Eclipse

El eclipse "más inclusivo"

El 12 de agosto 230 personas participarán en el visionado inclusivo del eclipse, en el centro de Aspace de Cizur, reuniendo a los 92 usuarios diarios del centro junto a inscritos del Museo de Ciencias de la UN, Fundación Iddeas y la ONCE

Arriba (de izq. a dcha.): Aitana Casado, Sara Ainciburu y Nora Pilar. Abajo (de izq. a dcha.): Unai Baranda, Jare Egozkue, Haize Egozkue e Ibai Olleta, del campamento de verano.
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Arriba (de izq. a dcha.): Aitana Casado, Sara Ainciburu y Nora Pilar. Abajo (de izq. a dcha.): Unai Baranda, Jare Egozkue, Haize Egozkue e Ibai Olleta, del campamento de veranoJ.C.CORDOVILLA
Arriba (de izq. a dcha.): Aitana Casado, Sara Ainciburu y Nora Pilar. Abajo (de izq. a dcha.): Unai Baranda, Jare Egozkue, Haize Egozkue e Ibai Olleta, del campamento de verano.

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Abraham Del Pozo Zabaleta

Publicado el 08/08/2026 a las 05:00

Este 12 de agosto, en Cizur, habrá que prestar atención a algo más que al cielo. Cuando la Luna empiece a colocarse delante del Sol, habrá personas pendientes de cómo cambia la luz, otras escuchando cómo ese descenso se transforma en un sonido cada vez más grave y otras recorriendo con los dedos los relieves de una pequeña Tierra, una Luna llena de cráteres y un Sol de textura diferente. El eclipse será el mismo para todos. La manera de vivirlo, no. Desde hace meses, en Aspace Navarra se prepara una experiencia poco habitual: diseñar un eclipse desde el principio para que pueda ser “comprendido y disfrutado por todas las personas”.

Detrás están el Museo de Ciencias de la Universidad de Navarra, la Fundación Iddeas, Aspace Navarra y el colegio de educación especial Virgen de Orreaga. Cuatro miradas diferentes que han acabado encontrándose alrededor de una misma pregunta: cómo explicar un fenómeno astronómico que se cuenta casi exclusivamente a través de la vista.

LA IDEA NACIÓ AL REVÉS

El proyecto empezó cuando en el Museo de Ciencias reflexionaron sobre qué podían aportar ante el eclipse del 12 de agosto. En Pamplona y su entorno no se podrá contemplar el fenómeno en las mismas condiciones que en otras zonas de la Comunidad foral, así que inicialmente se pensó en organizar alguna actividad en un pueblo navarro de la Ribera. Pero surgió una contradicción. Si se pretendía hacer una propuesta inclusiva, obligar a determinadas personas a desplazarse podía convertirse en una “barrera”. La decisión fue quedarse cerca de la capital y buscar un lugar desde el que se pudiera contemplar el eclipse con mayor accesibilidad.

La idea definitiva apareció en una de esas conversaciones que, en principio, parecen una más. Marta Revuelta, responsable de exposiciones y actividades del Museo de Ciencias, recuerda que Ignacio López Goñi, director del Museo, lanzó una pregunta que terminó cambiándolo todo: “¿Por qué no hacemos un eclipse inclusivo desde cero?”.

De izq. a dcha.: Mónica Blanco (Aspace Navarra),  Luis Casado (Fundación Iddeas)y Marta Revuelta (Museo de Ciencias de la UN).
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De izq. a dcha.: Mónica Blanco (Aspace Navarra), Luis Casado (Fundación Iddeas)y Marta Revuelta (Museo de Ciencias de la UN).
De izq. a dcha.: Mónica Blanco (Aspace Navarra),  Luis Casado (Fundación Iddeas)y Marta Revuelta (Museo de Ciencias de la UN).

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Desde cero: esa expresión explica buena parte de lo que ocurrirá el próximo 12 de agosto. No habrá primero una actividad y después una serie de adaptaciones para que puedan participar personas con discapacidad. Desde el comienzo se planteó qué recursos serían necesarios para que la información pudiera llegar por distintas vías. Luis Casado, presidente y director general de la Fundación Iddeas, empezó a pensar junto a su equipo en reproducciones táctiles de los astros, láminas en relieve, lectura fácil o sistemas capaces de convertir la luz en sonido.

El contacto con Enrique Pérez Montero, astrofísico invidente y divulgador de astronomía accesible, abrió otra puerta. A través de él conocieron la tecnología LightSound, un dispositivo que transforma las variaciones de la luz en sonido. La lógica es sencilla: cuando la luminosidad disminuye, también cambia el sonido y se vuelve más grave. Durante la entrevista, Casado hace una pequeña demostración. Tapa la luz que recibe el dispositivo emulando el eclipse y el sonido cambia. Es una prueba nada compleja, pero sirve para entender que una persona que no puede ver el oscurecimiento podrá percibirlo de otra manera.

ASPACE ABRE SUS PUERTAS

La elección de Aspace tampoco fue casual. Revuelta conocía la zona y pensó que desde allí podía contemplarse el fenómeno. Mónica Blanco, directora del centro Aspace Navarra, recuerda la reacción cuando descubrieron que el fenómeno podía verse desde sus instalaciones: “No puede ser, ¿cómo es posible que algo tan maravilloso nos ocurra aquí?”. La prueba se realizó el 29 de abril, considerado el “día espejo”, momento en que el sol estuvo casi en el mismo punto que este próximo miércoles.

Para Aspace, además, abrir las puertas del centro tiene un significado especial. Su misión no se limita a atender a sus usuarios, sino también a “favorecer su participación en la sociedad”. El eclipse se convierte así en una oportunidad para compartir una actividad con todo tipo de personas.

PODER TOCAR EL CIELO

Poder tocar el cielo En las mesas estarán los tres protagonistas de la jornada: la Tierra, la Luna y el Sol. No son objetos decorativos: tienen relieve, texturas y ejes que permiten moverlos para comprender cómo se produce un eclipse de forma didáctica. Al hacer girar las piezas, se puede entender cómo la Luna acaba colocándose entre la Tierra y el Sol. Es una explicación sencilla de algo que, sobre el papel, puede resultar bastante más complicado. “Hace falta, por lo menos, una persona experta en la materia y que sepa explicarlo”, apunta Blanco. Porque el propósito, además de facilitar materiales didácticos, es realizar un acompañamiento didáctico durante el fenómeno.

El eclipse tendrá, por tanto, un narrador. Ignacio López Goñi ha preparado un guion científico e inclusivo de unas treinta páginas que servirá para ordenar las explicaciones en función de lo que vaya ocurriendo en el cielo. La actividad comenzará antes de que la Luna dé el primer “mordisquito” al Sol, a las siete de la tarde, y continuará siguiendo las diferentes fases del fenómeno hasta pasadas las diez de la noche.

Pero también habrá que mirar alrededor. Cuando la luz disminuya, puede cambiar la temperatura. El ambiente será diferente y los sonidos del entorno podrían transformarse. Los grillos, incluso, podrían comenzar a comportarse como si hubiera llegado la noche. “Experimentarlo con todos los sentidos”, resume Casado.

Para Marta Revuelta, tocar las reproducciones permite acercarse de una manera práctica a algo que normalmente se explica mediante imágenes. Si una persona no puede verlo, el relieve de los continentes, los cráteres de la Luna o el movimiento de las piezas pueden ayudarle a construir mentalmente aquello que está ocurriendo a millones de kilómetros. Y ahí aparece una de las claves del proyecto: la accesibilidad no consiste en sustituir la vista por el tacto o el sonido sino en ofrecer distintas “puertas de entrada” a una misma realidad.

CIENCIA "PARA TODOS"

Lo que empezó como una forma de hacer accesible un eclipse ha acabado planteando una pregunta más amplia: ¿por qué no explicar siempre las cosas de más de una manera?

En el centro de educación especial Virgen de Orreaga llevan semanas preparando a los alumnos. Han dibujado dos murales del fenómeno con botes de pintura y pinceles, además de pintar llaveros de colores y pancartas de bienvenida para todos los que acudan el miércoles a Aspace. Para Ana Valencia, directora del colegio, la diferencia está en que esta vez las adaptaciones no llegarán después: estarán pensadas desde el principio. “Se ha pensado en cada detalle y en las necesidades de cada usuario”, resume. Cada uno entiende el mundo a su manera. Hay quien necesita una imagen, quien prefiere leer, quien aprende con un esquema o quien necesita tocar para comprender. En resumen, defienden que ofrecer diferentes formas de acceder a una misma información no es una concesión, sino “una forma más completa de comunicar”.

El eclipse reúne ahora todas esas miradas: ciencia, divulgación, Aspace y profesionales de la educación especial y la accesibilidad. Una colaboración que busca que nadie tenga que esperar a una adaptación para poder participar.

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