Historia
La Pamplona perdida: El portal nuevo
Un repaso por lugares de la ciudad que fueron importantes en su día pero que desaparecieron hace no tanto. De ellos solo queda su recuerdo y alguna imagen


Publicado el 19/07/2026 a las 05:00
Cuando el visitante llega a Pamplona por la avenida de Guipúzcoa, lo primero que ve es el arco del Portal Nuevo, flanqueado por sus dos torres almenadas; una obra monumental, construida en 1950, que poco tiene que ver con el resto del conjunto de las murallas. Es por su fecha, el más moderno de los portales, pero el nombre de Nuevo no le viene por eso, sino que data de finales del siglo XVI cuando se empezó a llamar así el que se construyó por aquellos años en el lugar del que vemos hoy. En la muralla medieval del Burgo de San Cernin, que en esta zona formaba parte de la muralla exterior común a toda la ciudad, existía un portal llamado de Santa Engracia, del que partía el camino que conducía al monasterio del mismo nombre, de monjas clarisas, que hasta 1795 existió junto al puente llamado también de Santa Engracia, que todavía se conserva, en el barrio de la Rochapea. La localización de aquel antiguo portal vendría a coincidir con la actual plaza de la O.
Tras la construcción de la Ciudadela, iniciada en 1571, hubo que trazar una nueva muralla que incluyó dentro del recinto el campo de la Taconera, que antes era extramural. Entonces se construyó donde ahora está el Mirador, un nuevo baluarte, llamado de Gonzaga, que existió hasta 1925, año en que fue desmochado, enterrado y rellenado su foso hasta dejarlo al nivel del resto de los jardines, que se ampliaron hasta la actual piscina Larraina. Entre el nuevo baluarte y el ángulo de la muralla antigua, donde estaba el portal medieval, se trazó hacia 1580 un lienzo de muralla en el que se abrió uno nuevo, que vino a sustituir al antiguo, y por eso pasó a llamarse Portal Nuevo de Santa Engracia, nombre que con el tiempo se redujo al de Portal Nuevo. Existe una noticia publicada por el Dr. Arazuri, que dice que en 1583 quedó terminada la caseta del portalero, que era el encargado de cobrar el arbitrio municipal de los géneros “de comer, beber o arder”, que entraban en la ciudad.
Este portal, cuyo aspecto era similar al de una poterna, es el único de los seis que hubo cuya datación no es segura. Los de Francia y Rochapea lucían inscripciones con su fecha: 1553. Lo mismo ocurre con los de la Taconera y San Nicolás, de 1666. El de Tejería pude datarlo hace 50 años, gracias a dos documentos de 1644. Pero del Portal Nuevo sólo he podido reunir noticias algo confusas. Sabemos que cuando se reformó en 1906, para sustituirlo por una pasarela metálica, lucía en la cara posterior, mirando al interior de la ciudad, dos escudos labrados en piedra con las armas del virrey don Antonio de Velasco y Ayala, conde de Fuensalida, que lo fue entre 1676 y 1681. Por tanto, cabe deducir que habría sido en esos años cuando se reconstruyó el portal. Uno de esos escudos, junto a otro cuya procedencia desconozco, que luce en dos óvalos acolados las armas reales españolas y las lises de Francia, se puede ver aún, aunque muy desgastado, recolocado en la parte trasera del antiguo portal de San Nicolás, que desde 1929 sirve de entrada al paseo central de los jardines de la Taconera.
Este portal era el único que -al menos en el momento de su derribo- no ostentaba en su frontis el emblema de las armas reales españolas. Ello se pudo deber a que dicho escudo hubiera sido destruido en 1823. Ese año, que marca el final del trienio constitucional tras la sublevación de Riego en 1820, Pamplona, cuya guarnición seguía fiel a la causa liberal, sufrió un intenso bombardeo causado por la artillería de los Cien Mil Hijos de San Luis, un ejército que pasó de Francia para restablecer a Fernando VII como monarca absoluto. Una de las zonas que más intensamente sufrió los efectos de las bombas fue el Portal Nuevo, que a causa de ello permaneció cerrado durante casi tres años. El 13 de febrero de 1826, los diputados de los barrios de la parroquia de San Lorenzo solicitaron la reapertura del portal, cuyo cierre les causaba grandes perjuicios. El Ayuntamiento, estimando justa la petición, acordó elevarla al virrey, “ofreciendo la Ciudad costear las obras indispensables para que pueda habilitarse”. A la vista de esto último, Su Excelencia concedió al poco tiempo su autorización y, una vez reparado, el portal volvió a abrirse, con el austero aspecto que conservó hasta su derribo. Pudo ser en ese año, mientras duraban las obras, cuando se decidió pasar los dos escudos del virrey Fuensalida, que antes estarían en el frontis, a la cara trasera, la que daba al interior de la ciudad, y se perdió para siempre, supongo que por destrucción, el de la monarquía española, que se puede ver en los demás portales de las murallas de la plaza.
En los archivos militares de Madrid hay un proyecto del 25 de agosto de 1881, firmado por el teniente coronel de Ingenieros Arturo Castilla, para la instalación en este portal de una maniobra de Derché, con sus ruedas, resorte y contrapeso, como la que aún conserva el Portal de Francia, en sustitución del antiguo mecanismo de báscula. El plano, cuya referencia publiqué en 1989, tiene interés porque incluye el alzado de la puerta con la antigua disposición del puente levadizo accionado mediante palancas.
Ya nos hemos referido en otras ocasiones a la Real Orden de 14 de junio de 1905, que autorizó la ampliación de tres de los portales que se abrían en la muralla de Pamplona. En el caso del Portal Nuevo, la reforma consistió en derribar el angosto pasadizo abovedado que antes había, con sus puertas de entrada y salida, y colocar en su lugar una pasarela de hierro que duró hasta 1950. El proyecto fue obra del arquitecto municipal Julián Arteaga y lleva fecha de 29 de marzo de 1906. Las obras, a cargo del contratista Francisco Oreja, se iniciaron el 7 de mayo, duraron hasta noviembre y no se recibieron hasta el 5 de marzo de 1907. El importe total ascendió a 45.254 pesetas. El nuevo acceso tenía una anchura de 13 metros, frente a los 3´28 del paso antiguo.
Dado que el aspecto que presentaba el portal tras la reforma de 1906 no parecía digno de una ciudad como Pamplona, en 1949 el Ayuntamiento acordó reconstruirlo dándole un aire más monumental. Víctor Eúsa elaboró un proyecto historicista, sobre la base de un gran arco central flanqueado por dos torres almenadas, con miradores, todo ello en sillería gris. Las obras, a cargo de Construcciones Salanueva, se ejecutaron en 1950. Unos años después se acordó traer el antiguo escudo imperial de Carlos V que hasta 1914 decoraba la puerta principal del Portal de Rochapea, y que desde esa fecha estaba colocado en el muro que aún existe junto al corralillo de Santo Domingo. La iniciativa sirvió para conservar dicho escudo en un lugar digno y visible, pero hubiera estado bien colocar una inscripción explicativa, indicando el lugar de procedencia y la fecha de su recolocación.