Concierto
El metal de Judas Priest funde el Navarra Arena
La banda heavy británica demostró que resiste en buena forma y transmite en el pabellón pamplonés
Publicado el 18/08/2026 a las 23:35
Judas Priest culminaron una intensa tarde-noche de heavy metal en el Navarra Arena, donde Dirkschneider y Airbourne ya habían calentado al público con dos actuaciones tan diferentes como efectivas antes de que los británicos desplegaran todo el peso de su leyenda.
DIRKSCHNEIDER, PRIMERA DESCARGA DE LA TARDE
Antes, cumpliendo con todas las expectativas previstas, los Dirkschneider liderados por Udo Dirkschneider fueron los primeros en salir puntualmente al escenario y extendieron su set sonoro durante unos 40 minutos, hasta las 20:00 horas.
El incombustible Udo Dirkschneider, fundador y voz histórica de los míticos Accept, celebra este año el 40 aniversario de 'Balls To The Wall', una celebración indispensable de uno de los himnos del metal que marcó a generaciones posteriores y de lo que muchos han considerado el mejor grupo de heavy metal alemán de todos los tiempos. Udo también está considerado como una de las voces más reconocibles del heavy metal alemán y, ahora en Dirkschneider, mantiene viva la esencia de esa era "dorada" en la historia del metal.
Con un repertorio de ocho temas, entre los que destacaron 'Fast as a Shark', 'Living for Tonite', 'Midnight Mover', 'Breaker', 'Metal Heart', 'Princess of the Dawn', 'Balls to the Wall' y 'Burning', sobre el escenario del Arena se desenvolvieron Udo Dirkschneider en la voz, Andrey Smirnov y Dee Dammers en las guitarras, Tilen Hudrap en el bajo y Sven Dirkschneider en la batería.
AIRBOURNE ELEVARON LAS REVOLUCIONES
Para las 20:10 ya estaban sobre el escenario los australianos Airbourne, bajo una gran proyección que ocupaba buena parte del fondo del escenario con su nombre y una figura que era su propia interpretación de alguien parecido al Motorista Fantasma. En escena estuvieron Joel O'Keeffe en la voz principal y guitarra líder (miembro fundador), Ryan O'Keeffe en la batería (miembro fundador y hermano menor de Joel), Justin Street en el bajo y coros (en la banda desde 2004) y Brett Tyrrell en la guitarra rítmica y coros (incorporado en 2023).
El cuarteto australiano protagonizó en el Arena toda una exhibición física. Para muchos es uno de los grupos que ha devuelto al rock'n'roll su forma más salvaje y física. Con discos como 'Runnin' Wild', 'No Guts. No Glory.' o 'Breakin' Outta Hell', y más de 1.100 conciertos a sus espaldas, Airbourne son los herederos del espíritu más explosivo del hard rock de la actualidad. Incluso hay quienes creen que tienen la herencia directa de AC/DC, aunque entiendo que no poseen el mismo talento instrumental y vocal de Angus y Malcolm Young y Bon Scott.
Al margen de su derroche físico y del enorme nivel de energía, temas como 'Too Much, Too Young, Too Fast', 'Hungry', 'Back in the Game', 'Raise the Flag', 'Bottom of the Well', 'Breakin' Outta Hell', 'Diamond in the Rough', 'Live It Up' y los bises 'Ready to Rock', 'Alive After Death' y 'Runnin' Wild' sonaron siempre bajo la voz al límite de la ruptura y la distorsión de Joel O'Keeffe.
Como nota curiosa, el líder de la formación bajó del escenario y fue llevado a hombros por buena parte de la pista prácticamente hasta la zona de la mesa de sonido, en una nueva exhibición física en la que no dejó de tocar la guitarra mientras era porteado de semejante manera. La actuación de los australianos fue, sobre todo, una demostración de algo que les caracteriza especialmente: la velocidad de sus canciones. Terminaron puntualmente según el horario previsto, a las 21:00 horas.
JUDAS PRIEST, DUEÑOS DE LA NOCHE
Con absoluta puntualidad británica comenzaron a sonar las guitarras eléctricas a las 21:40, cuando todavía permanecía sin descorrerse el enorme telón de Judas Priest que tapaba toda la boca del escenario. Primeros acordes, palmas al cielo y adiós al telón para descubrir a Rob y los suyos justo debajo de la posición elevada de la batería, hasta que se desplegaron para ocupar toda la parte frontal del escenario.
Allí se plantaron Rob Halford en la voz, Richie Faulkner en la guitarra, Andy Sneap en la guitarra, Ian Hill en el bajo y Scott Travis en la batería, que se lanzaron con 'You've Got Another Thing Comin'' mientras la gran pantalla de vídeo trasera exhibía imágenes de la Revolución Industrial en blanco y negro, con golpes visuales en rojos y amarillos que evocaban fuego de forja y chispas. A ras de suelo, hasta cinco pantallas de vídeo más pequeñas jalonaban la superficie escénica, duplicando en casi todo momento lo que se veía en la gran pantalla principal.
Los Judas lucían más puesta en escena que músculo, pero lucían, con un Halford conservando una buena forma vocal. Tras 'Metal Gods', que desprendió esencia pesada, Rob jaleó a las huestes presentes y les conminó a participar en su conocidísima 'Breaking The Law'. Ese punto de conexión que siempre han lucido los Judas brilló con luz propia.
Su lado más oscuro también afloró con 'The Ripper' (El Destripador), acompañada por imágenes de denuncias y relatos rescatados de tabloides de prensa. Un tema recuperado de entre sus grandes clásicos y que llevaban un tiempo sin interpretar. Una gran bola de espejos, al estilo de las discotecas setenteras, irradiaba sus reflejos por el Arena. Antes había lucido en las pantallas la conocidísima cuchilla de los Priest, una de las más icónicas e irónicas señas de identidad de la banda.
Te puede interesar

PANTALLAS, LÁSERES Y CLÁSICOS
Llegaron después los momentos de 'The Sentinel', con Rob luciendo garganta. Y en 'Desert Plains' fueron las imágenes de carreteras rectas y eternas las que dominaron el Arena. Fue la primera vez en que se vieron imágenes de la realización del concierto con planos cortos tanto de los guitarristas Richie y Andy como de Rob, Ian Hill en el bajo y Scott Travis en la batería.
El despliegue continuó con 'Lightning Strike' y 'Turbo Lover', con una sucesión de imágenes protagonizadas por la iconografía de bielas y ruedas dentadas salpicadas de explosiones de fuego. "I'm your Turbo Lover, tell me there's no other" ("Soy tu amante turbo, dime que no hay otro"), en uno de los momentos con guitarras más melódicas y menos oscuras y pesadas de la noche.
En 'Steeler' la clave de luces varió desde los blancos y amarillos predominantes hacia los naranjas y azules, con el añadido de cuatro puntos que lanzaban rayos láser morados y azul turquesa dibujando curiosas combinaciones en el techo del Arena.
Al terminar, Rob se tomó un descanso y se sentó en una silla para dirigirse al público y agradecer la importancia de lo que él consideraba la comunidad del heavy metal. Fue solo un momento. Poco después se levantó, las luces se transformaron en haces blancos muy puntuales proyectados hacia todos los rincones del Arena y volvieron las imágenes de los músicos tocando en la gran pantalla principal.
Pequeño intermedio, aprovechado para lanzar música desde la mesa de sonido, y vuelta a desplegar su poderoso muro sonoro en un tramo en el que Rob exigió a su garganta más que en cualquier momento anterior del concierto. Era el turno de 'Delivering The Goods', otro de sus grandes temas clásicos rescatado para esta gira Faithkeepers.
TRAMO FINAL Y DESPEDIDA
Gran ovación del público para premiar el esfuerzo de Halford y los suyos. El concierto de los Judas empezaba a dirigirse hacia su fase final y así llegaron 'Panic Attack' y 'Victim Of Changes', con el protagonismo, una vez más, de rayos láser azules, rojos y blancos surcando el espacio aéreo del Arena.
También fue el momento de 'Halls Of Valhalla', que lució iconografía nórdica y vikinga, con mascarones de proa de drakkars y bastones rúnicos, además de la conocida cruz ornamental inspirada en el arte del antiguo Egipto.
Fue un momento de importante esfuerzo por parte de Rob, que por primera vez cantó forzando la garganta en registros guturales.
Y así llegó el momento de 'Painkiller', primera despedida oficial del concierto y cuya parte final encontró a Rob dejándose la garganta, aunque muy sostenido desde el control técnico de sonido, que magnificó y mantuvo sus gritos agudos.
Para los bises volvieron al escenario con 'The Hellion' en mezcla con 'Electric Eye', acompañadas por impactantes imágenes aéreas de drones y mirillas electrónicas, como si fueran a lanzar sus obuses. Rob apareció de nuevo en escena a los mandos de una flamante y mítica motocicleta Harley-Davidson que rugía cual salida del infierno.
Era el momento de 'Hell Bent For Leather', que contó con un estratosférico solo de guitarra de Richie. Y finalmente sonó la archiconocida 'Living After Midnight', con el público cantando todo el tema sin concesiones.
Buena noche para los Judas, que fidelizaron una vez más al respetable.
