Carlismo
Un misterio digno de Agatha Christie que revivió en Estella: el robo imposible del Toisón de Oro de Carlos VII
Una joya valorada en una fortuna, una habitación sin forzar y un círculo de confianza bajo sospecha. El caso fue recreado en 2018 en un 'escape room' del Museo del Carlismo de Estella


Publicado el 09/05/2026 a las 12:31
En 2018, el Museo del Carlismo propuso a sus visitantes algo poco habitual: no solo conocer la historia, sino vivirla desde dentro. Su apuesta fue un 'escape room' ambientado en uno de los episodios más enigmáticos del carlismo: la desaparición del Toisón de Oro de Carlos VII en un hotel de Milán en 1877.
El reto era intrigante: resolver, en un máximo de 40 minutos, el misterioso robo de una joya histórica en el que pudo ser el escenario del delito, una habitación del Hotel de la Ville de Milán. Los participantes se convertían en investigadores, analizando pistas, interrogando documentos y reconstruyendo los hechos para descubrir qué ocurrió realmente.
UNA HISTORIA REAL CONVERTIDA EN JUEGO
La experiencia partía de un caso histórico lleno de incógnitas. En una elegante habitación del Hotel de la Ville, una de las joyas más valiosas vinculadas al carlismo desapareció sin dejar rastro. El protagonista de esta historia es Carlos María de los Dolores de Borbón y Austria-Este, conocido como Carlos VII, pretendiente carlista al trono de España, quien apenas unos días antes había obtenido un valioso Toisón de Oro tras complejas negociaciones en Viena.
La pieza, tasada en unas 85.000 pesetas de la época, había sido entregada al pretendiente por el archiduque Carlos Luis de Austria como parte de una herencia familiar. Tras su adquisición, Carlos VII emprendió un viaje por Europa que le llevó desde Gänz hasta Italia, con paradas en Venecia y finalmente Milán.
El día del robo, tras una comida con el conde Galvani, Carlos VII pidió a su camarero de confianza, Francisco Lorenzo Arbulo, que trajera el Toisón para mostrárselo. Sin embargo, Lorenzo regresó con una noticia desconcertante: la joya había desaparecido.
El caso parecía imposible. El Toisón se guardaba dentro de un estuche cerrado, introducido a su vez en una cartera de viaje con llave. Según Lorenzo, nunca se separaba de esas llaves y extremaba las precauciones: en los trayectos incluso ataba la cartera a su propio cuerpo. Además, ni el estuche, ni la cartera, ni el mueble donde se guardaba en el hotel presentaban señales de haber sido forzados. Más extraño aún: junto a la joya había una importante suma de dinero que permanecía intacta.
SOSPECHAS Y SILENCIOS
La denuncia fue presentada ante la policía, pero con detalles que levantaron sospechas. Carlos VII no acusó ni al hotel ni a sus empleados, algo inusual en este tipo de casos. Tampoco incluyó como testigo a uno de sus hombres de máxima confianza, el militar Carlos González Boet, pese a haber estado presente durante todo el viaje. Mientras tanto, la noticia se extendió rápidamente por Europa.
UN GIRO INESPERADO
Semanas después, las sospechas comenzaron a centrarse en Boet. Su situación económica era precaria y, de forma discreta, su esposa empezó a vender diamantes a joyeros en Bayona. El sector no tardó en sospechar: aquellas piedras podían pertenecer al Toisón desaparecido.
La presión creció hasta que, el 10 de marzo de 1878, Boet envió a Carlos VII un paquete con diamantes, reconociendo implícitamente su relación con la joya. Sin embargo, el caso dio un giro aún más sorprendente cuando, tras entregarse en Roma, Boet difundió un manifiesto con una acusación explosiva: según él, el robo había sido ideado por el propio Carlos VII.
¿ROBO O CONSPIRACIÓN?
En su declaración, Boet aseguró que la familia del pretendiente atravesaba graves dificultades económicas y que el supuesto robo no era más que una estrategia para vender la joya y saldar deudas. La acusación sacudió la opinión pública europea y dejó el caso envuelto en una sombra de duda que nunca llegó a disiparse por completo.
A día de hoy, el misterio del Toisón de Oro sigue sin resolverse definitivamente, pero no ha caído en el olvido -gracias a iniciativas como la que tuvo el Museo del Carlismo- e incluso se puede rastrear su pista en célebres obras literarias como el 'Beau Geste' de Percival Christopher Wren, que plantea la imposible desaparición de un valiosísimo zafiro saldada sin acusaciones a los principales sospechosos.

