Rodajes en Navarra
Entre niebla y misterio: 'El guardián invisible' trasladó a la pantalla el alma de Baztan
La adaptación cinematográfica de la primera entrega de la exitosa Trilogía del Baztan de Dolores Redondo se rodó en Navarra en 2016


Publicado el 15/01/2026 a las 05:00
El valle del Baztan se convirtió en 2016 en el telón de fondo de 'El guardián invisible', la primera entrega de la exitosa Trilogía del Baztan, escrita por Dolores Redondo y llevada al cine por el director navarro Fernando González Molina. La producción, rodada en gran parte en Navarra, dejó una huella profunda tanto en la industria audiovisual local como en el turismo de la zona.
El rodaje comenzó en marzo de 2016 y se prolongó durante nueve intensas semanas entre Navarra y Madrid. Las condiciones meteorológicas del valle jugaron a favor de la historia, aportando realismo a la atmósfera oscura y misteriosa que define la trama. "El clima fue nuestro mejor aliado para retratar la esencia del Baztan", reconoció el propio González Molina en entrevistas posteriores.
ELIZONDO, CORAZÓN DEL RELATO
Elizondo, capital del valle, fue el epicentro del rodaje. Sus calles, el puente y la presa de Txokoto, la panificadora Baztanesa y el cementerio del pueblo se transformaron en escenarios cinematográficos reconocibles por los miles de lectores de la saga. También se filmaron secuencias en Lesaka, Urdax, Urrotz -con el embalse de Leurtza- y el Señorío de Bértiz, todos ellos enclaves que aportan autenticidad al relato.
La elección de estos lugares no fue casual. "El Baztan es un personaje más", comentó la escritora Dolores Redondo, subrayando el peso simbólico y emocional del entorno en su obra.
'El guardián invisible' fue una producción de Atresmedia Cine y Nostromo Pictures, en colaboración con ZDF/Arte, y contó con el apoyo de la Navarra Film Commission, que facilitó la logística y la promoción del rodaje. Esta colaboración impulsó el posicionamiento de Navarra como un territorio atractivo para el cine, consolidando una tendencia que tuvo su pico en los años posteriores.
El impacto económico y social del rodaje fue notable. Comercios locales, alojamientos y servicios del valle se vieron beneficiados por la presencia del equipo técnico y artístico, y, tras el estreno, Elizondo experimentó un incremento del turismo gracias a los seguidores de la saga, que acuden a recorrer los escenarios reales del filme.
Hoy, las rutas temáticas inspiradas en la película permiten revivir los lugares donde se filmaron las escenas más emblemáticas. Desde el puente de Txokoto hasta los senderos del Bértiz, los visitantes pueden sumergirse en una experiencia que combina literatura, cine y paisaje.