Natación
El poder de nadar contra la mente
Nerea Barrena e Irati López, dos nadadoras del Club de Natación de Lagunak, comparten vestuario, calle y una historia de superación con un denominador común: "Lo más difícil de nadar es la cabeza"


Publicado el 29/09/2026 a las 05:00
Irati López Imas, de 23 años y natural de Pamplona dejó la natación en 2019 porque no sabía sufrir. Nerea Barrena Zudaire, también de Pamplona y de 27 años, llegó a pasar años sin mejorar sus tiempos después de las competiciones. Hoy, la primera ha vuelto al agua con una ilusión recuperada y la segunda es su entrenadora. Las dos comparten una misma certeza: en la natación, el rival más difícil está dentro de la cabeza.
Hay veces que para volver hay que marcharse primero. Irati López lo hizo. En 2019, con la natación convertida en una obligación, decidió dejarlo. Había empezado con tres años y a los 6 entró en el equipo de Lagunak . Compitió durante años, pero había algo que no sabía hacer: sufrir. “Cuando bajaba a entrenar y me tocaba sufrir, paraba. Era muy mental y yo no sabía controlarlo”, explica. Poco a poco, dejó de disfrutar. Seis años después, regresó. Primero, en los máster, con la intención casi inocente de hacer deporte. Tres entrenamientos por semana, sin demasiadas exigencias. Pero algo cambió. Empezó a cogerle el gusto, llegaron mejores tiempos y, casi sin darse cuenta, volvió a entrenar con los absolutos y a competir en todo lo que podía. “Yo soy una persona que no confía nada en sí misma. En las competiciones me pongo muy nerviosa y siento que no voy a aguantar”, cuenta.
En Ibiza se lanzó por primera vez a una travesía de dos kilómetros con más de 400 participantes. La sensación permanente de que no iba a terminar pesaba en su cabeza. “Pensaba que iba última hasta salí andando del agua”, explica. Sin esperárselo, acabó segunda. Aquel día entendió algo: quizá podía hacer más de lo que ella pensaba.
LO QUE NO SE VE DEBAJO DEL AGUA
Para entender la transformación de Irati hay que mirar a quien está al otro lado del bordillo. Nerea Barrena, también empezó de pequeña en la natación y tampoco parecía destinada a grandes cosas o eso decía ella. “En mi primera competición me salí del agua antes de tiempo porque pensaba que ya había terminado. Me doblaron todas en un 100”, recuerda entre risas. Pero siguió. A partir de los 13 años empezó a conseguir mínimas para los campeonatos vascos navarros y acudió a campeonatos de España con la selección navarra. Cuatro años después llegó el bloqueo. Entrenaba bien, pero los tiempos no bajaban. Una y otra vez. “Estuve entre cuatro y seis años sin bajar en una prueba. Entrenaba y no me salía. Acababa llorando todas las competiciones”, aseguraba. Sin embargo, no lo dejó. Ahí estuvo la clave: en la constancia. “En un entrenamiento, Sarai Pérez, mi entrenadora, le dijo a un compañero que me grabara porque sabía que iba a mejorar el tiempo y así fue, recuerda Barrena.
El bache había pasado, pero la nadadora también encontró la solución fuera del agua. Descubrió la psicología deportiva, profesión que ejerce en la actualidad. “Veía a los pacientes con problemas como los míos y me veía reflejada. Ahora ver cómo cambian y cómo mejoran es increíble”, explica. En la temporada 2024-2025, Barrena dio un paso grande en su carrera. En el Mundial Máster de Doha se colgó el bronce en los 200 metros de mariposa. “Lo conseguí en las últimas tres brazadas”, recuerda. Ahora Nerea es quien intenta trasladar todo ese aprendizaje a Irati. La relación es especial: entrenadora y nadadora, pero también amigas y compañeras. “El 70-80% de lo que he conseguido es gracias a ella”, confiesa Irati. Barrena, por su parte, disfruta nadar y entrenar a la vez. “Me veo reflejada en los niños que tienen esa ilusión en el agua”, señala. Ahora, ambas ya piensan en el futuro, concretamente en el Europeo de Budapest que se celebrará del 7 al 12 de diciembre.