Arte

Para la artista Elena Asins, el paraíso estaba en Azpiroz

Elena Asins (Madrid, 1940-Azpiroz, 2015) fue una rara avis en el mundo del arte. Pionera del arte computacional en España, en los años 90 se instaló en pleno valle de Larraun

Fallece Elena Asins, artista experimental afincada en Navarra
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Elena Asisn, en su casa de Azpiroz en 2011JAVIER SESMA
Fallece Elena Asins, artista experimental afincada en Navarra

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Ion Stegmeier

Publicado el 30/01/2026 a las 05:00

Elena Asins era madrileña de nacimiento pero tras pasar por Nueva York, París o Stuttgart en diferentes etapas de su vida acabó instalándose en el valle de Larraun en busca de concentración. En Azpiroz se compró un caserón de piedra que por fuera parecía medieval pero por dentro tenía ascensor, estaba enmoquetado y lleno de libros y ordenadores. Para ella el paisaje era fundamental. El campo. El silencio. El recogimiento. La soledad elegida. Allí pasó sus últimos 22 años de vida, y allí fue enterrada en 2015.

Bautizó aquella gran borda Luzeketako, una mención al espacio alargado que era y que se alzaba tres plantas sobre el suelo. “Ella hablaba mucho de esa simbología del euskera, de la carga telúrica que tenía el propio idioma, como algo arcaico a la hora de mencionar los lugares”, explica Miguel López-Remiro. “Llegabas a pensar que ella podía ser de allí, constantemente hablaba de Luzeketako como el lugar”, añade.

“Ella entendía el arte como algo muy flexible y orgánico, algo no científico, algo que tiene que ver con la vivencia y con el tiempo”, añade López-Remiro.

Asins fue una artista, escritora y crítica de arte totalmente independiente y ajena a las modas. En 1967 tuvo la oportunidad de conocer el Centro de Cálculo, en la actual Universidad Complutense, donde se instaló un potente ordenador que se utilizó para la investigación arquitectónica, la música o las artes plásticas.

Aquel año en el que en España se veían los primeros bikinis, en Navarra se autorizaba la enseñanza del euskera en las escuelas y Raphael concursaba en Eurovisión, Asins quedó fascinada por el Computer Art o Arte Computacional. Fue la única. “Me ordenó el cerebro, lo que era superfluo, lo que era necesario, lo que había que poner o quitar”, decía en una entrevista de 2011.

Estudió Bellas Artes en París, semiótica con Max Bense en la Universidad de Stuttgart, arte computacional en la Universidad de Columbia (Nueva York) —recomendada por Noam Chomsky— y participó en los seminarios del Centro de Cálculo.

Su obra fue pionera en el uso de computación y algoritmos muchas décadas antes de que este concepto se generalizara. Asins hacía obras en formatos bidimensionales, tridimensionales y audiovisuales.

Su obra forma parte de importantes colecciones públicas y museos, entre ellos el Reina Sofía, el IVAM, el Museo de Arte Abstracto Español de Cuenca, el Bellas Artes de Bilbao, el Spanish Institute de Nueva York y el Kulturbörherde de Hamburgo. Realizó más de 40 exposiciones individuales y participó en numerosas muestras colectivas en España, Alemania, Japón, Austria y Suiza.

El reconocimiento le llegó algo tarde. El exdirector del Reina Sofía, Manuel Borja-Villel, decía que Asins no era una artista marginal, sino una artista al margen. En 2011 recibió el Premio Nacional de Artes Plásticas “por la coherencia de su trayectoria y la vitalidad, complejidad y variedad de un trabajo vinculado con la vanguardia”.

También fue galardonada con la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes (2006) y recibió becas de instituciones como la Fundación Juan March y el Ministerio de Cultura.

Además, desarrolló una intensa labor teórica en poesía concreta y estética experimental, impartiendo conferencias y talleres en universidades y centros de Europa y Estados Unidos.

La figura de Elena Asins ocupa hoy un lugar singular en el arte contemporáneo español. “Mi ideal es que mi trabajo, aunque está en el mundo, no esté en este mundo, sino en un mundo creado por mí en el que la perfección, la lógica y la matemática estén presentes”, explicaba.

La idea de la trascendencia le atraía mucho. Visitó las cuevas de Sara, le entusiasmaban los megalitos y los cromlechs. Tres meses después de su muerte el Museo de Navarra le rindió un homenaje y poco después el Museo Universidad de Navarra inauguró 'Menhires', la exposición en la que trabajaba cuando falleció.

Capi Corrales Rodrigáñez recopiló material sobre Asins durante casi dos años para escribir un libro. Una noche se le apareció la artista en sueños y le dijo: “¡Que te he dicho que no quiero que me expliques!”. El libro, editado por el Museo Universidad de Navarra, adquirió así su título.

“Todas sus esculturas eran maquetas de los universos en los que a ella le gustaba vivir, obras que se construía en su cabeza y las habitaba”, apunta Capi Corrales.

La casa, sede de residencias artísticas

Elena Asins tuvo una relación especial con el museo Reina Sofía de Madrid. Cuando murió, nombró al museo heredero universal de su patrimonio, y así se encontró éste no solo con toda su obra, en cuya catalogación sigue trabajando, sino también con dos coches, una cuenta bancaria con pocos activos, según explicó Carlos Urroz, director de Gabinete Institucional del Reina Sofía, y la casa de Azpiroz, que sigue tal y como la dejó. “Es un sitio maravilloso en la que nos gustaría hacer residencias artísticas en colaboración con las instituciones navarras”, dijo Urroz.

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