paternalismo de los creadores de series, el neopuritanismo o incluso el tremendismo generado por ficciones distópicas son algunas de los numerosas cuestiones que aborda.
Siendo padre de cuatro hijos, muchos se preguntarán de dónde saca el tiempo para ver tantas series.
La verdad, hay tanta oferta que me cuesta estar al día. Veo las series por la noche, a la hora de comer y también mientras viajo. Aun y todo, llego con meses de retraso a las series más potentes.
Ha definido este libro como un coloquio “con y contra las ideas dominantes”. ¿Hay un discurso dominante en el mundo de la ficción?
Creo que, en general, hay un discurso dominante en todo el mundo de la cultura. Ese discurso está más ubicado en el ámbito de la izquierda. Tradicionalmente, el pensamiento de izquierdas ha sido un entorno mucho más creativo, mientras que el pensamiento de derechas, en un sentido muy amplio, ha estado más centrado en lo pragmático o lo económico. Con este libro no solo pretendía entrar en cuestiones antropológicas, políticas, ideológicas o sociales, sino también dialogar con las lecturas que se hacen de las series de ficción.
¿Hasta qué punto las series son un espejo de nuestra época?
Por un lado son un espejo en el que mirarnos, pero también hay una serie de propuestas que aspiran a cambiar las mentalidades. A mí me parece un poco paternalista o pretencioso. Hay ficciones que quieren hacer catequesis.
El capítulo dedicado a esta cuestión lleva este título: “Eh, atontao, déjame que te eduque”.
En los últimos 10 o 15 años, en el mundo de la ficción existe la tendencia de decirle al espectador cómo ser buena persona. Se ha impuesto la idea de que el espectador es un poco tonto y siempre hay que llevarle a la moraleja correcta, cuando en muchas ocasiones podemos aprender de personajes contradictorios o incluso villanos. Precisamente una de las grandezas de la ficción es permitirnos mirar al monstruo, y acercarnos a situaciones que en la vida real no vamos a afrontar.
Hay series que son retratos generacionales, como 'Girls' o 'Euphoria'. ¿Qué estereotipos se han creado a la hora de reflejar a la generación de los millenial?
Las series que han tenido más repercusión dan una idea de la juventud bastante descorazonadora o desnortada. Por otro lado, el hecho de que sean unas series tan descorazonadoras tiene un punto de prestigio cultural. El derrotismo y el fatalismo venden. Creo que tiene mucho que ver con el momento cultural en el que estamos. Tenemos tendencia a autoflagelarnos: “Qué culpables somos de todo el pasado, y qué poco futuro tenemos”. El pesimismo tiene prestigio cultural.
Ahora que vivimos unos tiempos un tanto distópicos, hay series que viajan a un futuro muy inquietante, como 'Black Mirror' o 'El cuento de la criada'.
En el caso de 'El cuento de la criada', ha llegado a generar un tremendismo. En Texas hubo una protesta en la que las mujeres iban vestidas como las criadas de la serie. En este caso, salieron a manifestarse contra una ley sobre el aborto. Me parece simplista crear un paralelismo con una ficción en la que las mujeres son literalmente violadas para tener hijos. A mí me pareció un ejemplo de histeria, en el sentido de sacar las cosas de quicio. El cuento de la criada solo admitiría paralelismos con las teocracias islámicas, donde las mujeres tienen que ir totalmente tapadas.
¿Lo sucedido en Texas es una muestra del poder que pueden llegar a tener las series a la hora de interpretar la realidad?
Es cierto que hay elementos muy icónicos que pueden tener esa trasposición, pero creo que esa influencia de las series está sobrevalorada. Por ejemplo, se presiona para que haya diversidad de perfiles en los castings, pero al final son cuestiones superficiales. No creo que alguien deje de ser racista porque se acostumbre a ver familias multicolor. Hay personajes que, si no nacen de la necesidad de la propia historia, al final quedan como un pegote. Es lo que ha pasado en la última de Star Wars con el tema de la igualdad de género. ¿De verdad alguien va a ir a ver Star Wars porque haya cuotas o no? Creo que el forzar cuestiones de representación hace que se pierda fuerza dramática. Cuando a una historia le impones una meta ideológica, acaba quedando forzada.
A ello se añade el neopuritanismo. ¿Es una de las mayores lacras de nuestro tiempo?
Totalmente. Al final, ese neopuritanismo va a secar la creatividad. Este momento neopuritano está haciendo que todo sea muy higiénico y ejemplarizante, pero el mostrar un personaje racista no quiere decir que nos vaya a hacer racistas. En 2020, en el estreno de Batman, hubo un tío (el llamado ‘Joker de Aurora’) que se lió a tiros en un cine de Estados Unidos. Entonces se habló de que podía haber un efecto contagio, pero no se puede coger la excepción y convertirla en regla.
En su libro también asegura que el heroísmo tiene mala prensa.
Sí, he escrito un capítulo sobre ello porque también forma parte del ambiente cultural. Si alguien es un héroe, es porque algo esconde, porque quiere forrarse o porque es un privilegiado. También existe una especie de adoración a la figura de la víctima, lo que lleva a ensalzar a quienes han sufrido algún tipo de abuso.

DNI

Alberto Nahum García Martínez Murcia, 1978. Se licenció en Periodismo por la Universidad de Navarra. Profesor titular de Comunicación Audiovisual en la Universidad de Navarra, es autor del blog 'Diamantes en serie', que comenzó a escribir en 2008. Durante 2018 fue profesor visitante en la University of Queensland (Australia). También ha impartido clases en la University of Stirling, Arizona State University y la Universidad de los Andes. Es profesor visitante en el Máster de Guion de la Universidad Pontificia de Salamanca. Ha coeditado 'Paisajes del yo: el cine de Ross McElwee' (2007) y es autor de 'El cine de no-ficción en Martín Patino' (2008). Desde hace una década, su trabajo académico se centra en la televisión anglosajona, de la que ha publicado artículos sobre la naturaleza del relato televisivo, la evolución del zombie, 'Breaking Bad', 'The Wire', 'The Shield', 'In Treatment' o 'Supernatural'. Sus últimos libros son: 'Emotions in Contemporary TV Series' (2016) y 'Cine y series: la promiscuidad infinita' (2018).
Casado con Miriam Salcedo (trabaja en el Departamento de Comunicación del CIMA), son padres de cuatro hijos.

“The Wire’ seguirá dando que hablar, va a ser un clásico”

Nahum analiza a creadores como David Simon o Aaron Sorkin: “En las ficciones puede pasar que la tesis se imponga a la historia o que la fuerza del relato haga crecer la tesis”
En el libro disecciona 58 series, de las cuales solo dos son españolas: La casa de papel y Antidisturbios.
Cuando empecé a escribir el blog, allá por 2009, me centré en las series anglosajonas, que entonces eran muy potentes. En los últimos años, las series españolas han dado un salto de calidad: son más refinadas, más cortas, con una vocación más internacional y con un concepto mucho más potente.
La casa de papel es la serie más vista en español a nivel mundial. ¿A qué cree que se debe su éxito?
Ha triunfado por su narrativa tremendamente eficaz, adictiva, con esa lucha contrarreloj que espolea la ansiedad del espectador. Además, nos hace empatizar con unos tipos que están haciendo de Robin Hoods, nos hacen cómplices de su lucha contra el sistema.
¿Por qué eligió Antidisturbios?
Me parece un ejemplo de ambigüedad moral y dramática interesantísima. La serie podría haberse convertido en una condena o un ensalzamiento de la policía, pero nos habla de unos profesionales que viven con sus problemas y sus dudas, y que hacen bien su trabajo. La serie se ubica en un terreno gris que me parece interesantísimo.
Cierra su libro con David Simon, a quien alaba por su capacidad de retratar realidades complejas.
Él hace una crítica durísima al capitalismo en The Wire, pero sin caer en el mitin. Uno de los problemas que tiene el entretenimiento actual es ese punto dogmático o panfletario. En el caso de David Simon, él dedica tiempo a explorar las contradicciones, los ángulos muertos, los grises...
Pero The Wire no es un fenómeno de masas.
Es una serie difícil de ver, que está más dirigida a ciertas élites, pero estoy convencido de que The Wire seguirá dando que hablar dentro de veinte o treinta años. Al igual que hoy seguimos viendo películas de John Ford, The Wire va a ser un clásico. Puede pasar que la tesis se imponga a la historia, o que la fuerza del relato haga crecer la tesis. También tenemos el caso opuesto, el de Aaron Sorkin con The Newsroom.
Y por eso le llama ‘Sermonorkin’.
En la primera temporada también le dieron caña desde la izquierda, precisamente porque The Newsroom era muy sermón. Pero es una serie que ha evolucionado, porque la segunda y la tercera temporada son mucho más equilibradas. Sigue dando caña a los republicanos, pero ya no son villanos de opereta.
¿Cuál diría que es la serie del año?
Me ha gustado The White Lotus (HBO), pero tampoco me parece la serie del año. Destacaría Ted Lasso (Apple TV), una comedia vitalista que te hace querer ser mejor persona. Y también Wanda Vision (Disney), porque me parece inteligentísima.
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