Humor
Carles Sans, exmiembro de Tricicle, se despide de Pamplona con ''¡Por fin me voy!"
Tras la disolución de la compañía de teatro gestual, el cómico catalán inició su carrera en solitario con ‘¡Por fin solo!’. Este sábado regresa al Teatro Gayarre con ‘¡Por fin me voy!’, el espectáculo con el que se despide de las tablas


Publicado el 18/09/2026 a las 17:36
Abandonó la carrera de Derecho para ingresar en el Institut del Teatre de Barcelona. Durante cuatro décadas, Carles Sans (Badalona, 1955) formó parte de Tricicle junto a Joan Gràcia y Paco Mir, con quienes creó una decena de espectáculos de éxito internacional. Tras la retirada del trío en 2020, Sans inició su carrera en solitario con '¡Por fin solo!', que también llevó al Teatro Gayarre en 2023. Ahora, el cómico catalán se despide de los escenarios con '¡Por fin me voy!', un espectáculo en el que convierte en materia de humor las supuestas obligaciones que acompañan a la jubilación.
Han pasado nueve años desde su actuación con Tricicle en el Gayarre. ¿Es inevitable que le sigan asociando al famoso trío?
De hecho, yo me presento como Carles Sans de Tricicle, porque soy el resultado de tantísimos años de trabajo con ellos. Cuando Tricicle decidió poner el punto final, yo quise continuar en este oficio del teatro, que para mí es tan bonito, pero con otro tipo de género y hablando sin parar, algo que no pudimos hacer durante 40 años.
¿Había ganas de desahogarse?
Yo sabía que no podía hacer solo lo que habíamos hecho los tres durante 40 años. Tricicle es inimitable, inigualable e irrepetible. Entonces no me quedaba otra que hablar. Algo que, por cierto, ya me apetecía.
¿Qué siente al regresar al mismo escenario en una etapa tan diferente, que ahora está ligada a la despedida?
Siento una satisfacción muy grande. Nunca pensé que, más allá de Tricicle, yo pudiera tener una vida profesional exitosa. Cuando llevas tantísimos años con un grupo de tantísimo éxito, es arriesgado emprender una aventura en solitario. Pero con '¡Por fin solo!' hice más de 160.000 espectadores y estuve cuatro años y medio de gira. Espero conseguir lo mismo con '¡Por fin me voy!'.
El Teatro Gayarre era una cita habitual para Tricicle. ¿Qué recuerdos le genera este escenario?
Cuando veníamos con Tricicle solíamos hacer dos o tres funciones. El público del Gayarre siempre ha sido muy cariñoso y Pamplona es una ciudad en la que nos hemos sentido muy a gusto. Además, personalmente, allí tengo amigos y familia. Siempre apetece ir a Pamplona.
Lleva ya casi un año de gira con ‘¡Por fin me voy!’. Al estar solo en el escenario, ¿tiene toda la libertad para hacer evolucionar el espectáculo?
Esa es la grandísima ventaja de hacerse un espectáculo a uno mismo. Precisamente hasta hace poco todavía estaba añadiendo, modificando… Yo soy un obseso de buscar la risa en todo momento: cuando veo que hay un vacío, aunque sea una décima de segundo, no paro hasta que encuentro algo. Después de un año de gira, la función va a llegar a Pamplona en un momento buenísimo.
El espectáculo habla del retiro, una etapa de la vida que suele idealizarse. ¿Al final uno acaba tan ocupado como si siguiera trabajando?
En la primera parte hablo de todo aquello que a uno le dicen que tiene que hacer cuando llega el momento de dejar de trabajar: “Haz meditación, haz yoga, juega a pádel…”. Y no sé cuántas cosas más. Hay una segunda parte donde ya entro en un terreno de vivencias personales. Todas las historias están basadas en hechos reales, porque me han pasado, me lo han dicho y lo he vivido.
¿Y qué aspectos le han dado más juego?
Por ejemplo, hablo de lo que significa dormir con mi mujer. En mi casa hay tolerancia cero a las energías electromagnéticas: todo hay que desenchufarlo y desconectarlo, no se puede ver ni un resquicio de luz. Si te tienes que levantar de noche, no ves nada. Todo esto queda muy divertido con la gestualidad que lógicamente he heredado de mi etapa en Tricicle. También hablo de la experiencia vivida en una UCI cuando tuve el covid. Estuve una semana ingresado. De lo que podía ser un drama, he sacado humor por todas partes. Una vez que pasa el tiempo suficiente, les acabas sacando chispas a las situaciones más dramáticas. En el mundo de la comedia existe esta fórmula: drama + tiempo, igual a humor.


Lleva ya unos cuantos años actuando en solitario. ¿Qué le ha sorprendido de sí mismo?
Sobre todo, la valentía de haber dado el paso de salir de Tricicle para hacer un monólogo durante hora y media. Recuerdo que siempre que veía a compañeros de profesión interpretando un monólogo, pensaba: “Yo sería incapaz de hacer esto”. Y luego, cuando ya disfrutas tú solo en el escenario, el no tener que depender de nada ni de nadie, decidir por ti mismo, ser dueño de ti mismo… Todo esto es muy gozoso.
Todavía le queda gira por delante. En el fondo, ¿a uno le cuesta irse?
A ver, es que esta profesión es adictiva, pero no todo es bonito: los viajes, estar lejos de tu casa, vivir en un hotel… A diferencia de lo que hace todo el mundo, que sale de trabajar y se va a su casa, tú te vas a un hotel a esperar a que llegue el día siguiente.
¿Pero de momento le puede más la adicción al escenario?
Totalmente.
Y cuando se vaya del todo, ¿cómo se imagina la vida fuera del escenario?
Yo digo que dejaré de trabajar en los escenarios, pero no dejaré de trabajar en este mundo del teatro. Seguiré haciendo dirección. Por ejemplo, ahora estoy dirigiendo una versión del 'Tenorio' con Silvia Abril y Andreu Buenafuente. Lo que sí abandonaré son las giras. Por otro lado, tengo una casita estupenda en Ibiza y seguro que pasaré allí más tiempo. Suelo ir en verano, y cuando termina, siempre pienso: ‘¿Por qué me habré enredado’?. Pero luego se me olvida. Me lo paso muy bien actuando.
Y ahora, ¿afronta con una emoción especial la que podría ser su última actuación en el Gayarre?
Si pienso que puede ser la última vez, lógicamente tiene ese punto de emoción, pero intento no pensarlo mucho. Cuando llegue el final de la función, disfrutaré viendo a la gente aplaudiendo en el teatro, con las luces ya prendidas.