Navarra hace un siglo
Érase una vez la Pamplona de 1926
El autor hace un recorrido por las actas del Ayuntamiento de aquel año y se detiene en las noticias de Diario de Navarra de ese 1 de enero


Actualizado el 31/12/2025 a las 15:30
Me gustaría invitarles a hacer un viaje en el tiempo. Concretamente a dar un salto a la Pamplona de 1926 de la mano de las actas municipales del Ayuntamiento, las cuales nos van a permitir conocer los sucesos más destacados que ocurrieron ese año en nuestra querida ciudad. Y para acabar será el Diario de Navarra de aquel 1 de enero quien nos pondrá la guinda en el pastel, pues nos dará a conocer algunas noticias muy curiosas. Adelante pues. Damas y caballeros, pasen y lean.
El 14 de enero fue la primera junta municipal, cuya acta comenzaba presentando un “informe de la Comisión de Ensanche relacionado con el expediente del segundo concurso celebrado para el suministro de energía eléctrica con destino al alumbrado del nuevo Ensanche, Plaza Constitución y Paseo de Sarasate”. Se refiere al que se terminará llamando Segundo Ensanche, tan buscado y peleado por muchos pamploneses y que por fin vio la luz en 1915, librándose así de ese corsé de piedra que les constreñía y que tanto deseaban arrancarse. La Plaza Constitución no es otra que la actual “del Castillo”. Y es que, producto de una ajetreada historia de cambio de nomenclatura, por aquel entonces era conocida como “de la Constitución”, concretamente desde el 29 de diciembre de 1874, cuando en pleno bloqueo carlista llegó a Pamplona la noticia de la coronación del rey Alfonso XII. Se le llamará así hasta el 10 de junio de 1931, fecha en la que volvió a tener el nombre que hoy conocemos.
El 15 de enero se debatió sobre la construcción de una nueva casa consistorial, debido a que, según opinaban sus moradores, aquel emblemático caserón levantado en 1752 se había quedado viejo. No será entonces cuando metan el pico y la pala al edificio, pues habrá que esperar hasta 1952 para que sus ocupantes disfrutasen del olor a nuevo en el interior, pero con el buen gusto de haber respetado al menos la maravillosa fachada barroca.
Ese mismo día se señala también una “moción del Concejal D. Joaquín Canalejo relacionada con el traslado al Hospital de la Casa de Socorro”. Fue unos cuantos años antes, concretamente en 1916, cuando los médicos municipales de la Beneficencia redactaron un informe para el señor alcalde, con el objetivo de animar a la construcción de un establecimiento dedicado a la asistencia de enfermos agudos y a la curación de heridos. La llamada Casa de Socorro buscaba poner a Pamplona a la misma altura que otras ciudades españolas en relación a la calidad sanitaria. Lamentablemente no tuvieron éxito en la empresa y habrá que esperar hasta 1924 para que surgiese una nueva propuesta. Su primera ubicación fue en el local de la Casa de Misericordia, en el Paseo Sarasate. Aprovechando que ese mismo año sus asilados iban a ser trasladados a los nuevos pabellones del Hospital de Barañáin, decidieron que sería buen lugar para la creación de la Casa de Socorro. Cabe señalar que no prosperó la sugerencia de reubicación de ese año de 1926 y que será en 1931 cuando cambiará de emplazamiento, pasando a la calle Alhóndiga Nº 4.
La modernidad llamaba con insistencia a esa Pamplona de los felices años veinte y en aquella junta del 15 de enero también se trató la “instalación de una Estación Central de automóviles en la manzana nº 13 del Nuevo Ensanche”. Atrás quedaban los tiempos en los que ver un automóvil causaba autentico asombro. Pero lo cierto es que tampoco había que tirar demasiado de memoria para darse cuenta cómo había evolucionado el mundo del motor. Seguro que muchos aún recordarían el cartel que había instalado en la entrada del rejuvenecido portal de la Taconera en 1907, donde se señalaba que los automóviles debían de circular a una velocidad máxima de 10 kilómetros por hora.
Con los mismos aires de innovación se trató también “la ampliación a todo el casco de la población de la red de alumbrado público que se está construyendo en el Ensanche”. Si el bueno de Salvador Pinaquy levantase la cabeza, de seguro que se asombraría de todos los cambios que se estaban realizando en su querida ciudad. Al hilo de esto, también se habló sobre la “construcción de una caseta para un transformador de la red de alumbrado público en el Kiosko de la Plaza de la Constitución”. Ojo, no hacen referencia al que hoy conocemos, que se hizo en 1943, sino a uno anterior de madera que ocupó el centro de la plaza desde 1910.
Dejamos los meses de enero y de febrero, donde sólo hubo una reunión sin mayor trascendencia, y llegamos así al 8 de abril, fecha en la que se tocaron numerosos temas diversos y muy curiosos. Así, se destinaron 40.000 pesetas para la construcción de un edificio escolar en el barrio de la Magdalena. Además, el concejal D. Joaquín Canalejo estuvo esa jornada especialmente activo, pues propuso la “construcción de un Stadium para educación física”, “la instalación de una cámara frigorífica” y algo que de seguro hizo sonreír desde el cielo a Lucas Iguzquiza, aquel fabricante de jabón que tanto luchó por las lavanderas a finales del siglo XIX: “la construcción de un lavadero municipal”.
Pero la reunión aún tuvo más, porque se nombró “Hijos Adoptivos de Pamplona a los Señores Don Julio Ruiz de Alda y Don Pablo Rada”, puesto que estos dos navarros, de Estella y Caparroso respectivamente, habían participado en la hazaña aeronáutica del Plus Ultra, realizando el primer vuelo de la historia entre España y Sudamérica. Partieron el 22 de enero de 1926 desde Palos de la Frontera (Huelva) y aterrizaron en Buenos Aires el 11 de febrero del mismo año.
Dando un salto hasta el 18 de junio llegamos a un proyecto que buscaba solucionar el problema de la vivienda de la clase trabajadora más humilde. Ese día encontramos una “instancia de D. Andrés Gorricho y proyecto del mismo para la construcción de 62 habitaciones económicas en la manzana 36 del Ensanche”. Es que desde inicios de siglo Pamplona había experimentado un crecimiento demográfico destacable y por ello existía una importante demanda de vivienda para la gente de “a pie”. Esto dio lugar a que en 1917 se creara la Junta de Fomento y mejora de habitaciones baratas. Es entonces cuando el citado Andrés Gorricho junto con el arquitecto José Yárnoz, presentaron el emblemático proyecto de vivienda social, popularmente conocidas como Casas del Grupo Gorricho, las cuales fueron un éxito y de larga proyección en la historia del Segundo Ensanche pamplonés.
No habrá más sesiones hasta octubre, en las cuales no hay nada que destacar. Pero nos vamos a detener en la del 11 de noviembre, dado que nuestros viejos regidores tomaron una decisión de peso al abordar el tema de “si se debe ofrecer la finca Hospital de Barañáin al Estado”. Tras el debate fue aprobada la cesión en esa misma reunión y gracias a ello se instaló la primera Residencia de Ciegos del Patronato Nacional, hecho que reactivó de nuevo el proyecto de creación de una gran y moderna área hospitalaria que llevaba metido en un cajón casi 15 años. Así se iniciaron de nuevo las obras que culminarían con el actual Complejo Hospitalario de Navarra.
EL DIARIO DEL 1 DE ENERO
El año político terminó el 20 de diciembre con una última sesión carente de interés, con lo que asomémonos ahora a lo que se publicó el 1 de enero en Diario de Navarra. Ese primer viernes de 1926 amaneció lluvioso y se esperaba una temperatura máxima a la una de la tarde de 12° y una mínima de 8° a las doce de la noche.
También se informaba de que el alcalde publicaría al día siguiente un bando anunciando la expedición de patentes de vehículos y de caballerías para ese año. Está visto que aún les quedaba vida a los tradicionales trasportes con animales, pero terminarían por dejar sitio al moderno motor, ya que como contaba Iribarren en uno de sus libros, “no hacían fiemo”.
Contaba también el Diario que la Hermandad de la Pasión publicó un escrito señalando: “Se acordó indicar a la Junta de la Hermandad de Labradores haberse acordado que el nuevo Paso de la Entrada de Jesús en Jerusalén sea llevado sobre camión en la imposibilidad de conducirlo en hombros por su enorme peso”. Este paso de 847 kg se encargó en 1924 al escultor pamplonés Ramón Arcaya y costó 11.000 pesetas.
No quisiera terminar esta pequeña mirada hacia la Pamplona de hace 100 años sin traerles, de la mano de Diario de Navarra de ese día, un texto del estilo de lo que hoy conocemos como “Cartas al Director”, que por su sencillez y por el contenido nos hace viajar a otra ciudad ya “casi” desaparecida. Verán ustedes. Dice así: “Vamos a formular ante quien corresponda una petición que por su extrema sencillez esperamos fundamentalmente sea atendida. Desde la iglesia parroquial de San Lorenzo hasta el portal de la Taconera no hay, salvo el paso de asfalto que conduce a la calle de las Navas de Tolosa, por el que se da un gran rodeo, una acera por la que el vecino más el de extramuros que el de la ciudad, pueda transitar decentemente sin encharcarse. Hay, si, bajo los árboles una estrecha acera de losas pero tan desiguales, tan desniveladas, que hacen más difícil, imposible, el tránsito por los muchos baches que forman. Y preguntamos: ¿Tanto costaría al Ayuntamiento tender en el extremo de los dos andenes de los Jardines, del Bosquecillo, bajo los árboles, una acera más ancha, bien de losas, bien de asfalto, que sea transitable? Porque es indispensable.”
Ah, y una última cosa más: Deportes. Sección “Foot-ball”. A las 15h del 1 de enero jugó en el campo de San Juan Osasuna contra el Club Esperanza. Ganaron los rojillos 6 a 0. Empezaron bien el año.