Terrorismo

Muñagorri, el 'niño de la bomba', busca un "broche" para cerrar su historia

Transcurridos 44 años, aquella dramática vivencia alcanza el presente en 'La Mochila. Vida de Muñagorri' (Editorial Libros del K.O.), un relato donde el escritor Ander Izagirre reconstruye, de la mano de esta víctima de ETA, los convulsos años de la sociedad vasca

Alberto Muñagorri (i), que con diez años resultó gravemente herido en un atentado de ETA en Errenteria en 1982, posa junto al periodista y escritor Ander Izagirre durante una entrevista
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Alberto Muñagorri (i), que con diez años resultó gravemente herido en un atentado de ETA en Errenteria en 1982, posa junto al periodista y escritor Ander Izagirre durante una entrevistaEFE
Alberto Muñagorri (i), que con diez años resultó gravemente herido en un atentado de ETA en Errenteria en 1982, posa junto al periodista y escritor Ander Izagirre durante una entrevista

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Agencia Efe

Publicado el 02/10/2026 a las 09:04

"Saber lo que hizo después de poner el explosivo, ¿qué pensó, por qué nunca avisó?", son las preguntas que a Alberto Muñagorri le gustaría hacer a la persona que el 26 de junio de 1982, cuando sólo tenía 10 años, colocó la bomba que le reventó los tímpanos, se llevó una de sus piernas y le hizo perder la visión de un ojo.

Sería una forma satisfactoria de poner un "broche" a su historia, ahora que, con 54, tiene una certera sospecha sobre quién pudo ser aquel vecino de Errenteria (Gipuzkoa) que la noche anterior colocó junto a una oficina de Iberduero una mochila llena de explosivos.

Una bolsa que, tras un inexplicable periplo, terminó unos metros más allá, en la plaza por la que, justo en el momento de la explosión, el destino quiso que pasara Alberto.

Transcurridos 44 años, aquella dramática vivencia alcanza el presente en 'La Mochila. Vida de Muñagorri' (Editorial Libros del K.O.), un relato donde el escritor Ander Izagirre reconstruye, de la mano de esta víctima de ETA, los convulsos años de la sociedad vasca desde el final del franquismo hasta casi la actualidad.

ONDA EXPANSIVA

Más de 400 páginas para descubrir cómo aquella bomba llegó a explotarle a Alberto, pero también cómo su onda expansiva alcanzó a su familia y marcó a toda una generación de niños vascos criada entre advertencias de evitar cualquier bolsa sospechosa abandonada en la calle.

Años de atentados, muertes, violencia, miedo, autobuses quemados y manifestaciones, minuciosamente documentados por Izagirre en este trabajo (merecedor de la Beca Raúl Guerra Garrido de la Diputación de Gipuzkoa), en el que el propio pueblo de Errenteria y su entorno son un personaje más del relato.

"Quería contar mi historia. Que las personas puedan ver que un acto violento va más allá de una fecha concreta y que, en el caso de los heridos, las secuelas nos acompañan de por vida", explica Alberto, en una entrevista concedida a EFE acompañado por Izagirre.

"Quería hacerlo desde un punto de vista positivo, optimista, sin rencor ni odio, y con un afán totalmente constructivo, como una aportación a la paz y a la no repetición, para que nunca más vuelva a ocurrir lo mismo. Esa era mi idea y Ander lo ha conseguido", relata con convicción.

Izagirre sabía desde años atrás que la historia de Alberto, actualmente concejal socialista en Errenteria, merecía ser contada: el episodio de la bomba a la que en contra de la creencia popular Muñagorri nunca llegó a dar una patada, pero también su duro proceso de recuperación, las dolorosas curas en el Hospital de la Cruz Roja, sus secuelas físicas y psicológicas, y el apoyo incondicional de una madre que nunca permitió que su hijo se viniera abajo.

El escritor dibuja así a un Alberto "muy generoso y con mucho coraje" que "a pesar de haber sufrido tanto", llega luego a "mantener encuentros con miembros arrepentidos de ETA en la cárcel".

Todo ello con la "obsesión" de "no limitarse a contar una historia individual", porque él acude a las citas con el propósito de conseguir que "esta gente" le acompañe luego "a dar charlas para contar que hicieron algo que no había que hacer, que están arrepentidos, que la violencia no era el camino y que hubo mucho daño brutal e injustificable", describe el escritor.

ALGO MÁS QUE RECORDAR

"La memoria está bien -puntualiza Alberto-, pero tiene que ser algo más que recordar, porque sólo con recordar no vamos a llegar a ningún sitio. Aún queda mucho trabajo entre todos para hacer", se lamenta.

Quizás por ello, no oculta su deseo de reunirse también con la persona que puso aquella bomba. "Yo estoy abierto a escucharla, a juntarme con ella y sobre todo también a que me escuche", desvela con sinceridad.

Aclara que no sería necesario que le pidiera perdón porque en realidad es esa persona la que se tiene que perdonarse a sí misma. Ahora sí, no llevaría bien que se presentara con un mensaje de "autojustificación". "No es ese el camino por el que quiero que me acompañe", admite.

Lo que él preferiría es que se mostrara "arrepentido" hasta el punto de poder acompañarle a dar una charla, juntos, sobre lo que ocurrió. "Sería como poner un broche a todo un esfuerzo a favor de la convivencia", resume esperanzado Muñagorri.

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