Concierto
La épica de Mikel Izal en el Navarra Arena
Cerca de 6.000 personas se dieron cita para asistir al primero de los últimos siete conciertos del artista navarro, dentro de la gira ‘El miedo y el paraíso’


Publicado el 18/01/2026 a las 05:00
Merino actuó como telonero cuando todavía Osasuna se la jugaba desde el vecino estadio de El Sadar partiéndose el alma contra el Oviedo y, efectivamente, en la salida hubo el previsible follón de entradas y salidas de vehículos: los que accedían a las inmediaciones del Navarra Arena y los que abandonaban El Sadar.
“Es un placer poder actuar en la ciudad que me ha visto nacer y además puedo disfrutar de la presencia de cerca de 25 familiares en la pista y en las gradas y vosotros, claro”, saludó Mikel Izal después de la primera canción.
La primera parte del concierto, titulada El miedo, se ambientó con una iluminación en espectaculares y estroboscópicos colores rojos y blancos e imágenes de meteoritos dando vueltas, un reflejo de los miedos que uno tiene y le condicionan. Pero Izal quería que fuera una noche de Magia y efectos especiales y a continuación ofreció la canción con ese título, uno de sus grandes éxitos . El sonido no terminaba de convencer por su exceso de graves y en general faltaba bastante brillo. Con el tema La despedida ya hubo imágenes en la pantalla central de vídeo que no estaban tiznadas de ese rojo dominante que sí se mantenía en las dos grandes pantallas laterales. Izal interpretaba con ese punto lisérgico, emocional y afectado que aún crecía más en la temática de estas canciones.
La segunda parte del concierto comenzó con el título de El grito. El color rojo cambió por el azul y fue el momento de El grito. Al terminar la canción se proyectó el mensaje de dos asistentes al concierto que se lo habían enviado previamente a Mikel. Una de ellas era su prima, que asistía al concierto con su madre, que justo acababa de pasar una leucemia. “Mamá, gracias por todo lo que me has enseñado”. Momentos de pura emocionalidad en los que Mikel comentó: “Aquí en el norte somos menos dados a expresar nuestras emociones, somos más reservados”. A continuación, embebido en el azul dominante y con el sentido de la base rítmica latina y el piano mandando en el acompañamiento, interpretó La huida.
Seis cañones a bordo del escenario lanzaron sus chorros de chispas para acompañar al tema Inercia. Las imágenes de la pantalla que cubría el fondo de escenario también rozaban la espectacularidad luciendo motivos de la naturaleza “enfadada”: se veían huracanes, olas y la mar enbravecida, rayos de una brutal noche eléctrica... Siempre apelando a la épica. Eran los momentos de las canciones Pausa y Rabia.
El momento más electro y funkero llegó con El pozo. La realización audiovisual iba mostrando imágenes del concierto, aplicando unos efectos visuales con mucho sabor ochentero, en blanco y negro, y dejando solo el dibujado de la siluetas. El concepto del concierto, dividido en capítulos, pasó del azul al verde. Ciertamente quedaba espectacular ese triángulo de luz verde al fondo de la estructura escénica en forma de puente que estaba por encima de la línea de músicos y en la que a lo largo el concierto Mikel se había ido subiendo en diferentes momentos.
A su espalda, las luciérnagas se movían en un paisaje bonito y muy simbólico con árboles que se mecían en un viento nocturno. El siguiente tema que interpretó fue La fe. Mikel tenía ganas de hablar y se remontó a aquellos comienzos (entre 2005 y 2008) en los que componía sus primeras canciones y en los que tocaba en sitios pequeñísimos, incluso hasta en salones de casas de sus amigos. Mientras comentaba esto, los técnicos colocaron un pequeño set con sillas y mesas bajas, dando una sensación muy hogareña para poder reproducir aquellos momentos que fueron mágicos en la vida de Mikel. Fue un momento intimista en tonos naranjas. En formato acústico, Mikel y sus músicos interpretaron Meiuqér.
A continuación Mikel comentó que siempre le había preocupado a conocer la verdad de cada persona en estos tiempos en los que ya no se puede creer ni en lo que ves ni en lo que oyes de cómo está manipulado. Así fue como comenzó la interpretación de La verdad. Siguió con El presente, canción en la que hizo sonar como invitado al viento que se cuela a través de la persiana que tiene en una casita frente al mar, donde hace mucho tiempo compone canciones.
A continuación interpretó, también en acústico y ya de pie, rodeado de sus músicos, un fragmento de Eco, que hacía más de 12 años que no la tocaba en los conciertos de directo.
Volvió el espacio para el sonido eléctrico y debajo de una luz cenital blanca y muy intensa, Mikel cantó Pequeña gran revolución. La siguiente que interpretaron -con una espectacular puesta en escena para retratar la vida en el espacio dentro de un astronave- fue La increíble historia del hombre que podía volar pero no sabía cómo.
El baile se la dedicó a todos sus técnicos -los nombró a todos de corrido y crean que fue una lista larga-, “que me hacen la vida mucho más fácil”. Y así fue lanzando este tema pleno de energía que buena parte de la gente se puso a bailar también en las gradas y no solo en la pista. Mikel les pedía mover el brazo de izquierda a derecha, con energía, y el respetable respondió. Después de presentar una imagen a su perra Paquita, a la que rescató de un criadero ilegal, dio paso al capítulo 4 del concierto, El paraíso. Y así comenzó a interpretar Qué bien. Un paisaje de soles y flores tomaron como motivos alegóricos toda la pantalla de fondo de escenario. Todo el público del Arena ya bailaba a los sones de la canción. La tensión sonora iba para arriba definitamente. Bailaba hasta el apuntador. El temazo Copacabana hizo la fiesta.
Mikel se despojó de la guitarra y avanzó por la pasarela corta desde el escenario para comenzar la interpretación de Paraíso. Las imágenes de los meteoritos y de las estrellas que se dirigían hacia el público a toda velocidad tomaron de nuevo el fondo del escenario. Los cañones lanzaban sus chorros hacia el cielo y Mikel comentaba que el viaje que había comenzado con miedo terminaba en el paraíso.
Y dio las gracias a su Iruña natal, con el sonido de despedida de una canción de Robe Iniesta...